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No somos una banda de guapos, comentó Emir Kusturica

The Non Smoking Orchestra hizo un manicomio del Salón 21

El público le entró a la música con pasión y hasta cantó en serbio

 
Periódico La Jornada
Miércoles 1º de abril de 2009, p. 9

Unos locos se subieron al escenario a jugar. Y se encontraron con otro montón de locos en el Salón 21, a los que parecía que acababan de liberar después de dos años de estar encerrados. Estalló el manicomio.

Este lunes por la noche, The Non Smoking Orchestra ofreció su locura balcánica a un público que le entró con pasión, y brincó y brincó, brazos alzados, y sudó y sudó, y cantó hasta en serbio.

El famoso de la noche, Emir Kusturica, permaneció a la sombra, tocando su guitarra, y cuando se acercó al micrófono fue para exclamar: ¿Qué tal para la revolución?, después de que el cantante Dr Nelle Karajlic había lanzado la innecesaria pregunta: ¿Están listos?

A la invitación a la revolución, el público contestó con puños alzados.

Durante la pieza Upside down (lo que está abajo debería subir, lo que está arriba debería bajar, Dios primero nos enseñó el cielo infinito, luego el subterráneo), el vocalista se subió a los balcones del salón y sacó a bailar a muchachas y señoras, mientras el público seguía el ritmo con las palmas y los pies y las caderas, en fin, con todo el cuerpo.

Varias de las bandas sonoras en el repertorio

Varias de las canciones que tocaron provenían de las cintas del propio cineasta y músico serbio Kusturica, como Life is a miracle, Underground y Gato negro, gato blanco.

Foto
Kusturica bailó con varias mujeres en el escenarioFoto Nicolas Turchetto

Días antes, Kusturica presentó Maradona, documental sobre la vida del futbolista argentino, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Ahí mismo recibió las llaves de la ciudad y el Premio Guadalajara Internacional.

El nuevo proyecto de Kusturica es una cinta sobre Pancho Villa, a quien traía estampado en una playera.

Sacaron al escenario un arco de violín de unos tres o cuatro metros de largo, invitaron a dos mujeres a sostenerlo una de cada lado y el violinista y el guitarrista entablaron un estruendoso diálogo, o más bien, un duelo que culminó, claro, en un baile frenético.

Varias mujeres, con amplias sonrisas, subieron a bailar en distintos momentos de la noche, la primera con cierta inhibición, que le duró poco.

El cantante entabló una pelea de box con el de la tuba, que, con una sola nota, lo dejó tirado en el suelo.

Luego, mientras bailaba con las mujeres en el escenario, dijo: No somos una banda de guapos, y poquito después le dio la espalda al público y se bajó los calzones, no una vez, ni dos, sino tres veces, provocando un griterío.

Cuando la banda se despidió, se escuchó un ensordecedor chifladero, como si todos los pájaros de México hubieran bajado a la plaza a dormir.