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El ingeniero Alan Parsons
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▲ Portada del nuevo álbum de Alan Parsons, From the New World.
 
Periódico La Jornada
Sábado 3 de diciembre de 2022, p. a16

El nuevo disco de Alan Parsons es una obra maestra/compendio de estilo, refrendo de su ideario artístico: escuchar este álbum equivale a ubicarnos como autores y al mismo tiempo como protagonistas: es como leer una novela que nosotros escribimos y donde el personaje central somos nosotros, en nuestra unicidad y, magia de la literatura y de la creación artística, de la multiplicidad de personajes que somos, tan indivisibles como etéreos.

Eso, etéreo, es un vocablo aplicable a la música de Alan Parsons en toda su trayectoria de todos tan conocida.

Su nueva obra se titula From the New World en homenaje a su padre, que le enseñó a escuchar música, la música de concierto, de la que es cultivador constante desde el rock, al blues, a la idiosincracia y, válgase la acumulación, a la gracia.

La gracia de la música, la gracia del embrujo que produce la música y la gracia que caracteriza su estilo, tan cercano al pop pero al mismo tiempo tan lejano a liviandades. Más cercano al rock clásico.

Eso, rock clásico, ese término define a la perfección la dominante de Alan Parsons: es un cultivador del rock clásico en todos los sentidos: clásico por imperecedero, por peculiar, por distintivo de la cultura rock, y clásico por su cercanía con la música de concierto, la llamada música clásica.

Claro, rock progresivo, imposible no nombrar tal ingrediente. El ingeniero Alan Parsons es uno de los pioneros insospechados de muchas prácticas musicales hoy tan en boga y otras corrientes que ya tomaron otros cauces, entre ellas la del rock progresivo.

El ingeniero Parsons fue el primero en usar el recoder, ese dispositivo electrónico que modifica la voz y que luego ha sido retomado por grandes maestros de la cultura rock, entre ellos la gran, gran Laurie Anderson, quien creó un personaje masculino utilizando ese aparato fonador.

La sensación de ser autor y protagonista al mismo tiempo, es uno de esos elementos que explican el genio de artistas inclasificables. Es el caso de Alan Parsons, creador de ambientes sonoros parecidos a un óleo de Escher, a un juego de matriushkas, a un déjà vu. Su música viaja en espiral y retrocede a su centro. Otorga la sensación de estar siendo creada en el instante, por nosotros mismos y somos nosotros quienes la estamos ejecutando y somos nosotros quienes la estamos escuchando. Presenciando y ejecutando.

Su nuevo disco se titula From the New World en homenaje a su padre, decíamos, cuya obra favorita era la Novena sinfonía de Antonin Dvorak, también conocida como Sinfonía del nuevo mundo.

La pieza penúltima del disco se titula Goin’ Home y es un blues/soul nacido de la canción original que inspiró a Dvorak para escribir su sinfonía cuando vivió en Estados Unidos y escuchó esa pieza, que es en realidad un spiritual. El nombre del movimiento de la sinfonía de Dvorak es Largo, indicación técnica contraria al Allegro y que denota reflexión, meditación, lentitud en paz.

La construcción de todo el disco es, insisto, un juego de espejos: podemos afirmar que es el mejor disco de Alan Parsons desde que se disolvió su grupo The Alan Parsons Project, en 1990, luego de establecer un sistema de referentes cuya piedra angular es un disco cuya escucha recomiendo ampliamente: Tales of Mistery and Imagination, que creó al alimón con su compañero de ruta, el genial Eric Woolfson, de quien fue la idea de rendir homenaje a Edgar Allan Poe, de una de cuyas antologías toman el título para su disco seminal.

Para esa obra, hoy un disco de culto, toman relatos y poemas de Edgar Allan Poe para crear un mural alucinante. No se anduvieron con pequeñeces. El disco lo abre el gran Orson Welles, quien recita Dream Within a Dream y más adelante el preludio de La caída de la casa de Usher.

Ahí encontramos uno de los argumentos para decir que el nuevo disco de Alan Parsons es un compendio frente al espejo; reúne las características que constituyen la unidad de estilo, la coherencia estilística, la amalgama que amaciza el discurso creativo.

