DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE
DIRECTOR FUNDADOR: CARLOS PAYAN VELVER
SUPLEMENTO MENSUAL  DIRECTOR: IVAN RESTREPO  
EDICIÓN: LAURA ANGULO   LUNES 7 DE MAYO 2007 
NUMERO ESPECIAL


Portada

Presentación

Tradición oriental, amenaza para los tiburones
Marcos de Jesús Roldán

El tiburón tampoco es como lo pintan
Juan José Bolaños Guerra

Las rayas, especies marinas importantes en espera de protección
David Corro Espinosa y Crescencio Castillo Castro

Marcando al gran tiburón blanco de Isla Guadalupe
Erick Cristóbal Oñate González

Ecoturismo con un tiburón peso pesado


Correo electrónico:

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Las rayas, especies marinas importantes
en espera de protección

David Corro Espinosa
Programa Tiburón del Centro Regional de Investigaciones Pesqueras de Mazatlán, Sinaloa
Instituto Nacional de la Pesca, SAGARPA

Crescencio Castillo Castro
Centro de Estudios Tecnológicos del Mar Nº 28, en Altata, Navolato, Sinaloa
Dirección General de Educación en Ciencia y Tecnología del Mar, SEP

Dedicamos este artículo a todos los pescadores ribereños de tiburones y rayas de Yameto, Altata, Sinaloa, por la amistad y apoyo desinteresados que durante años nos han brindado. A ellos, los que luego de una jornada agotadora, la mayoría de las veces con escasa ganancia económica, desean más que nunca un mejor presente y futuro para sí y para sus hijos.

Si uno está en calidad de turista en algún lugar de las costas de Sinaloa, tendría una buena oportunidad para contemplar la belleza natural del paisaje que no es escasa, disfrutar de deliciosos platillos a base de pescado y mariscos y participar en una actividad recreativa relacionada en las cálidas aguas de este gran estado que forma una parte importante del golfo de California o Mar de Cortés.

Soy biólogo, he viajado durante casi cuatro horas desde Mazatlán y ahora me bajo del vehículo oficial en el que me traslado e ingreso al plantel donde me esperan jóvenes de preparatoria del Centro de Estudios Tecnológicos del Mar de Altata. Ellos realizan su servicio social en mi programa y son coordinados por su profesor el ingeniero Castillo Castro. La mayoría son hijos de pescadores ribereños de la región. De campamentos y pequeños pueblos pesqueros en los que un gran porcentaje de sus habitantes obtiene su sustento de la pesca.

Una vez ya a bordo del vehículo, nos dirigimos a Yameto, un campamento pesquero a 30 minutos al norte de Altata. Paisaje aun más esplendoroso. Es el sur de la Bahía de Santa María, de las más grandes en el país. La mañana inicia y hemos llegado a tiempo. Las pequeñas embarcaciones (o pangas como se les conoce en la región), comienzan a llegar y descargan su captura. La zona es una de las más importantes en la producción de este valioso recurso pesquero en el estado. Entonces, con el amable apoyo de los pescadores, estudiamos las especies. Obtenemos información valiosa de estas “primas” de los tiburones y que son tan antiguas en los mares de nuestro planeta como estos últimos. Ello lo hemos hecho por varios años. Como resultado, creo tener muy clara la fotografía de su explotación comercial ribereña en esta parte de la geografía nacional.

