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Arnaldo Coen, poeta de la imagen
E

l poeta escribe la historia de su cuerpo: H D Thoreau. Ecos de la conversación con Mauricio González y Salvador Rocha frente al cuadro Mutaciones, de Arnaldo Coen.

Apreciar la belleza de las cicatrices de la vida mediante la unión de los fragmentos con barniz espolvoreado de oro resulta paradójico en los tiempos de velocidad y perfección que nos circundan.

Acerca de la tradición japonesa de restauración kintsugi, afirma Coen: En mis pinturas lo relaciono con el mismo ser humano, que a lo largo de su vida se rompe y se restaura, para tener un valor mayor. En lengua sicoanalítica diríamos: estructuras humanizadas de lo real.

Un profesor solicitó que dibujaran a la modelo que posaba sin mirar el papel. Todos hacían trampa, la veían y al papel. Entonces, pasó al joven alumno al frente, tomó su dedo índice y recorrió suavemente el cuerpo de la modelo de la cabeza a los pies. Después pidió a Arnaldo que pintara lo que había sentido.

En estos nuevos cuadros no se ocultan las cicatrices ni otras huellas. Mediante la recomposición y la paciencia traza imágenes inquietas, en una búsqueda lúdica, en tanto el pincel rompe las estructuras geométricas de antaño, mirando a la modelo sin ver el papel, dibujando de memoria antiguos territorios olvidados, ahora con un cataplasma de oro.

Claudio Magris, en El anillo de Clarisse, citando a Italo Svevo dice: La vejez es salvaje porque es la pausa, es la vida privada sólo de lo que jamás tuvo; es decir, de futuro, y, por tanto reducida a puro presente, a intervalo lúcido y libre de obligaciones, a ocio vacío de deberes y significados.

Por eso, Arnaldo Coen dice que es consciente de que no tiene mucho tiempo para hacer bien o mal las cosas. Para él, lo importante es sentir la libertad de una vejez salvaje, donde ya no tiene nada que demostrar a nadie. Por eso estas pinturas tienen esa fuerza, ese impulso irreconciliable del estilo tardío.

Per-Ver es erótico, aun siendo abstracto. Se vuelve transgresor, unas formas voluptuosas se abrazan, se penetran y se separan. Unidas por un hilo de oro no reflejan la forma de los cuerpos, sino la intensidad del sentimiento del recorrido por el cuerpo de la modelo. Lo que dibujó entonces fue la intensidad del deseo facilitado por la memoria.

Celebramos que el maestro Coen haya conservado la simiente de aquella vivencia; la semilla de donde surgen todos estos frutos.

Muestra Per-Versiones, de Arnaldo Coen, en el Seminario Mexica-no de Cultura, en Polanco, con textos de Fernando Fernández, de octubre primero al 20 de noviembre.