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México perdió el rumbo hace 30 años

El régimen impositivo de Pemex, francamente para acabarla

Académico y funcionario de amplia trayectoria, el galardonado expresa: se ha abandonado el esfuerzo por mantener e incrementar las capacidades de las ingenierías; dos casos muy evidentes son la civil y la petrolera

 
Periódico La Jornada
Sábado 28 de mayo de 2011, p. 25

Desde hace 30 años el país extravió el rumbo con la ausencia de un plan estratégico integral y de largo plazo, aseguró Daniel Reséndiz Núñez, galardonado recientemente con el Premio Nacional de Ingeniería por la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México.

Académico y funcionario de larga trayectoria, Reséndiz Núñez afirma: Alguna vez tuvimos capacidades mayores, por ejemplo en las ingenierías civil y petrolera, pero ahora los cuerpos técnicos de la administración pública especializados en esos y otros temas se han reducido o degradado, y en algunos casos desaparecido.

Explica que ese es el caso de Petróleos Mexicanos (Pemex), que empezó a utilizarse como la empresa generadora de ingresos fiscales para mantener operando distintas áreas que el Estado necesitaba, pero se sacrificó a la paraestatal.

El también ex subdirector técnico y de programación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) aseguró: El régimen impositivo a que ha estado sujeto Pemex es francamente para acabarla. Ahora, agrega, se pretende lanzar una segunda ronda de reformas energéticas mediante la aplicación de contratos de riesgo, los cuales han sido cuestionados por gran número de destacados juristas. Pero la pregunta es: ¿De dónde saldrán los cuantiosos recursos que aporta Pemex a las finanzas públicas?

En entrevista, el también ex director de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, con moderado optimismo, considera que la ciudadanía, responsable última del destino nacional, es la única que puede exigir a partidos, legisladores, Poder Judicial y gobiernos que cumplan con las cosas que van a determinar el futuro del país. Es nuestra responsabilidad elegir gobiernos que puedan hacer lo que necesitamos y exigirles. Nuestro voto es un instrumento poderoso para enderezar las cosas en el país.

Una vez electo el gobierno, subraya, no tenemos que aplaudir complacientemente todo lo que haga. Si hay algo que nos parece que se tiene que cambiar en las políticas públicas, lo tenemos que expresar abiertamente. Insiste: Es la ciudadanía la que tiene que cambiar el país. Debemos elegir legisladores y gobiernos que nos cumplan.

–¿Cuál es el diagnóstico de la ingeniería mexicana en este momento? ¿Dónde estamos?

–La ingeniería sigue teniendo en México cuadros importantes, buenos profesionales, nueva gente que está en proceso de formación, tanto en la escuela como en la etapa temprana y en la práctica profesional. Tengo esperanza en que a partir de esas capacidades, que ha conservado la ingeniería nacional, pueda renacer más fuerte de lo que alguna vez estuvo.

“Pero el hecho es que en los pasados 30 años sí ha habido cierto abandono nacional del esfuerzo por mantener e incrementar sus capacidades en todas las ingenierías; dos casos muy concretos y muy evidentes son la ingeniería civil y la petrolera.

“En la civil numerosas empresas mexicanas, tanto en el campo del diseño y la asesoría, como en el campo de la construcción, dominaron el mercado mexicano y el latinoamericano, y comenzaron a participar en otros continentes.

“Pero a partir de la crisis de 1982 se vino abajo, porque el financiamiento que las empresas de la construcción necesitan para competir en los mercados internacionales se encareció.

Otras naciones con visión estratégica, de más largo plazo, apoyaron a sus empresas y eso dio lugar a que perdieran las compañías mexicanas parte importante incluso del mercado nacional. Nada más hay que ver lo que pasa con las firmas españolas, muy buenas empresas de ingeniería también, que están en toda Latinoamérica y tienen presencia importante en México gracias a una política del Estado para apoyarlas con créditos necesarios y sin altísimos costos para que puedan competir. Ese respaldo estatal les ha faltado a las empresas de ingeniería mexicanas.

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Se tiene que canalizar más fondos a educación, enfatiza el ex director de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de MéxicoFoto Guillermo Sologuren

–¿Qué ha ocurrido en el caso de Pemex, que alguna vez fue la palanca de desarrollo del país?

–En el caso de la ingeniería petrolera ocurre algo también grave. México, con la larga historia de nuestra empresa nacional –Pemex–, había hecho una planta de profesionales en todos los campos que cubría la industria del sector. Desde la operación, la producción, la refinación e incluso algo en la petroquímica, que fue siempre precaria e insuficiente, pero en operación, producción y exploración se había alcanzado prácticamente la autosuficiencia, pero en estos 30 años que hablamos, cuando ocurrió la crisis terrible que afectó no sólo a México sino a otros países por el endeudamiento en que habían caído, empezó a usarse a Pemex como la empresa generadora de ingresos fiscales para mantener operando las distintas áreas que el Estado necesitaba, pero se sacrificó a la paraestatal.

“El régimen impositivo a que ha estado sujeta es francamente para acabarla. Pemex está sometida, como ningún otra empresa en el mundo, a pagar impuestos que hacen imposible que se capitalice y pueda invertir para volver a capacitar sus cuadros técnicos; segundo, que pueda invertir en exploración adicional para mantener en niveles apropiados las reservas petroleras.

“Eso ha dado lugar a que se debiliten enormemente las capacidades técnicas de Pemex. Antes los técnicos de la petrolera brasileña Petrobras se venían a capacitar al Instituto Mexicano del Petróleo y ahora la ponen de ejemplo a lo que Pemex debe llegar.

Se han reducido los cuadros técnicos en todos los rubros de una empresa que tenía capacidad para decidir y entendía cómo deberían hacerse los estudios prospectivos para mantenerse las reservas y hacerse la explotación de los campos. Pero ahora todas esas cosas dependen de otros. Tiene que contratar servicios en esas áreas, que por cierto son muy onerosos.

Ex subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública y ex secretario general del Conacyt, así como actual miembro del comité asesor de la Organización de Naciones Unidas sobre ciencia y tecnología, Daniel Reséndiz afirma que se tiene que invertir más en enseñanza para tener profesionistas capacitados, pero ello debe de partir desde el jardín de niños. Para eso son los recursos públicos, para atender esas cuestiones. Tiene que haber un sistema educativo de alta calidad que llegue a todos, porque no nos hemos dado cuenta de lo que le cuesta al país tener mexicanos analfabetas, insuficientemente educados, profesionales mediocres. Ese es el costo de las imperfecciones.

Daniel Reséndiz, quien entre otros reconocimientos ha recibido los premios Nacional de Ciencias y Artes, Sourasky de Ciencias y unos 24 más en su especialidad, resume: La educación y el apoyo a la ciencia siguen siendo pobres, la inversión en innovación tecnológica es paupérrima, el presupuesto público favorece el gasto corriente dispendioso, el financiamiento bancario es hoy día la tercera parte de lo que fue hace 15 años y apoya más el consumo que la inversión. De igual forma, el empleo y los salarios se han desplomado, salvo para ciertas elites. No es un simple ciclo recesivo, sino una suerte de parálisis voluntaria de muy larga duración. Treinta años en los que el PIB apenas ha crecido poco más que la población y su mala distribución ha vuelto insoportable la vida para millones de familias.