En costas de Sinaloa se tienen reportadas 46 especies de tiburones y 32 de rayas (Corro Espinosa y Hernández­Carvallo, 2002). Al revisar los estudios que hablan de la abundancia de tiburones, uno encuentra que han disminuido drásticamente, tanto en abundancia, como en diversidad en la captura. Los pescadores tienen que ir cada vez más lejos a pescar y el resultado es, con frecuencia, desalentador para ellos por las bajas capturas (o a veces nulas) que se registran. Con las rayas se empieza a ver un panorama similar. Al paso que vamos y de no aplicar eficazmente una normatividad que proteja las especies, nuestros nietos las conocerán, vaya, sólo por fotografías o documentales. Algunas especies, como el pez sierra, una raya con cuerpo semejante a tiburón y un hocico largo, aplanado y con dientes en su borde, no tienen que esperar tanto, pues este ya está comercialmente extinto: los pescadores señalan que ya no aparece en su captura desde hace muchos años y, en efecto, un servidor en 12 años de muestreo en Sinaloa y Nayarit no lo ha registrado. Tiburones y rayas con 400 millones de años de evolución y el hombre los puede “borrar” en un tronar de dedos. Este pez sierra era relativamente común en las desembocaduras de los ríos, ahora sólo quedan las fotografías y el hueco ecológico que dejó su desaparición.

Los tiburones mantienen una reputación que no les ayuda, se les considera “come hombres”, algo muy alejado de la realidad. Son los malos de la película según la imagen difundida hace varias décadas por el cine de Hollywood. En efecto, suertudas las ballenas y las tortugas marinas que sí poseen protección. La realidad es que los tiburones y rayas la necesitan con urgencia. Ellos son necesarios en el ecosistema marino, pues regulan las poblaciones de las presas de las que se alimentan y son explotadas sin ningún marco sustentable. Así no van a aguantar. La captura de estas especies en Sinaloa cayó a la mitad de su producción luego de dos décadas de pesca intensa. Ya otros países han implementado, al igual que México (Sagarpa, 2005), planes de manejo y conservación, pero en nuestro país se mantiene una discusión intensa sobre la pertinencia en aprobar la Norma 029, que es la que pretende proteger a este grupo de especies.

Ya es poco más de medio día. Mi equipo de trabajo y yo terminamos el muestreo de siete embarcaciones menores y el resultado global de las especies es el siguiente: 38 rayas tecolote (Rhinoptera steindachneri, fig. 1); 25 rayas mariposa (Gymnura marmorata); 22 rayas látigo lodera (Dasyatis brevis); 15 rayas guitarra punteada (Rhinobathos glaucostigma); nueve rayas guitarra eléctrica (Narcine entemedor); siete rayas gavilán (Aetobatus narinari); cinco rayas oceánicas (Mobula spp.) y tres rayas látigo coluda (Dasyatis longus).


Fig. 1. Arriba, vista dorsal de la raya tecolote; enmedio, raya látigo lodera, y, Abajo, raya gavilán, presentes en la captura de la pesca ribereña en Sinaloa Fotografías: David Corro Espinosa

Las rayas poseen en general un aspecto extraño; no obstante, su carne es de gran calidad por su sabor y valor nutricional y se distribuye básicamente en el mercado regional y nacional. Los datos más importantes para nosotros son los relacionados con la condición reproductiva de ambos sexos. La información, obtenida los más meses posibles del año, nos ayuda a determinar el estado en que se encuentran estas poblaciones. Para los pescadores, la captura obtenida es regular para el número de pangas participantes: recuperaron la cantidad invertida en el combustible y sólo dos salarios mínimos de ganancia para cada unos de los tres participantes. Es el resultado de una actividad pesquera que va en declive y que necesita atención de todos los interesados.

Estudiar las especies de tiburones y rayas es algo complejo, debido a que la mayoría presenta comportamiento migratorio y sólo los tenemos en esta área una parte del año. Entonces completar la información necesaria para el entendimiento general se vuelve un reto. Muchas de ellas se acercan a la costa en el periodo de apareamiento o cuando las hembras van a expulsar sus crías, debido a que esta área les ofrece mayor cantidad de alimento y refugio contra sus depredadores naturales que el mar abierto y es cuando son más vulnerables a las artes de pesca comercial. En el muestreo del que les acabamos de hablar es común encontrar hembras preñadas de la raya tecolote (sólo tienen una cría), raya mariposa, raya guitarra punteada y raya guitarra eléctrica. No es difícil imaginar el impacto de la pesca comercial en la población de estos organismos si se está capturando un alto porcentaje de hembras preñadas en un lugar y momento determinados.

