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A las urnas, 10.5 millones; prevé IEEM sólo 40% de votantes

En Edomex, a prueba la maquinaria electoral del tricolor para el 2012
Corresponsal y enviado
Periódico La Jornada
Domingo 3 de julio de 2011, p. 8

Toluca, Méx., 2 de julio. Considerados como comicios clave en la carrera hacia la Presidencia de la República, las elecciones del estado de México comenzaron para el PRI y su gobernador, Enrique Peña Nieto, desde 2009, cuando se renovaron las alcaldías en la entidad, que pasó entonces de ser tripartita, con el corredor azul en el poniente del Valle de México y el cinturón amarillo en el oriente, a ser tricolor. El PRI gobierna ahora los 10 municipios más poblados (8 de ellos anteriormente en manos de la oposición) y que concentran 54 por ciento del padrón electoral.

Desde el gobierno estatal y los municipales, el priísmo controla la operación de los programas sociales, cuyo presupuesto para este año electoral aumentó 150 por ciento, con el aval del Congreso. En la actualidad, el PRI es gobierno en 97 de los 125 municipios incluidos Ecatepec, Nezahualcóyotl, Naucalpan, Tlalnepantla, Toluca, Atizapán, Cuautitlán Izcalli, Tultitlán, Chimalhuacán e Ixtapaluca. Salvo estos dos últimos, todos los gobernaba la oposición.

Tal es la radiografía municipal del estado más poblado del país (15 millones de habitantes) y que concentra al mayor electorado con 10.5 millones, esto es, 13.85 por ciento del padrón nacional. Las dimensiones se reflejan en que los votantes son casi equivalentes a la suma de 12 estados: Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Colima, Durango, Nayarit, Quintana Roo, Querétaro, Morelos, Yucatán, Tlaxcala y Zacatecas.

Comparativamente, en el ámbito internacional, el padrón mexiquense es superior al de Costa Rica, Honduras, Uruguay, Nicaragua y Panamá juntos. Paradójicamente, la mayor parte de los votantes no son originarios de esta entidad, atractiva para la migración; de 10.5 millones de votantes, 5.7 no nacieron en el estado de México.

La concentración poblacional tiene su máxima expresión en Ecatepec, tierra del candidato de la coalición Unidos por Ti, Eruviel Ávila. El padrón electoral de este municipio –1.2 millones de ciudadanos– es superior al que tienen nueve estados.

Pese a ello, el estado de México no se caracteriza por una alta participación ciudadana. En las dos pasadas elecciones de gobernador, sufragó menos de la mitad de ciudadanos: en 1999, cuando se eligió a Arturo Montiel, participó el 46.9 por ciento del padrón, y en 2005, cuando ganó Peña Nieto, el porcentaje descendió a 42.7 por ciento.

El abstencionismo es una preocupación del Instituto Electoral del Estado de México, pues en el seno del organismo el PAN sostuvo que, conforme a sondeos de opinión, las proyecciones del voto serán de 40 por ciento. 

Comicios en dos tiempos

Las elecciones municipales de 2009 han sido clave en la estrategia electoral para renovar la candidatura al gobierno estatal. En 2009, 87 de los 125 municipios cambiaron de partido, lo que equivale a 70 por ciento del total, y en su enorme mayoría votaron por el PRI.

La estrategia de dividir a la oposición desde el gobierno mexiquense, acelerando las disputas internas, principalmente en la izquierda, permitió al PRI revertir la tendencia histórica del pasado reciente. Municipios densamente poblados como Nezahualcóyotl, Naucalpan, Tlanepantla, Atizapán y Cuautitlán Izcalli pasaron al PRI tras casi 15 años de ser gobernados por la oposición.

En esa estrategia, el PRI se apoyó en una de las figuras que entonces permitía la legislación: la candidatura común. Apoyado en sus aliados, el Verde Ecologista y Nueva Alianza obtuvo gran parte de alcaldías y la mayoría del Congreso local.

A la operación electoral, el gobierno mexiquense activó otra de orden legislativo: una reforma electoral que canceló las candidaturas comunes para abortar cualquier posibilidad de que PAN y PRD utilicen la figura para postular un aspirante común. A la oposición sólo le quedaría la ruta, desechada con el tiempo, de buscar la alianza electoral.

Con el apoyo de su mayoría en el Congreso, se avaló un presupuesto que permitió a Peña Nieto un despliegue en sus programas sociales para este año electoral, pues en este rubro la partida asignada pasó de mil millones a 2 mil 500 millones de pesos. Al incremento sustancial de los programas se añadió la entrega importante de obra pública en el periodo, con gran despliegue publicitario.

En paralelo, el tricolor impulsó el rescate de su identidad como eje aglutinador de su base militante, lo que tiene un reflejo  en los 400 mil promotores del voto que ha desplegado.

Mientras la maquinaria gubernamental priísta operaba, en la izquierda se hicieron esfuerzos para reunificar a PRD, PT y Convergencia, los que dos años antes se confrontaron por el pirateo de candidatos. Durante seis meses Alejandro Encinas buscó cohesionar a las fuerzas progresistas. Muchas se unieron, pero otras más simularon la cohesión.

El PAN, prácticamente desmantelado luego de que les arrebataron el corredor azul, apostó todo su capital a formar una alianza con el PRD, pero fracasó, y así  tuvo que recurrir a improvisar un candidato mandado por la Presidencia de la República, Luis Felipe Bravo Mena, quien desde hace más de una década no había hecho trabajo en el estado, carecía de identidad entre la base militante, cosa que se reflejó en la campaña. Bravo Mena hizo campaña sin apoyo de la militancia.