Opinión
Ver día anteriorDomingo 27 de febrero de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿La Fiesta en Paz?

Amores no correspondidos

Sacar a la gente, otro arte

Original exposición de Alejandra Aguilar

C

omprobado una vez más que nacer en Francia no genera parentesco con la lucidez y la sensibilidad de Montaigne o de Baudelaire, y que la entrepierna sigue siendo uno de los factores que más ofuscan la mente de las personas y los animales, aunque algunos estén convencidos de que somos iguales, bueno sería revisar los amores no correspondidos de México –tan hospitalario y afectuoso– con otros países, habida cuenta de que su ineficacia para entregarse a lo de fuera sigue acarreándole más problemas que satisfacciones.

A 490 años de su violenta incorporación a la cultura occidental mediante la espada y el crucifijo; luego de tres siglos de férrea dominación y aislamiento como colonia, y a dos centurias de su independencia política de la corona española, a nuestro país aún no le queda claro qué actitudes y comportamiento adoptar ante el extranjero.

Atentos a los intereses de otros, parapetados en la postración y el entreguismo, apuntalamos nuestra falta de autoestima individual y colectiva y reforzamos la desvaloración de lo propio segregando indios y expulsando fuerza de trabajo a todos los niveles. Admitimos lo foráneo independientemente de su calidad, y rechazamos inventiva y potencial de lo nuestro. Privilegiamos lo importado a la vez que menospreciamos lo que somos y lo que podemos ser. En esta deliberada dependencia, todavía soñamos con ser correspondidos y que valoren nuestro trato.

Ningún publicronista lo dijo, pero parte de la mejor entrada de la temporada 2010-2011, el domingo 20 de febrero, la hizo el veterano diestro tlaxcalteca Rodolfo Rodríguez El Pana. Prefirieron otorgarle todo el mérito de taquilla a Pablo Hermoso de Mendoza, sólo que la contumaz empresa volvió a incurrir el los complejos que señalamos líneas arriba: facilidades para los de fuera, dificultades para los de casa.

A figuras importadas con un centenar de corridas antes de venir, ganado de la ilusión y toritos de regalo; a los de acá, con escaso rodaje, el toro con edad y trapío. ¿A quién benefició traer al torero mexicano más taquillero con un encierro a contraestilo de su tauromaquia? Quizá a los mexhincados y sus fantasmas, porque para la fiesta brava de México, sin figuras ni rumbo, fue una puñalada más.

Lejos de saber imprimirle un tono ascendente y exitoso al serial que, de espaldas a la afición, organiza hace casi 18 años, el autorregulado empresario de la Plaza México, recientemente premiado y constantemente alcahueteado por entrevistadores diversos, una habilidad sí ha tenido en tan prolongado lapso: sacar de la plaza a la gente que entusiasta acudió hace ocho días, no sólo por fallidas combinaciones de toros y toreros, sino porque al siguiente domingo anuncia un cartel aún más desalmado.

¿Así estimula al pundonoroso Aldo Orozco tras su torera actuación en la octava corrida? Mejor anunció a un diestro francés que la despedida del maestro Mariano Ramos o a los triunfadores Joselito Adame, Juan Pablo Sánchez, Ignacio Garibay o Israel Téllez, herido el domingo pasado en Guadalajara, al enfrentar una señora corrida de toros de don José Julián Llaguno. El voluntarismo como otra prerrogativa de la autorregulación.

En la galería del Seminario de Cultura Mexicana, en Presidente Masaryk 526, esquina Edgar Allan Poe, en Polanco, permanecerá hasta el 18 de marzo la muestra titulada Las Vísperas, de la pintora Alejandra Aguilar, que sin escenas convencionales en el ruedo despide un profundo taurinismo en cada uno de los cuadros.

Dividida en cinco series –Vigilia, El atuendo, Trastos y avíos, La fiesta y La hora de la verdad– la muestra se ocupa de las atmósferas que envuelven los tensos preparativos y el ánimo del torero antes de su encuentro con el público, el toro y consigo mismo. Camisa, añadido y corbatín colgados, montera y zapatillas –nunca sobre la cama–, capotes y muletas en insólito tendedero, un fundón y una espuerta maravillosos y, a lo largo de la obra, un delicado trabajo en texturas y tejidos hacen de esta nueva propuesta de Alejandra Aguilar una original aportación a la pintura de tema taurino.