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Con el título obtuvo en 2004 el premio nacional Carlos Fuentes en la categoría opera prima

Socorro Venegas se estrena en el género novelístico con La noche será negra y blanca
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En esta novela Venegas va al fondo de una familia que vive una desgraciaFoto Bárbara Colio
 
Periódico La Jornada
Domingo 20 de diciembre de 2009, p. 6

Algunas historias toman años en escribirse. Así ocurrió con la de Andrea, protagonista de la novela La noche será negra y blanca, de la escritora Socorro Venegas. Admiro a quienes dicen que de un día para otro escribieron toda la historia, hasta una novela. Yo no puedo. Me toma mucho tiempo trabajar mis textos, y esta historia fue así. Tardé unos siete años escribirla.

Con este libro, publicado por Era, Socorro se estrena como novelista, y hasta ahora se había dedicado al cuento, género en el que publicó La muerte más blanca, Todas las islas y La risa de las azucenas. La noche será negra y blanca obtuvo en 2004 el Premio Nacional de Novela para opera prima Carlos Fuentes.

Es una historia que ocupa 133 páginas. Breve. De hecho, su origen está en un cuento cuyos personajes permanecieron en el imaginario de la autora. Tuve que seguir escribiendo porque de alguna manera se volvió como una obligación, tenía que cerrar esa historia acerca de una familia que termina de romperse con la muerte del menor de sus hijos, aunque desde antes ya estaba fracturada por el alcoholismo del padre, quien un buen día deja a su esposa e hija (Andrea).

Años después ella recibe una llamada: es su padre quien le pide que vaya a verlo; la protagonista inicia entonces un viaje físico y mental para rencontrarse con la historia de su familia.

“Es una familia como muchas a las que le sucede una desgracia. Me interesaba ir al fondo –y eso es lo que hace particular a esta historia–: cómo viven, cuáles son sus motivaciones, sus impulsos, sus inexplicables reacciones. Los personajes se fueron construyendo solos, fueron diciéndose a sí mismos, tomando sus terribles decisiones y dolorosas.

Por eso me llevó tanto tiempo, porque no son historias que se puedan contar de un jalón. Es una historia con muchas complicaciones; yo también tenía que ir procesando las emociones que suscitaba esta historia, sobre todo porque sí hay algo autobiográfico: la muerte de ese hermano, de ese niño, es algo que ocurrió en mi familia, no tal cual, pero hubo una pérdida similar. Creo que ahí necesitaba explorar, trabajar eso con tiempo y a la manera de los artesanos: sin prisas y poco a poco.

Su obra literaria dedicada al cuento cambió para llegar a la novela y contar esa historia. Estaba muy acostumbrada al estilo del cuento, al tiempo y al ritmo, a ese ejercicio de contención en todos los sentidos que el cuento te exige, algo que también trasladé a la novela. Pero además esa contención era necesaria al hablar de emociones tan fuertes para que no se volviera un melodrama, porque el borde o la frontera era muy delicada por las cosas que estaba contando.

Aunque, de todas maneras, es una novela breve. Mi tendencia al corregirla siempre fue más a quitar que a aumentar; fue más bien una necesidad interior de contar esa historia, en la que el lector podrá descubrirse a sí mismo o a alguien cercano y darse cuenta de que las personas sí cambian.