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El poeta Ernesto Cardenal compartió en Madrid su palabra afilada y profunda

Falsos sandinistas niegan la libertad en Nicaragua
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 26 de febrero de 2009, p. 3

Madrid, 25 de febrero. El poeta Ernesto Cardenal habló sin tapujos de lo que ocurre en su país, Nicaragua, y a él mismo, objeto de una persecución política de los mismos que hace unas décadas empuñaron el fusil a su lado para acabar con la dictadura de Anastasio Somoza.

A sólo unas horas de haber aterrizado en Madrid, el mensaje fue nítido: En Nicaragua hay una dictadura. No hay libertad bajo el régimen de los falsos sandinistas corrompidos por el poder, señaló.

La visita de Cardenal, de 84 años, se había previsto desde hace más de un año con el propósito de hacer un repaso de su trayectoria vital, de la influencia que ha tenido en la historia contemporánea de Nicaragua.

Por su situación legal –un juez, al parecer por indicación del gobierno de Daniel Ortega, reabrió un caso por el que había sido absuelto hacia cinco años–, se llegó a dudar de que pudiera viajar. Sin embargo, Cardenal llegó a Madrid con su elegante barba blanca, su boina revolucionaria y su palabra afilada y profunda, como siempre.

Aunque la conferencia magistral estaba anunciada como Nicaragua tan violentamente dulce, en la que se pretendía que el autor de Cántico cósmico analizara la situación política de su país y de la región, al final hubo cambio de planes.

El escritor nicaragüense decidió hablar sobre su evolución literaria, la influencia de la ciencia en su pensamiento poético, sus convicciones más arraigadas, como la existencia de Dios, la necesidad de la muerte para garantizar la evolución y la duda de si el Universo debería ser pluriverso.

Revolución en ciernes

Después de concluir su digresión, en la que citó con fluidez la aportación de los grandes científicos del siglo XX, sobre todo en lo relativo al origen del mundo, Cardenal respondió finalmente sobre su situación más terrenal.

Respecto de su enfrentamiento abierto con el gobierno de Ortega, manifestó: “La política me importa más que la religión; por eso hace varias décadas me aparté del pensamiento gandhiano y asumí que la única manera de derrocar a la dictadura era el uso de la violencia. Que está justificada cuando se emplea para acabar con una injusticia. Eso era el sandinismo.

Pero el sandinismo en Nicaragua se dividió en dos: los que formamos el frente, desde el que defendemos los principios de la izquierda y los valores de la igualdad y la justicia, y los que están en estos momentos en el poder, que están corrompidos y han traicionado a la izquierda.

Cardenal explicó que en Nicaragua no se puede hablar con libertad, que hay una dictadura, que antes de viajar le requisaron su computadora personal para imputarle nuevos cargos, que si no ha ido a la cárcel es por su edad.

Por eso recordó y agradeció el apoyo de numerosos intelectuales, que levantaron la voz ante lo que consideraron un atropello sin justificación, como el Nobel José Saramago, el uruguayo Eduardo Galeano o la nicaragüense Gioconda Belli.

Finalmente, indicó que “hoy día, en el mundo, hay una revolución en ciernes. La revolución no es más que una evolución acelerada. Y esa es la revolución en la que miles de jóvenes se reúnen en una plaza o en una ciudad para anunciar que Otro mundo es posible.

Nunca antes había habido una preocupación tan extendida y real por mejorar realmente el mundo. Y esto es una evolución. Es decir, una revolución.