Opinión
Ver día anteriorViernes 18 de diciembre de 2020Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Lo ominoso y el Covid
L

a lectura del texto de Freud, Lo ominoso, ilustra a la perfección el juego macabro en el que estamos suspendidos como marionetas en estos tiempos.

La figura terrorífica de la infancia en las aterradoras imágenes causadas por el Covid-19 que los medios de comunicación no se cansan de repetir hasta el cansancio.

Aquello antaño hospitalario se convierte en agreste e inhóspito.
El amigo en enemigo.
El civilizado en salvaje agresor.
La seguridad en miedo.
La certidumbre en paranoia.

Todo se torna en desdoblamiento especular de aquello íntimo familiar y a la vez siniestro que nos habita.

Se confunde el adentro y el afuera.

La fantasía con la realidad.
La razón se sale de sus goznes.

Ante el enemigo sin rostro, ante el retorno de lo reprimido, ante la amenaza de lo fantasmagórico aparecen, inevitablemente, las fantasías más arcaicas, la paranoia y las actuaciones fuera de la realidad.

La angustia matiza todo.
Lo más irracional aflora.
La capacidad de reflexión desaparece.

Creencia y delirio se traslapan con los graves riesgos que esto conlleva.

¿Cómo es posible que algo familiar se vuelva ominoso y en qué condiciones se presenta de esta forma?

Freud recurrió al análisis de la palabra alemana unheimlich, que es lo opuesto de heimlich, que puede ser traducido como familiar, íntimo. Luego entonces, unheimlich es lo ominoso, resulta algo terrorífico justamente porque no es consabido.

Freud nos advierte: “Sólo puede decirse que lo novedoso (el Covid-19) se vuelve fácilmente terrorífico y ominoso. Algo de lo novedoso es ominoso, pero no todo. Lo nuevo y no familiar tiene que agregarse algo que lo vuelva ominoso.

Lo ominoso sería algo dentro de lo cual uno no se orienta.