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Ver día anteriorDomingo 23 de agosto de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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A la mitad del foro

Nuevas realidades, viejos remedios

D

e pronto, de profundis, surgió la voz difunta del cesarismo sexenal y Felipe Calderón condenó solemnemente a quienes se dedican a hablar mal de México. Nadie ha preguntado si habrá iniciativa de ley que reviva el oprobioso delito de disolución social. Será porque no hay solución a la vista. O porque entre las ruinas de la República predican los obispos la vida austera y apenas hubo un par de jacobinos que le respondió con la demanda de que paguen impuestos los de la clerigalla por el flujo incesante, contante y sonante de los ingresos que perciben.

¿Para qué? Si los oráculos de la OCDE, del Banco Mundial, del Inegi, se hacen eco del lamento de 10.1 millones de mexicanos caídos en la pobreza, y ya más de la mitad de la población sobrevive en el estrecho y amargo cajón de la pobreza patrimonial, y la mitad de esa mitad en el hambre. No hay leyes equivalentes a las de desamortización de bienes que provocaron la ira del Vaticano. En estas ruinas que ves sobrevive el Estado laico; Felipe de Jesús invoca a Juárez y su llamado a los funcionarios públicos a no gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa ni improvisar fortunas, sino disponerse a vivir en la honrada medianía... Y de ahora en adelante ningún funcionario percibirá sueldo mayor que el del titular del supremo Poder Ejecutivo de la Unión.

Lo que presupone la inexistencia de las soberanías de los estados, del municipio libre, de la división de poderes y toda nostalgia por el nacionalismo revolucionario que atribuyeron los del reformismo a los apóstatas que siguieron a Cuauhtémoc Cárdenas en busca de la democracia interna y de la diáspora que derivó en Babel. Y el entronizamiento del becerro de oro, con Vicente Fox como mesías de la deshonesta mediocridad que ahora, una vez despilfarrados los más altos ingresos de la historia, quieren equiparar a la honrada medianía de la invocación juarista. Para no hablar mal de México hay profetas del desastre que reclaman hacer públicas las cuentas claras de las cuentas secretas de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari. Y los seguidores de El Tlacuache Garizurieta aplauden el decreto presidencial: vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.

Sobre todo si no se limita uno al sueldo y goza de casa, comida y sustento con cargo al erario; del uso de vehículos terrestres, marinos y aéreos, y, sobre todo, si nunca hay que traer un peso en la bolsa, porque siempre hay un ayudante milagroso que se adelantó a pagar lo que fuera menester. Salvo casos de excepción, como el de la vendedora de artesanías que se acercó a Ernesto Zedillo y recibió la inmortal respuesta: “no traigo cash.” Y eso antes de llegar la hora de Midas y el hoyo negro del doctor Carstens. Liébano Sáenz, quien fuera secretario particular del doctorcito Zedillo, cita en Milenio al economista Enrique Quintana y asusta al miedo.

Dice: un dato que es abrumador y que cita Quintana, a partir de las cifras del Instituto Mexicano de la Competitividad, es que la diferencia entre lo que gastó el gobierno del presidente Zedillo en su último año y lo que se gastará en 2009, considerando los recortes anunciados, es de 800 mil millones de pesos actuales. Los recursos acumulados en los nueve años son 2 billones 788 mil pesos... cantidad suficiente para construir otro país, mucho mejor del que existe. Son 2 millones de millones de pesos. La mayor parte, fruto de la venta de crudo en los años de bonanza y al más alto precio de la historia. Y para colmo, tras el criminal despilfarro, lloran las plañideras el supuesto agotamiento de la riqueza petrolera; ordeñan fiscalmente a Pemex, dejan de invertir en exploración y lamentan el agotamiento de las reservas probadas: ¡nos queda crudo para 10 años! Ah, pero mantuvimos el cero déficit fiscal y la economía equilibrada

