Opinión
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Mar de Historias

Pequeña soledad

Para Enrique González Rojo

T

odas las paredes son blancas. En los espejos se duplican los sillones, las mesas para la manicura, un aparador, el escritorio de la recepcionista y al fondo a dos mujeres uniformadas de blanco. Selena se ocupa en doblar las toallas que tienen bordado el emblema del salón de belleza Beautyland, mientras Maribel abrillanta los bastidores que marcan la sana distancia entre las sillas donde se atiende a los clientes.

Selena: –Se me olvidó decirte que Sarita canceló su tinte para mañana.

Maribel: –Lo bueno es que hicieron cita para las nueve dos azafatas que se hospedan en el hotel de la esquina. No es mucho, pero como están las cosas, lo que caiga es buenísimo, ¿no te parece?

Selena: –Te diré...

Maribel: –¿Qué te sucede? Hoy has estado muy calladita. (Suspende su tarea y observa a su compañera.) –¿De nuevo tuviste problemas con Roger?

Selena: –Me preocupa: no pone atención a las clases. De seguir así, perderá el año.

Maribel: –Compréndelo: se le ha de hacer raro, difícil, eso de estudiar por teléfono él solito.

Selena: –¿De dónde sacas que lo dejo solo? A diario llega mi sobrina Sonia para ayudarlo con sus clases, y no creas que lo hace gratis: le pago 50 pesos diarios.

Maribel: –No me parece caro.

Selena: –Pero no sé si voy a poder seguir pagándole. Ya viste que hoy no saqué nada...

Maribel: –Creí que el señor al que le recortaste la barba te había dejado buena propina.

Selena (saca de su bolsillo una moneda): –Sí, ¡10 pesos! Con esto no me alcanza ni para un kilo de tortillas. (Suena el teléfono y se apresura a contestarlo.) Salón Beautyland. ¿En qué puedo servirla? Sonia: ¿le pasa algo a mi Roger?.. Si no se cayó ni le duele nada, ¿por qué ha estado llorando? Sí, ya sé que está triste porque extraña a sus compañeros y a la miss Normita. Me lo dice a cada rato. Yo procuro explicarle pero... No, mejor no le digas nada. Yo hablo con él cuando regrese. ¿Me esperas? ¿Cómo que ya te vas..? Sí, entiendo pero, por favor, cierra muy bien la puerta cuando te vayas.

Selena cuelga el teléfono, se cubre la cara con las manos y así oculta su llanto. Alarmada, Maribel se acerca y trata de consolarla:

Maribel: –¿Qué pasa? ¿Quién te habló?

Selena: –Era Sonia. Me dijo que Roger ha estado llorando toda la mañana y que no ha puesto atención en la clase. De veras que ha sido un día terrible y, para colmo, mi sobrina tiene que irse ahorita. Supo de un trabajo haciendo la limpieza en un edificio y quiere hablar con el administrador antes de que otra le gane el puesto. Si le dan la chamba ya no podrá seguir ayudando a Roger.

Maribel: –Pero no faltará quien lo haga. Acuérdate que hay muchas personas desempleadas...

Selena: –No será lo mismo. Con Sonia tenía la ventaja de que es familia y sabe mucho de niños. Como es la mayor de sus hermanos, ella los cuidó a todos. Por eso tuvo que salirse de la escuela. ¿Tú dejarías a tu hija en manos de algún extraño?

Maribel: –Si no me quedara otro remedio, pues sí.

Selena: –Pero es que Tiaré ya está grande, puede cuidarse sola, defenderse; pero mi Roger tiene siete años. Una criatura a esa edad, ¿qué sabe? Lo peor es que yo no puedo atenderlo. Para eso tendría que salirme de la chamba y, entonces, ¿quién me mantiene? Con el mínimo que nos pagan aquí y una que otra clienta que atiendo en su casa, medio que me defiendo.

Maribel: –Ahorita vamos pensando nada más en Roger. Tu prima Concha, la que dices que canta muy bonito, ¿no podría llevárselo a su casa mientras tú estás aquí? Luego pasas a recogerlo.

Selena: –Imposible. Mi prima vive hasta más allá del Caracol, pegadito a la carretera que va a Puebla. Hace tiempo que no la visito, pero cuando iba a verla me llevaba un buen de tiempo en ir y volver.

Maribel: –Como decía mi abuela: estás comiendo vísperas. Ni siquiera sabes si le darán el trabajo a tu sobrina y ya te estás preocupando. Creo que sonó el teléfono. Ojalá que no sea otra cancelación.

Selena: –Yo contesto, porque a lo mejor es Sonia.

(Sonriente.) Salón de belleza... Hijo lindo, ¡qué sorpresa! No esperaba que me llamaras. Sí, tu prima me avisó que necesitaba irse más temprano. Oye, se me hace que estás llorando otra vez. ¿Qué te sucede, mi amor? Anda, dímelo, porque si no lo haces voy a quedarme muy triste. A ver, dime... Sí, claro que te entiendo, y muy bien. Ahora compréndeme tú a mí: no puedo salirme ahorita. Tengo que esperarme hasta las cuatro. Ya no falta mucho y voy a irme en taxi para llegar más pronto. Siéntate a ver la tele un ratito y recuerda que no debes abrirle la puerta a nadie.

III

Maribel (asienta las dos tazas humeantes sobre una mesa.) –¿Era Sonia?

Selena: –No. Roger.

Maribel: –¡Milagro! ¿Qué te dijo?

Selena: –Me preguntó cuándo iba a regresar. Quería que me fuera ya.

Maribel: –Pero no llores.

Selena: –Es que me dolió mucho oír que me dijera que se siente muy solo. Imagínate: sentirse solo a los...

Maribel: –Siete años, es muy chiquito. Pienso que no deberías tomarlo tan en serio.

Selena: –¿De veras lo crees? Yo no. Cuando uno es niño, la soledad siempre es inmensa y duele.