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La autora visitó México en 2000 para leer parte de su obra en Coyoacán

Con el Nobel a Müller se reconoce una actitud de resistencia: Orestes Aguilar

La narrativa de la rumano-alemana posee una excelente calidad de interpelación, manifiesta el ensayista a La Jornada

La cosificación de la vida cotidiana, entre los temas de su prosa

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Herta Müller, ayer, durante la rueda de prensa que ofreció en BerlínFoto Ap
 
Periódico La Jornada
Viernes 9 de octubre de 2009, p. 7

Además de su valor literario, el Premio Nobel de Literatura 2009 reconoce en Herta Müller una actitud y una posición de resistencia, considera el traductor y ensayista Héctor Orestes Aguilar.

El también escritor conoció a la autora rumano-alemana en el año 2000, cuando ella vino a ofrecer una lectura de su obra en un encuentro que se realizó en el Centro Cultural Jesús Reyes Heroles de Coyoacán, a invitación del Instituto Goethe y la embajada de Alemania en México.

Se trataba de la primera vez que Müller se acercaba a un país de América Latina y su actitud fue de una profunda curiosidad por la literatura en español, pero también “poder venir a hacer un tour de lecturas por Latinoamérica fue para ella un ejercicio de libertad”.

En charla con La Jornada, el especialista explica que “la escritora, a pesar de pertenecer a una minoría lingüística, siempre tuvo la convicción de permanecer en ella y configurar una visión del mundo y de la vida desde esa posición subalterna.

“Müller pertenece a la minoría lingüística de los suabos del Banato (región del sudeste de Europa), de expresión alemana, enclavados en Rumania, que tuvieron que padecer la represión oficial de la cultura nacional rumana. En ese país la cultura literaria de la Europa occidental, reconocida y canonizada como un modelo, siempre fue la francesa; entonces, Herta pertenece a la minoría de una minoría.

“Además, vivió el hecho de que la vida cotidiana y pública de los intelectuales y académicos rumanos siempre estuvo intervenida por el Estado, sometida a una extrema vigilancia por los aparatos de espionaje.

Al vivir en un régimen así hay que sumarle el hecho de pertenecer a una minoría lingüística no reconocida, estigmatizados por hablar alemán, porque se les achacaba un vínculo, aunque vago, no sólo con la Alemania hitleriana, sino con el pasado monárquico, a su añeja pertenencia al imperio austro-húngaro.

Cuando Müller estuvo en México, la premio Nobel 2009 comentaba que “para todas las minorías lingüísticas y culturales de la Europa central salir a la luz y tener por vez primera la posibilidad de entablar un diálogo con un Occidente diferente al que ellos conocían, en este caso nuestro país, era la oportunidad de ver, al filo del cambio de siglo, que los extremos se tocaban.

“Es decir, que aquellas culturas que de alguna manera estaban fuera de las órbitas metropolitanas, sean las latinoamericanas o las de Europa central, cobraban un protagonismo inusitado en el cambio de siglo, de tal forma que lo que estaba en el margen se volvió central.

“Por eso, un premio como el Nobel a una escritora con las características de Herta Müller es también un reconocimiento a las culturas excéntricas de Occidente, porque ella, no por pertenecer a uno de los países más atrasados de la nueva Unión Europea, deja de participar en la cultura occidental.

“El momento más importante de su literatura lo tuvo, precisamente, en esos años de principios de siglo XXI. En 2000 su obra estaba cobrando una reputación internacional mucho mayor de la que tuvo en los 90; comenzó a tener una recepción internacional que ahora culmina con la concesión del Nobel.

“No sé si ahora el lector se podrá conmover igual que hace nueve años, pero se trata de una obra que tiene una excelente calidad de interpelación, en la cual, sobre todo las mujeres encontrarán algo seductor y provocador.

“Para el público mexicano la literatura de Müller tiene una repercusión importante porque vislumbra a sus contemporáneos de esta parte del mundo. Uno de los temas de su prosa breve es la cosificación de la vida cotidiana; entonces, un lector de la ciudad de México podrá fácilmente encontrarse en las fábulas y minificciones de Müller, en las que habla del ritmo de la vida cotidiana y cómo nos ajustamos a él.

La estigmatización, las desventajas, el aislamiento y las restricciones a las que la escritora estuvo sometida durante muchos años obviamente se reflejan en su forma de percibir el mundo, la vida y en su escritura, concluyó el escritor.