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Recomienda el maratón para encontrarle sentido a la vida

Correr, antídoto para la apatía y la desesperanza: Luis Guerrero

La gente de Marruecos, el mejor recuerdo del atleta capitalino

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Edición 2009 del Marathon des Sables, la prueba más complicada del mundo para los fondistas. Guerrero ocupó el sitio 23 en la clasificación general y sexto en su categoría (40-50 años)Foto cortesía Sport City
 
Periódico La Jornada
Martes 21 de abril de 2009, p. a19

Los maratones pueden ser buen antídoto para rescatar a las generaciones jóvenes de la apatía y la desesperanza, asegura el atleta Luis Guerrero, considerado el mejor ultramaratonista mexicano de la historia, quien dos semanas atrás quedó en el lugar 23 general y en el sexto de su categoría en el mítico Maratón de las Arenas, prueba de 250 kilómetros por el desierto del Sahara.

Por lo que he leído, mucha gente joven no le encuentra sentido a la vida, por eso se va mucho al consumismo. Con cosas: la chamarra, el reloj o el coche buscan darle un sentido, o con drogas y alcohol tratan de aislarse de la realidad. En cambio, en estas carreras uno puede realizarse como atleta y como persona. Yo me propuse hacer algo y ahora me siento contento, orgulloso de mí mismo, por lograrlo, explica el capitalino de 45 años de edad, ingeniero industrial, quien a los 30 comenzó a correr y hace nueve se inició en los maratones.

Su más reciente mérito es la edición 2009 del Marathon des Sables (Maratón de las Arenas), máxima prueba del mundo en la especialidad, donde compitió por quinta vez y logró su mejor marca, con tiempo de 22 horas, 23 minutos y 21 segundos. Entre los 850 corredores hay de todo, muchos que están bien preparados, pero también muchos que van simplemente con la intención de terminar, que no son superatletas, pero van a hacerlo y lo acaban, eso tiene mucho mérito, destaca.

Entrenamiento y fortaleza

Es que, para correr durante siete días entre dunas y piedras, con temperaturas que oscilan entre 45 y 50 grados centígrados, no hace falta ser un excéntrico, sino alguien capaz de combinar entrenamiento con fortaleza mental. Atravesar el desierto es una sensación muy padre, porque estás en un lugar fabuloso. Son dunas, terrenos áridos, ríos secos, de repente ves uno que otro oasis... a mí me gusta mucho. Y durante las largas jornadas de repente piensas muchas cosas. Te acuerdas de tu familia, de tus amigos, pero también de algunas cosas que alguna vez hiciste de chico; empiezas a acordarte, porque tienes que ocupar la mente en algo, y hasta empiezas a divagar.

También es importante mantener la claridad mental, porque la prueba requiere planeación y lucidez para adaptar la estrategia sobre la marcha. Al correr bajo el ardiente sol del Sahara es necesario definir si acelerar un poco el paso o no, tomar agua, comer, tomar electrolitos, ver a los otros corredores, más o menos saber quién va adelante y atrás, explica.

Sin embargo, las personas del sur de Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, ocupan sus mejores recuerdos. No tienen nada y son alegres, aprecian mucho ver a la gente y que les des la mano, que los saludes al pasar y vayas un momento corriendo con ellos. Una vez, en medio de las dunas, apareció una niña para regalarme una ramita, no sé de dónde salió.

El maratón se celebra desde 1985 con un recorrido variable, que no se conoce hasta un par de días antes. La carrera se realiza durante etapas: 30 a 40 kilómetros cada uno de los primeros tres días; entre 70 y 80 kilómetros para el cuarto y quinto, con opción de descanso, según avance del atleta, y dos finales de 40 y 20 kilómetros, aproximadamente.

Los corredores deben cargar su propio equipo, que no debe exceder 14 kilos, y sólo pueden incluir ropa, bolsa de dormir, alimentos, agua, espejo, brújula, encendedor, una olla y extractor de veneno. Todo su mundo va a cuestas –por momentos, con la mochila sientes que te hundes en la arena–, y al concluir cada jornada la organización les provee de litro y medio de agua por cada 10 kilómetros recorridos y monta un campamento con tiendas estilo berebere, el pueblo originario de la zona, donde no hay más que un refugio sin colchón ni almohada.

Imprevistos

La edición 2009 fue particularmente difícil, porque, lejos del calor para el que todos se preparan, hubo lluvias y frío, con 20 grados promedio de temperatura. De repente en la noche nos estábamos muriendo de frío, este planeta está loco ya, ¡en el desierto del Sahara donde no llueve jamás!, comenta Guerrero, y lo atribuye a los efectos del cambio climático. Los organizadores tuvieron que improvisar mucho y el recorrido se cambió durante la prueba, porque los campamentos se arman al terminar las etapas y no había manera de llegar allí, pues estaba todo enlodado y no podíamos pasar, recuerda. Se corrieron 220 kilómetros en cuatro etapas.

Guerrero, el mejor ultramaratonista de México y calificado entre los primeros del orbe, vive de sus ingresos como comerciante y financia su participación con aportes de patrocinadores privados. No ha recibido apoyo oficial y de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, sólo obtuvo decepciones.

En junio competirá en Kettle Moraine, con 160 kilómetros a campo traviesa por Wisconsin, y en agosto en una prueba de igual distancia por las montañas de Leadville, Colorado. En septiembre buscará lograr su máxima hazaña en el Spartathlon, prueba de 245 kilómetros ininterrumpidos por las carreteras de Grecia, pero aún no consigue patrocinio para financiar el camino de Atenas a Esparta.