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Tumbando caña

Rafael Mendoza, 35 años en la canción

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▲ Descubrí que escribir canciones era lo mío y quemé las naves de otros oficios, cuenta el compositor en entrevista.Foto cortesía del músico
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ste año que concluye fue para Rafael Mendoza muy afortunado y aleccionador, ya que pese a situaciones pospandémicas y de otra índole, por las que aún no se veía claro el porvenir en el ámbito musical, pudo encontrarse con su público, con el que a lo ancho y largo de la nación y el extranjero, en teatros, peñas, bares y grandes escenarios, celebró 35 años de labor autoral.

En amable charla Rafa Mendoza hace un recuento de su vida artística y la importancia de su quehacer. De entrada cuenta que todo comenzó en un barrio de la Ciudad de México, como tantos en los que la palomilla se reunía a trovar por gusto y afición.

“Comencé a través de la guitarra, cosa muy común en jóvenes. El encuentro con otros muchachos que tocaban la guitarra e interpretaban canciones latinoamericanas, me permitió sentir la música en colectivo, encontrarme con piezas que se distanciaban de lo que escuchábamos en la radio y, al final, imaginar que podía escribir mis propias canciones para decir lo que me parecía importante y necesario en aquellos años.

“Mi vida y mi trabajo es la canción –asegura ahora el artista nacido en la Ciudad de México hace 63 años–. Es también lo que más me gusta hacer y para la actividad que mejor me siento capacitado (...) Es un oficio que me colma de placer, alegría y desafíos.

“Tengo la convicción de que la tarea de un trovador es cantar su tiempo. Y todo tiempo se expresa en la dimensión colectiva y en la íntima. Como autor, intento alejarme de los lugares comunes del discurso amoroso. He huido, por convicción, del panfleto y la canción coyuntural, para contar nuestras realidades desde lo que yo considero esencial.

En lo musical, me conduzco con la idea de que toda la música es mía. He sido capaz de escribir boleros, rancheras, bossanovas, blues, sones mexicanos, sones caribeños, ska, tango y he coqueteado, incluso, con el reguetón y el rap. Sigo creyendo firmemente que la canción es una creación que puede, por sí misma, contener, mostrar y sugerir todos los elementos de la música.

Acerca de su método o rigor creativo expone: “no sé si lo que te cuento sea un método: Escribo cantando. Es decir, hago música y letra al mismo tiempo. Intento construir el texto contemplando el sentido preciso de palabras y frases, la medida de los versos, el ritmo de los mismos, la sonoridad de las frases y las posibles imágenes que la palabra genera. Procuro un discurso armónico que se distinga de los turnaroundsrecurrentes en la canción popular, al menos en ciertos puntos melódicos y armónicos. Me exijo la mayor capacidad de síntesis y busco que la estructura de la canción tenga una dinámica rica y una melodía cantable”.

Afirma que en su trabajo lo importante son las palabras y lo que contienen: nuestra lengua es rica en sonoridades y exhibe cualidades rítmicas notables. La canción masiva hace uso limitado de estas cualidades de nuestro idioma. Entonces procuro aprovechar y degustar sonoridad rítmica y capacidades evocativas de la palabra para construir textos redondos y precisos que digan más con menos y que expresen lo que quiero decir exactamente de la manera en que lo quiero decir. Más o menos por ahí va mi labor.

Mendoza ofreció el sábado pasado en Los de Arriba (Maricopa 10, piso 10, col. Nápoles), el lugar de moda para la trova, un concierto íntimo con el que despidió el año. Esa noche hizo un resumen de su trabajo y cantó muchos de los temas incluidos en sus 10 álbumes. El público, cómplice y gustoso de la canción de autor, lo acompañó entonando sus temas. Una muestra de que poco a poco su obra se ha ido integrando a la conciencia colectiva, formando parte de un sentimiento vivencial que mueve corazones y conciencias.

en referencia a la perdurabilidad, considera que su trabajo es aún muy joven. Aun cuando lo que escribo se origine en un evento o incidentes precisos de la vida colectiva, pienso que todavía debe encontrar eco en diversos contextos geográficos, temporales y vivenciales de un modo que las canciones puedan trascender y ser asumidas como propias por otras personas y por otros cantantes.

Cabe señalar, para cerrar esta amable charla, que muchas de las canciones de Mendoza han sido asumidas e interpretadas por voces tan prestigiosas como la de Eugenia León, quien recientemente le estrenó dos hermosas piezas: No sé cómo irme y Agua.

Alegres fiestas y buen año para todos.