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Instalación coreográfico-audiovisual basada en el libro Cartucho, de Nellie Campobello

María la Revolución..., homenaje a los testigos mudos de esa gesta

La bailarina chihuahuense tuvo el valor de defender la memoria de esos hombres que de niña vio morir, quizá en esos años oscuros vividos en Parral, afirma Rocío Becerril, creadora de la pieza

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Una de las escenas de la pieza, que se escenificará en el Cenart a partir de este juevesFoto Cortesía de R+R Arte y Movimiento
 
Periódico La Jornada
Miércoles 10 de noviembre de 2010, p. 8

Danza, literatura, video, pintura, teatralidad e interacción son elementos que dan vida a María la Revolución (en la Segunda Calle del Rayo), instalación coreográfico-audiovisual, que en opinión de Rocío Becerril, su creadora, es “una reflexión sobre la violencia, la muerte, el erotismo, la compasión, el juego… la fragilidad de los hombres y las mujeres; sobre la memoria del instante percibido (en una fotografía o un texto) puesto en escena”.

Basada en varios relatos del libro Cartucho, publicado por la escritora y bailarina chihuahuense Nellie Campobello, el montaje, que se presentará el 12, 13, 14 y 15 de noviembre en el teatro Raúl Flores Canelo, del Centro Nacional de las Artes, se adentra “en la vida de hombres, mujeres y niños de la Revolución Mexicana, personajes –sin mucha voz y acción protagónica–, testigos y víctimas de situaciones límite en esta contienda, tema que utiliza para rendir un homenaje a los numerosos desconocidos de esa gesta, pero también a esos artistas que escribieron, fotografiaron y documentaron ese momento fundamental en nuestra historia”.

Campobello, a quien con esta puesta, Becerril y sus bailarines y demás miembros de la producción rinden un homenaje, tuvo el valor, con sus hermosas letras, de defender la memoria de esos hombres que de niña vio morir, quizá en esos años oscuros vividos en Parral, Chihuahua, donde se ubica esa calle, en la que Campobello vivió su infancia.

Contenido social fuerte

“Hablamos de un fuerte contenido social en la obra, no para describir lo ya tratado en el lenguaje literario, sino para acudir a metáforas, collages, intervenciones y desplazamientos corporales que nos lleven a una poética individual y colectiva en las tablas. Esta danza no es necesariamente anecdótica, camina con elementos del pasado, de la memoria. Es tal vez etnográfica, pero también se aleja y se vuelve abstracta. No describe, sólo multiplica y reinterpreta posibilidades de emociones humanas y sus combinaciones por medio de la acción corporal, de la palabra, de la imagen fílmica o videográfica”, comentó Becerril, creadora junto con el artista plástico Rodrigo Flores, de la compañía R+R Arte y Movimiento.

La puesta tiene como antecedentes la creación de la videodanza Todos la mirábamos (que 2002 recibió en París una mención en el Onceavo Gran Premio Internacional de esa especialidad), que surgió a partir de la fotografía de una soldadera llamada María Zavala La destroyer, así como por el espectáculo María la Revolución, que ha sido montado en escuelas de diversos niveles, en su versión didáctica.

Creemos que esta propuesta de danza e interdisciplina puede servir para profundizar en nuestra realidad actual, sobre emociones y sensaciones que lo seres humanos vivimos en situaciones de conflicto y sobre el papel del arte como medio poderoso para comprender los sentimientos y las razones de la existencia humana. En la Segunda Calle del Rayo sucede todo. La voz de niña de Nellie hace tangibles acciones y personajes hermosos, pues logra una voz infantil fresca, pero madura en términos narrativos. Eso es lo que escogí para la obra: ese asunto de los muertos, sin caer en esa especie de congoja adulta. Seleccioné algunas estampas del libro y las tomamos para llevarlas a escena. Algunas de éstas no responden necesariamente al libro, son transiciones que sintetizan lo que sucede en el lugar, dijo la coreógrafa.

El montaje comienza en el vestíbulo del teatro, donde el lenguaje corporal de los bailarines introduce al respetable a un viaje onírico. La imágenes fílmicas de Francesco Taboada (realizador del documental Pancho Villa, La Revolución no ha terminado, entre otros) y Gregorio Rocha, así como los videos de la propia Rocío Becerril, son conectores de la narración.

La sonoridad y la belleza de las palabras de Nelly Campobello (interpretada por Frida Islas) también están en la obra con una ductibilidad que hace que el espectador reviva esos años revolucionarios por medio de la expresión corpórea.

“El lenguaje de Nellie incita fuertemente a crear una pieza con un puñado de movimientos y palabras, frases que capturaron instantes luminosos, emociones y acciones de gran fuerza. Son una ventana distinta, luminosa, por la que podemos ver a los bandidos, a los desarraigados, a los que luchan, pero desde otros ángulos: su fragilidad, sus culpas, sus momentos de piedad, orgullo, desazón, miedo, alegría y otras emociones y estados del alma.

Esta obra ofrece un terreno fértil, en el que los planos cercanos de las imágenes acrecientan las emociones, las marcas, las cicatrices, los defectos, la belleza, aseguró Becerril, directora de esta trouppe, que desde hace 13 años realiza instalaciones de danza, pintura, escultura y video, videodanzas, así como espectáculos didácticos y talleres interdisciplinarios.

Conocedora de que los espectáculos de danza fuera del contexto comercial enfrentan dificultad para llevarse al escenario, Becerril aseguró: los bailarines y coreógrafos tenemos la incertidumbre de no gustar, porque no se nos ve la técnica. Muchos están preocupados por mostrar que la utilizan. Pero, ¿y el contenido de las obras?

Becerril afirmó: Me parece más arriesgado inventar cuatro movimientos inéditos y atreverse a exponerlos, y a darles coherencia por medio de una temática. Lo que necesitamos los coreógrafos es hacer un lenguaje que responda al contenido. Además, es agradable crear para el espectador otros campos visuales, como los de las pantallas.

María la Revolución (en la Segunda Calle del Rayo), será montada en el teatro Raúl Flores Canelo, este jueves 11 y viernes 12 a las 20 horas, el sábado 13 a las 19 horas y el domingo 14 de noviembre 18 horas, en el Centro Nacional de las Artes (Río Churubusco 79).

La dirección, coreografía y guión son de Rocío Becerril. La música de Daniel Ortega y Eleni Karandriou; la instalación y escenografía, de Rodrigo Flores; la obra fílmica es La revolución no ha terminado, de Francesco Taboada, y el vestuario, de Verónica Enriquez y Karine Lorente.