Opinión
Ver día anteriorLunes 20 de septiembre de 2021Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Aprender a morir

Otras interrupciones

A

borto es no sólo interrupción del embarazo, también es mandato malogrado, plan interrumpido, conceptos fracasados, como lo son desde siempre las relaciones entre pueblos y personas, instaladas en creencias y actitudes probadamente contrarias a sus anhelos de bienestar y paz, pues justo con la imposición de esas creencias los explotadores cuentan con legiones de esclavos gracias a inacabables rebaños de variopintos pastores, y lo que durante milenios sirvió como fuerza de trabajo se volvió demandante fuerza sin trabajo ni educación, sólo con necesidades urgentes. Muy tarde, la teología tuvo que ceder su sitio a la sicología, no obstante que prosiguen las multiplicaciones en una tierra convertida en basurero.

Y es que algunas ocurrencias divinas no calcularon efectos colaterales. Según el Génesis, el dios de los hebreos dijo: “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra: y domine a los peces del mar y a las aves del cielo y a las bestias y a toda la tierra y a todo reptil. Creó pues Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; creólos varón y hembra. Y echóles Dios su bendición y dijo: creced y multiplicaos, y henchid la tierra y enseñoreaos de ella y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra…”. Faltó prospectiva ecológica y sobró soberbia.

Entonces, este dios primero creó el planeta, luego a todas las especies que lo pueblan, incluido el ser humano, y en seguida le ordenó crecer y multiplicarse, atestar la tierra, adueñarse de ella y dominar y valerse de todas las especies, que también deberían crecer y multiplicarse pero sin necesidad de casarse. Transcurridos unos miles de años, aquel decreto se salió de control y el representante del dios de los católicos, el papa Francisco, el pontífice más ocurrente que ha habido, contrariando el precepto bíblico por fin recomendó a sus adeptos que ya no se reprodujeran como conejos.

Ahora, mientras continúe sacralizándose la vida sin ton ni son y prohibiendo su libre interrupción en su inicio y en su final -aborto y muerte asistida-, el planeta, a merced de dioses implacables, seguirá condenado, no sólo por los malos sino por los crédulos. Como el amor, la fe es algo excesivamente invocado aunque deficientemente practicado. Amor y fe liberan, sí, pero requieren una conciencia individual alerta que religiones, gobiernos, escuelas, familias y medios no fomentan.