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Goytisolo: la historia es una sucesión de barbaries

España dio la lengua, mas no hay que ocultar la violencia, dice

El autor barcelonés se suma al debate de los festejos por los movimientos de independenciaen América al recuperar la obra y figura de Blanco White, el intelectual español más importante de la segunda mitad del siglo XIX

Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 31 de octubre de 2010, p. 2

Madrid, 30 de octubre. En pleno auge de los fastos por el bicentenario de los movimientos independentistas de América, el escritor Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) se suma al debate y mediante un libro recupera la figura de Blanco White, intelectual español que tuvo un papel central en esas luchas.

Se trata de la obra Blanco White: el español y la independencia de Hispanoamérica, publicado por Taurus.

Goytisolo, quien es un heterodoxo, voz crítica, intelectual y pensador que no ceja en su empeño por señalar los puntos negros de la civilización occidental en general, y de España en particular, se ubica como uno de los escritores más influyentes de las letras hispánicas, a pesar de que en su propio país se le ha perseguido, criticado y atacado desde muchos frentes.

Sus dos autoexilios, primero en París –en plena dictadura franquista– y después en Marrakech, donde vive actualmente, le han permitido mirar desde otro ángulo el devenir de su país y de Europa.

En entrevista con La Jornada, el narrador expone su pensamiento alrededor de esa historia.

–¿Por qué recuperar ahora la figura de Blanco White?

–Sorprende que Blanco White sea el intelectual español más importante de la segunda mitad del siglo XIX y la ignorancia deliberada en la que ha permanecido durante casi dos siglos.

“Debo su descubrimiento, como otros muchos, a don Marcelino Menéndez y Pelayo. En su historia de los heterodoxos españoles le dedica un capítulo, en el que se ensaña de forma violentísima con él, sin ocultar cierta admiración.

“Al leerlo pensé que había gato encerrado, y a partir de ahí me entró una obsesión por conocer su obra, que la mayor parte había sido escrita en inglés, desde su exilio en Inglaterra desde Cádiz, en 1810.

“En una relectura de su obra advertí su enorme importancia. En pleno auge de los movimientos independentistas de las llamadas colonias, él tomó partido abiertamente por la independencia. Pero al mismo tiempo señaló los peligros que acechaban a los nuevos países, que es de lo más extraordinario: que van a dispersar lo que está unido y, por tanto, eso tiene riesgos; el problema de la esclavitud, al tomar una posición clarísima contra la trata de esclavos.

“Por último pregunta a los que encabezan los movimientos de independencia, que suelen ser americanos, criollos y de origen español, si van a sentar a su mesa a los mestizos y a los indígenas. Les dice que hasta ahora, a los esclavos y a los indígenas, los han tratado como animales, y ahora qué van a hacer.

Incluso les dice que cuando hablan de libertad y democracia en realidad aluden al poder y el dinero. Es decir, que siempre fue un hombre de gran coherencia y estatura intelectual.

–¿Qué papel jugó en los movimientos de insurrección el mensuario El Español, editado por Blanco White desde Londres?

–Fue muy interesante, debido a que Londres era un punto de reunión de los dirigentes cultos, los pensadores iberoamericanos en Europa.

“Inglaterra era la única zona no ocupada por Napoleón. Y estos intelectuales huían de esta imposición francesa de la revolución convertida en imperio. Allí tuvo relación con Miranda, Bolívar y fray Servando Teresa de Mier, con quien entabló una polémica. Pero además tuvo correspondencia con muchos personajes, como Andrés Bello. Su oficina sirvió de correo, porque las noticias del levantamiento de México no llegaban a Caracas y las de Caracas no llegaban a Buenos Aires.

“En cambio estaban conectados con Londres, y era un poco el escaparate que servía de información para los propios americanos. Alguien dijo que el Estado Mayor de la Revolución estaba en Londres.

Foto
El escritor Juan Goytisolo en una imagen de 2003Foto José Carlo González

“Se distribuía a través de la Marina inglesa en varias partes del continente. Era una de las mayores fuentes de información, así que sí tenía una influencia muy clara en los movimientos independentistas que se creaban.

En España estaba obviamente proscrito, incluso hubo un cardenal que prohibió, bajo pena de excomunión, que se leyera lo que se publicaba en sus páginas.

–¿Por qué es un intelectual perseguido en España tantos siglos después?

–Hay algo que distingue a España de otros países europeos que han tenido imperios coloniales: me refiero a que en Francia o Inglaterra, a los que tomaban partido por la Independencia de sus ex posesiones, americanas o africanas, a partir de la Independencia esas figuras son reivindicadas por su lucidez y por haber tomado partido por la justicia. En España esto no ha ocurrido así.

El padre Bartolomé de las Casas no existió en Inglaterra o Francia, y aún en 1960 y 1970 había sacerdotes y obispos españoles que defendían la idea de que había siete causas legítimas de esclavitud, que fue la aportación del padre Vitoria, quien representaba la antítesis del padre Las Casas. Es el lado duro de la historia española, el no reconocer a quienes han defendido la causa de la justicia y la dignidad. Es parte de la historia de este país, incluso diría más: ningún invasor ha tratado tan mal a los españoles como los propios españoles. ¡Que lo digan quienes conocieron la Guerra Civil!

–¿Cree que España se ha ido retirando la venda de lo que ocurrió realmente en la Colonia?

–Antes de la Independencia no se podía hablar de madre patria, sino de madrastra, como la he llamado a veces durante la época de Franco.

“Ahora se ha vuelto a desaprovechar la oportunidad de hacer, por ejemplo, una edición popular de la obra de Bartolomé de las Casas. Así, los españoles podrían saber que no sólo hubo una barbarie y un expolio criminal. Es cierto que los españoles dieron su lengua y construyeron ciudades extraordinarias, pero el lado de la violencia no hay que ocultarlo. Una parte puede ser positiva, pero hay otro lado muy duro que hay que reconocer para tener una relación justa con los ex colonizados. Hay que tener siempre una autocrítica, al lado de la defensa de lo que permaneció, como la lengua.

Pero la historia, hasta fechas muy recientes, ha sido siempre una sucesión de barbaries.

Iglesia y dictaduras

–¿Cree que se conoce mejor el papel de la Iglesia católica durante este largo proceso histórico?

–Podemos decir que la Iglesia ha pactado siempre con los dictadores. No ha tenido ningún problema con las dictaduras a lo largo de la historia, aunque de eso no se quiera hablar mucho en España. En cambio, determinados principios de nuestros obispos y cardenales ponen los pelos de punta. Cuando leemos frases como la que se repite últimamente, de la dictadura del relativismo moral, en boca de los curas y prelados. Esa frase es un oxímoron, un disparate, como muchas de las cosas que dice la Iglesia.

–¿Cree que se cumplió la advertencia de Blanco White a los criollos de que no incluirían a los mestizos e indígenas en su proyecto de nación, que no los sentarían a su mesa?

–Creo que sí. Sólo hay que ver los problemas de las comunidades indígenas en México, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, etcétera. Es un problema que no se ha resuelto. No se trata de volver a las creencias tradicionales de las comunidades indígenas, sino buscar una forma de integración que elimine las más mínimas diferencias de un ser humano con otro, y esta situación me parece inadmisible.