Actualmente existen prácticas negativas en la explotación de las especies de tiburón. Ello ha sido reportado en diversos países y, desafortunadamente, también en el nuestro. Una de ellas, y que es uno de los principales puntos que la Norma 029 prohíbe, es la conocida como práctica del “aleteo”. La efectúan las embarcaciones de mediana altura y de altura, tanto atuneras como tiburoneras, y de otros tipos, y consiste en capturar tiburones, quitarles únicamente las aletas y regresar el cuerpo al mar. Se aprovecha sólo la parte del animal que vale más y que ocupa un menor volumen en las bodegas del barco. Las aletas secas de un tiburón de mediana talla pueden pesar poco más de un kilogramo y valer aproximadamente mil pesos. Así, una bodega llena de aletas vale más de diez veces, que llena de los filetes de los organismos. El resultado es el no aprovechamiento íntegro de un animal que ya fue capturado y es también un crimen ecológico. La aprobación de la Norma 029 evitará el desembarco de aletas de tiburón sin sus respectivos cuerpos y por tanto contribuirá al aprovechamiento racional del recurso.

Ahora bien, la Norma 029 es perfectible. Las redes de enmalle utilizadas por los pescadores de tiburón son actualmente rechazadas por los grupos ecologistas, debido a que estos argumentan que causan mucho daño ecológico al capturar otras especies marinas que no son el objetivo de pesca de tiburón, tales como lobos marinos, tortugas y ballenas. Pero lo cierto es que no hay suficientes estudios para evaluar la magnitud de este daño. El sector dedicado a la pesca deportiva, principalmente de Sinaloa y la península de Baja California, también rechaza este arte de pesca, debido a que suele ser usado por los tiburoneros ribereños dentro de la franja de las primeras 50 millas náuticas y captura incidentalmente especies como el pez dorado, marlin y pez vela, reservados exclusivamente a aquel sector en esta franja. Ésa es la ley y debe respetarse. Y los defensores de la pesca deportiva lo han hecho notar con vehemencia, no obstante no se muestran de igual forma cuando se trata de preservar el sistema de manglares, la flora costera, verdadera generadora de la riqueza biótica en nuestros litorales y que los complejos turísticos eliminan para la construcción de la infraestructura hotelera, ésa, la de los mismos turistas que vienen en busca de las especies deportivas señaladas arriba. Por ello, entre algunos investigadores se le ha llamado la guerra entre los pescadores ricos y los pobres. Algo tiene de cierto.

La Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca de la Sagarpa, la autoridad pesquera federal, deberá considerar la eventual prohibición de estas redes. Para ello, debe dar un tiempo razonable para que los pescadores tiburoneros ribereños puedan reemplazarlas y, dadas las circunstancias económicas de la mayoría de ellos, debe también pensarse en promover un financiamiento específico para tal fin, en virtud de que una red de enmalle de 200 m de longitud por 6 m de altura puede llegar a tener un costo entre 50 mil y 70 mil pesos. Por otra parte, los pescadores deberán organizarse y paulatinamente ir diversificando sus actividades, trasladándolas por ejemplo a proyectos de acuacultura, empleos que permitirán a los pescadores seguir tomando decisiones en un área afín, ya que ellos son personas con un fuerte arraigo marino.

Una vez establecido un plan de manejo y conservación de tiburones y rayas, consideramos deberán de pasar por lo menos 10 años más para que estas poblaciones encuentren el equilibrio perdido en décadas de explotación; ello, porque estas especies crecen muy lentamente y alcanzan su madurez sexual en forma muy tardía. Este paso, trascendental, es ya imperante pero no es el definitivo, pues México deberá incentivar la protección internacional de estas especies en los foros adecuados. Los países vecinos con los que se comparten poblaciones de tiburones y rayas deberán también iniciar el proceso de su protección. De nada serviría protegerlos aquí y que los sigan explotando sin control en algún otro ámbito de su distribución.

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