Lo que recita Orson Welles en el primer disco en la historia de The Alan Parsons Project, está en los primeros versos del nuevo disco de Alan Parsons:

 

Típica letra de Alan Parsons e inconfundible también su música. No se sorprenda, hermosa lectora, amable lector, si al comenzar a escuchar este disco tiene un déjà vu, o una sensación de estar escuchando a Pink Floyd. La razón de tal sentir es simple: Alan Parsons se inició en la música como ingeniero de sonido. Se hizo célebre por los efectos especiales en el álbum Dark Side of the Moon: los sonidos de las cajas registradoras, por ejemplo, los relojes que suenan sus alarmas en desordenada/ordenada sinfonía y, sobre todo, el tam tam inicial y final del disco, que imita el latir del corazón.

Nuevo punto de conexión, sistema de matriushkas: en su disco Tales of Mistery and Imagination, Parsons repitió ese procedimiento, tres años después de inventarlo para Pink Floyd, para la pieza titulada, precisamente: El corazón delator.

En La caída de la casa de Usher, escuchamos a Orson Welles entonar los versos de Edgar Allan Poe y a su vez intuimos en la música de Alan Parsons el original de Debussy que escribió para ese mismo texto de Poe. Dice también Orson Wells: la música con ideas es poesía; la música sin ideas es nada más música.

Eso, música con ideas, he ahí a Alan Parsons. En su disco en homenaje a Poe, convierte el legendario nevermore en un coro mágico. Nuevo sistema de engranes: Lou Reed creó su álbum doble The Raven también en homenaje a Edgar Allan Poe y el nevermore lo recita Willem Dafoe y Lou Reed conjunta constelación: Laurie Anderson, David Bowie, Antony Hegarty, Steve Buscemi. Mismo procedimiento que caracteriza el estilo de Alan Parsons: conjuntar celebridades para que ejecuten su música y logren ese efecto de autoría/ protagonismo tan suyo.

En varios de sus discos más importantes, Parsons concita cantantes de varia ralea. En su disco a Poe, puso el micrófono a Terry Silvester, John Miles y Eric Woolfson. Esta variedad de estilos canoros lo trae en su disco flamante, From the New World, donde invita a nueve cantantes, todos ellos celebridades provenientes de distintos grupos de rock: Tommy Shaw, de Styx; James Durbin, ex cantante de Quiet Riot; David Pack, ex de Ambrosia…

Entre los muchos aciertos, guiños y homenajes en el nuevo disco de Alan Parsons, está un cover de Be My Baby, original del trío femenino The Ronettes, creación de Phil Spector, a quien Parsons dedica unas líneas en el booklet del disco, como un reconocimiento a uno de sus iguales.

La realeza a la que pertenece Alan Parsons es pináculo de la creación musical: los productores de discos son todólogos, son el genio de la lámpara, los facilitadores, los que resuelven, los que crean magia: colocan los micrófonos de manera tal que lo que suena, es fantástico; inventan recursos que sorprenden a compositores y escuchas; hacen que la obra del artista en turno parezca mejor inclusive que lo que en realidad es.

El trabajo del productor en música es equivalente al de editor de libros: ambos participan en la creación artística de manera honorable y humildemente anónima. Son coautores esenciales. Les debemos mucho.

En esa realeza figuran leyendas que han cambiado el decurso de la historia de la música, como el alemán Manfred Eicher, contrabajista de jazz y experto en colocar los micrófonos de maneras insólitas gracias a las cuales la cultura musical del mundo se ha enriquecido: gracias a él, la figura de Arvo Pärt es un referente, pues le creó un subsello especial en su disquera, ECM; la figura de todos conocida en este campo es George Martin, denominado inclusive El Quinto Beatle merced a su participación en los discos del grupo.

El caso del ingeniero Alan Parsons es insólito. El amor por la música que le enseñó su padre lo convirtió en un revolucionario del arte sonoro. No solamente pasó a la historia como productor de Let It Be y Abbey Road, dos de los discos mayores de Los Beatles, su lugar en el Olimpo, lo ocupa como creador total, desde todos los procesos de la acción artística. Hacedor.

Es por eso que su música nos proporciona esa sensación de pertenencia, esa rara experiencia de ser autores y protagonistas, escritores y personajes, alfa y omega.

Y, por cierto, este 20 de diciembre el maestro Alan Parsons cumplirá 74 años, feliz, posando para la foto incluida en el booklet de su nuevo disco, con sus músicos cual personaje de Homero: como un dios de la mitología de la antigua Grecia.

¡Salve, ingeniero Alan Parsons!