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García Luna, apenas el inicio // Fox y Calderón: lista de espera // Panistas: estampida y omertá

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▲ Mientras se discutía el plan B electoral en la sesión de ayer, senadores de Morena colocaron imágenes de Felipe Calderón y Vicente Fox con Genaro García Luna.Foto Cristina Rodríguez
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o sucedido con Genaro García Luna, dice el presidente López Obrador, apenas es el inicio, y tal aseveración es correcta siempre y cuando se actúe en consecuencia, porque no pueden quedar impunes los ex presidentes panistas (Fox y Calderón) ni las pandillas que saquearon y desangraron al país, sin olvidar a las priístas que al final de cuentas se fundieron en un solo cártel.

Nadie creyó el estribillo (yo no sabía nada, nunca me enteré) de Calderón y Fox (por ellos repetido hasta la ignominia, con el coro de la comentocracia de fondo), y ante la contundencia de la condena en contra del ex secretario de Seguridad Pública, a la pandilla no se le ocurrió mejor idea que modificar la cantaleta y, como con la anterior, repetirla como mantra en nado sincronizado: en Nueva York no se enjuició a García Luna, sino a México, a quien sentaron en el banquillo de los acusados, como si ese par de lacras y sus huestes fueran sinónimo de nación, de patria y no de banda de criminales.

Sobre este punto, ayer el presidente López Obrador contextualizó: para que se entienda bien, García Luna, inclusive Felipe Calderón, el presidente actual, no somos México, somos representantes de un país. México es su pueblo, no equiparar, eso está mal. Si están enjuiciando a un funcionario no es un juicio contra nuestra nación, eso dejarlo de manifiesto. Incluso yo diría que un juicio así ayuda a seguir limpiando la corrupción.

Tal juicio ya es una buena contribución, pero podría ser mayor el aporte, porque al final de cuentas lo que debe quedarnos como enseñanza es que nunca se deben repetir estos hechos, la no repetición de la actuación de gobiernos, de funcionarios corruptos, el que no se vuelva a permitir la impunidad.

Pero no sólo Fox y Calderón. ¿Dónde estaban los secretarios de Gobernación (dos del primero, cinco del segundo), los titulares de la PGR (dos y tres, respectivamente), los secretarios de la Defensa y de Marina (cuatro en total), de Seguridad Pública (tres con el mariguanero; con Borolas sólo García Luna), de la Función Pública (dos y tres en cada caso, entre ellos Germán Martínez, que hoy se desgañita) y de Hacienda (uno y tres), sin olvidar a los directores del extinto Cisen (cinco en los dos periodos presidenciales, quienes despachaban con el inquilino de Los Pinos) y al gran equipo de colaboradores?

Así es: prácticamente un ejército de funcionarios involucrado en la guerra contra el narcotráfico y ninguno –versión oficial– supo ni vio nada. Entonces, simplemente fue un descarado cómplice de las corruptelas y alianzas con el cártel de Sinaloa, o de plano un equipazo de pendejos, pero no tanto, porque ahora todos fingen demencia. ¿García Luna? ¿Quién es?

Por lo visto, el ex secretario calderonista de Seguridad Pública sólo puede elegir entre dos sopas: o se resigna a que su vida acabará entre los barrotes de una cárcel gringa y asume (como hombrecito, diría Santiago Creel) la responsabilidad de todo y de todos –incluidas las agencias estadunidenses–, o enciende el ventilador para intentar obtener algún beneficio que se traduzca en la reducción de su condena, la cual, si se queda callado, pinta para ser eterna, mientras los demás se mantienen impunes y en libertad.

Existe la posibilidad, dijo López Obrador, de “que García Luna sea testigo (colaborador). Y por el bien del país ojalá lo haga a cambio de que informe sobre si recibía órdenes o informaba a los ex presidentes, tanto a Fox como a Calderón. Y otra cosa también muy importante, que es bueno para México y también para Estados Unidos: ¿cuáles eran sus vínculos con las autoridades estadunidenses?, porque fue hasta premiado por ellas y no puede ser que tampoco supieran, porque lo de Rápido y Furioso fue una acción concertada y eso tampoco está”.

De pilón, el mandatario se refirió a la de­ci­sión de los magistrados de un tribunal de liberar las cuentas bancarias de la esposa de García Luna (lo mismo con Luis Cárdenas Palomino). Fíjense cómo está el Poder Judicial de nuestro país, lamentablemente. El día que lo están condenando, acá descongelan. ¿Qué, no es un agravio? El Poder Judicial de nuestro país requiere una profunda reforma. Y no dejar esto en el olvido, hay que seguir demandando que se reforme.

Las rebanadas del pastel

¿Y la dirigencia panista que tanto defendió a García Luna? En estampida (bien lo clarifica el diccionario de la Real Academia: huida impetuosa que emprende una persona, un animal o, especialmente, un conjunto de ellos) y en sepulcral silencio (cómplice, desde luego).

Twitter: @cafevega