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¿Mensaje o advertencia?
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a prensa internacional acaba de dar a conocer un mensaje de la ciencia en el que se consigna urbi et orbi –por provenir de la comunidad científica de 195 países– en el que se advierte que la ventana de oportunidad para lograr un futuro vivible y sustentable para todas y todos se está cerrando rápidamente. Esta advertencia se consigna en el más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas. Tal documento es la síntesis de una vasta compilación y análisis de cientos de estudios científicos.

Al presentar este valioso esfuerzo, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, señaló: “La humanidad se encuentra sobre una muy fina capa de hielo, que se derrite rápidamente … el ser humano es responsable de prácticamente de todo el calentamiento global de los últimos 200 años”. Este planteamiento merece el aplauso de los altos intereses y sus gerentes, agentes políticos, asesores e inversionistas de grandes corporaciones de la industria fósil y de la banca internacional, porque la responsabilidad recae sobre la humanidad y no sobre el capital fósil que padecemos.

El fenómeno no es antropogénico, sino capitalogénico.

En el comentario de Guterres se alerta sobre la situación límite que enfrenta el mundo pidiendo a los grandes emisores de gases de efecto invernadero (GEI) que cumplan los compromisos contraídos en pasadas cumbres para hacer llegar la justicia climática a quienes se encuentran en primera línea de muchas crisis, ninguna de ellas causada por ellos.

El carácter no vinculante de esos acuerdos está en la base del problema. Es ingenuo esperar buena voluntad de la cúpula capitalista. Como muestra, desde 2015 a la fecha, los principales 50 bancos del mundo siguen financiando proyectos del capital fósil (ver Banking on Climate Chaos).

Guterres añade: “El transporte marítimo, la aviación, el acero, el cemento, el aluminio, la agricultura … todos los sectores deben alinearse con el objetivo de emisiones netas cero para 2050”. En este recuento, el gran ausente es lo militar, el mayor consumidor de combustibles fósiles del planeta.

El Transnational Institute (Climate Collateral, How military spendig accelerates climate breakdown, www.TNI.org,, nov. 2022) llamó la atención a que en las agendas oficiales contra el deterioro climático no se incluye el poderoso vínculo del gasto militar y la venta de armas con las altas tasas de emisiones GEI. Cada dólar que se gasta en lo militar, desvía recursos financieros, habilidades y atención de la opinión pública para atajar una de las mas grandes amenazas existenciales que ha enfrentado la humanidad.

A 20 años de la destrucción de Irak, como parte de las guerras antiterroristas desatadas por Estados Unidos sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, al calor de los no aclarados ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, se desató un torrente militarista contra poblaciones inermes creando catástrofes humanitarias que colocaron a las comunidades afectadas en situaciones mas vulnerables ante la creciente crisis climática, todos ellos crímenes de guerra no sancionados por la Corte Penal Internacional (CPI) debido a la presión de países poderosos.

Según el TNI, los principales emisores, encabezados por EU gastan 30 veces más en lo militar que en los problemas ambientales y ya el problema está gravemente presente. La mejor descripción del momento que vivimos la ofrece la Organización Meteorológica Mundial: Los últimos siete años van camino de ser los más cálidos jamás registrados, de acuerdo con datos obtenidos durante los primeros nueve meses de 2021. Ningún cambio temporal revierte la tendencia a largo plazo del aumento de las temperaturas.

Por su parte, el IPCC 2022 agrega: El aumento de olas de calor, sequías e inundaciones ya ha superado los umbrales de tolerancia de las plantas y los animales, y ha provocado la mortalidad en masa de diversas especies, como árboles y corales. Estos fenómenos meteorológicos extremos se producen de manera simultánea, lo cual genera impactos en cascada que resultan cada vez más difícil de controlar. Debido a estos fenómenos, millones de personas han quedado expuestas a una situación de inseguridad alimentaria e hídrica aguda, especialmente en África, Asia, América Central y del Sur, así como en islas pequeñas y el Ártico. A fin de evitar una mayor pérdida de vidas, biodiversidad e infraestructura, es preciso tomar urgentemente medidas (ver public.wmo.int).

Al respecto, otros científicos han caracterizado este fenómeno de afectación a especies como defaunación, lo que querría decir que estamos en los linderos de un proceso de extinción masiva de especies. La interrelación entre estos dos riesgos, militar y ambiental, amerita nuestra máxima atención, los científicos indican que todavía es el momento humano para frenar la ruta al abismo.

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