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“El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, reconoció que padecemos el peor shock económico de las últimas tres décadas; y se quedó corto”Foto María Luisa Severiano

Y ahora, la austeridad y los recortes al gasto público. Viejos remedios para nuevas realidades. Agustín Carstens reconoció que padecemos el peor shock económico de las últimas tres décadas. Y se quedó corto. El PIB se redujo 9.4 por ciento en el primer trimestre del año; en el segundo se desplomó 10.3, la peor caída en 75 años: pero el del catarrito acude al hubiera de la nanoeconomía para decir que si comparamos junio y marzo, periodo en que padecimos la epidemia de influenza, el PIB nada más cayó 1.2 por ciento. Y concluye: entonces, yo diría que en ausencia de esa epidemia habríamos tenido un crecimiento positivo.

Cangrejos al compás. Alonso Lujambio, recién llegado al despacho de Vasconcelos, anuncia un recorte de 800 millones de pesos a las universidades públicas; uno por ciento de lo presupuestado, señaló el secretario de Educación Pública en la ANUIES. Es una noticia que duele, diría el rector de la UNAM, José Narro. Entiendo que estamos ante una situación complicada, pero hay que entender que hay una parte que tenemos que cambiar, que es el modelo económico. Afortunadamente, entre las nuevas realidades hay una recomposición de las fuerzas políticas que altera la de la alternancia y modifica radicalmente las relaciones entre poderes y los equilibrios del pacto federal.

La 61 Legislatura se instalará con 237 diputados del PRI, 143 del PAN, 71 del PRD, 21 del PVEM, 13 del PT, nueve de Convergencia y seis del Panal. Beatriz Paredes no padece el síndrome Madrazo: ocupará su curul, pero permanecerá en la presidencia del CEN del PRI hasta concluir su mandato. Mañana elegirán a Francisco Rojas coordinador de la bancada del PRI. Los adictos a las memorias del porvenir hablan de la cercanía de Rojas con Carlos Salinas y atribuyen a éste las facultades que alguna vez le permitieron imponer su voluntad con el unto de la expectativa. Tal vez se inscriba César Augusto Santiago y haya elección abierta. No hay que evocar a las brujas de Macbeth: el poder que fue, era y es de la institución. Hoy impera el de los gobernadores de estados en los que el PRI ganó elecciones directas.

Ahí radica la presencia dominante de Enrique Peña Nieto: 40 diputados paisanos y muchos de otros estados donde no gobernaba el PRI. Donde él y otros hicieron política e hicieron políticos. Fidel Herrera conmemora la firma de los tratados de Córdoba y prepara un bicentenario con acento en los 150 años de las Leyes de Reforma y la urgencia de retomar la reforma del Estado y proceder al cambio de régimen. Hay otros con fuerza que trasciende su fama de operadores políticos: Ulises Ruiz, de Oaxaca. Y en el cambio generacional del que habla Beatriz Paredes: Miguel Ángel Osorio Chong, de Hidalgo; Ismael Hernández Deras, de Durango; Félix González Canto, de Quintana Roo; Ivonne Ortega, de Yucatán; Eugenio Hernández, de Tamaulipas; Humberto Moreira, de Coahuila; Jesús Aguilar Padilla, de Sinaloa.

Y Manlio Fabio Beltrones ejerce el liderazgo de facto en el Senado. César Nava necesitará superar la activa oposición interna para evitar que se esfume el poder del PAN entre miasmas del cadáver neoliberal. No hay más remedio que la concertación de un acuerdo político para hacer frente a las nuevas realidades: instaurar una política de Estado para hacer frente a la recesión y sentar las bases de la economía mixta para hacer efectivo el cambio de modelo económico.

Del PRD y la ominosa división de la izquierda: ojalá se equivoquen quienes anuncian el retorno de la política de represión oficial, así como los obstinados en buscar entre ellos mismos a los culpables de la violencia política que cobró la vida de Armando Chavarría, presidente del Congreso de Guerrero.