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Manual para destruir la educación pública
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ace unos meses glosamos aquí los textos del maestro Carlos Navarro sobre la ofensiva del gobierno de Guanajuato contra la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) (https://www.jornada.com.mx/ 2021/02/09/opinion/016a2pol). Ahora, una investigación de la doctora Esther Sanginés nos dan la pista para entender esa ofensiva.

Desde al menos 1992, la educación se ha ido privatizando. Este proceso no pasa por la venta de las escuelas públicas, sino por su desatención y la cesión por aparente omisión, de crecientes espacios a la educación privada. La investigación cuya glosa inició hoy se centra en la formación de maestros en el estado de Guanajuato y en particular en Celaya, como botón de muestra de lo que ocurre en todo el país.

La formación de maestros. En el Atlas de la educación de la página de la Secretaría de Educación estatal (SEG), la información es incompleta, no sé si por incompetencia o por ocultamiento de datos: sólo están registradas cuatro instituciones formadoras de maestros, tres privadas y una pública. La investigación encontró que, en realidad hay una institución pública, la UPN, bajo asedio del gobierno del estado, y ¡18 instituciones privadas!

¿Cómo empezó esta privatización de la educación superior? A pesar de la guerra cristera, de las luchas y las modificaciones al artículo tercero, se mantuvo vigente el párrafo IV de la Constitución de 1917, que prohibía expresamente a las asociaciones religiosas, los ministros de culto y las sociedades por acciones que realicen actividades educativas, intervenir en ninguna forma en la educación primaria, secundaria, normal, y en la destinada a obreros y campesinos.

Desde el sexenio de Manuel Ávila Camacho este párrafo fue pasado por alto de distintas maneras, aunque su violación repercutía en la existencia de unas cuantas instituciones educativas. Finalmente, en 1992, el presidente Salinas; el secretario de Educación, Ernesto Zedillo; y la lideresa magisterial, Elba Esther Gordillo; impusieron el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica y Normal (Anmeb), mediante el cual el gobierno federal transfirió a los estados el manejo y control de sus sistemas educativos en los niveles de educación básica y normal. En la respectiva iniciativa de ley enviada por el gobierno federal al Congreso, se lee también que uno de los objetivos de la dicha Anmeb sería: terminar con la situación jurídica que afectaba a los integrantes de la sociedad civil dedicados a ofrecer servicios educativos de tipo privado. En consecuencia, al año siguiente se reformó el artículo 3 de la Constitución, eliminando aquella prohibición que no se cumplía.

A partir de entonces se agudizó visiblemente la privatización de la educación. La educación pública podía empezar a desmantelarse. En los 28 años transcurridos, la educación se ha convertido en una mercancía. Además, se han impuesto conceptos como “ servicios educativos”, “ capital humano” o “ recursos humanos”, que aluden claramente a esa mercantilización.

Regresemos a la desproporción entra de uno a 18. Según el diario de campo que lleva la doctora Sanginés como docente de la UPN, las maestras y maestros en funciones que se inscriben a las maestrías de esa universidad ,” quieren mejorar su práctica docente.” Su investigación sobre la práctica de algunas de las empresas que han convertido la educación en mercancía, muestra que muchos de quienes acuden a ella lo que necesitan es un papel/certificado/título que les permita vender más cara su fuerza de trabajo en las escuelas que reproducen lo que no aprendieron: las primarias y secundarias privadas, cuya proliferación merecería otro artículo (en Guanajuato, predominan las que tienen nombre en inglés y no son pocas las de tinte religioso). Cito:

A algunas de las empresas que han convertido la educación en mercancía, van maestros que se han deformado en ellas, para obtener un papel, credencialismo que les permite escalar en la carrera docente, sin preocuparse por el desarrollo de los niños. El resultado lo tenemos a la vista, se satura a los estudiantes de actividades, sin ningún conocimiento de la pedagogía o de la forma como el niño aprende a pensar, los alumnos educados de esa manera odian leer y de jóvenes se convierten en reproductores del sistema, listos para la sobrexplotación y el consumo, y además convencidos de que esa es la mejor forma de vida.

A estas conclusiones se llega con base en entrevistas a estudiantes de maestría de la universidad pública y algunas de las instituciones privadas, cuyos alumnos confiesan no haber aprendido nada (salvo, quizás, a hacer trampa). ¿Creen que Celaya es un caso único? No: es sólo la muestra en la que se realizó esta investigación. Parafraseando a Luis González y González, muchas veces lo pequeño nos permite entender lo grande.

¿Qué resulta de este proceso? Lo contaremos en 15 días.

Esther Sanginés, ¿Y si la educación pública se acaba? Boletín Somos Pueblo, somos gente, número 8, Celaya. Gto., marzo de 2021.

Pd: Mi cuenta de Twitter @HistoriaPedro fue hackeada. Pueden leerme en @sangines_pedro