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Ciudad perdida

La negociación que incluyó a México en la vacuna // Medidas extremas en la ciudad

A

l mismo tiempo que en la Unión Europea y Estados Unidos, el 20 de diciembre comenzará en México la aplicación de vacunas en contra del virus que originó la pandemia y que ha matado a más de un millón de personas en todo el mundo.

Ésta es la orden que, nos explicaron, se dio desde Palacio Nacional, pese a que existían opiniones contrarias a que la inmunización de la empresa Pfizer se aplicara en nuestro país en los próximos días. Los argumentos que impedían que se iniciara el proceso ya no tuvieron ninguna validez científica, dado que estaba probada su eficacia en el campo y, claro, en el laboratorio, según nos informaron.

Así pues, la vacuna de esa empresa ya está en manos del secretario de Salud, Jorge Alcocer. La de Janssen arranca su prueba en el campo esta semana y Novavax está por hacerlo.

En el caso de Pfizer, su remedio estará en México gracias, principalmente, a la reunión del 8 de julio en Washington entre el presidente de México, Andres Manuel López Obrador, y el de Estados Unidos, Donald Trump, que duró entre 30 y 40 minutos, en el que el tema principal fue el combate a la pandemia. En ese entonces se logró el acuerdo: México como prioridad en el momento en que se pudieran aplicar las vacunas.

La decisión de los mandatarios obligó a la creación de un canal de comunicación para tratar el tema, que por otra parte no se tenía, y cuyas cabezas son el canciller Marcelo Ebrard, de México, y el vicepresidente Mike Pence, por el de las barras y las estrellas.

Entonces no se tenía ni las más remota idea de cuándo se podría contar con la vacuna, pero se hicieron los acuerdos que hoy son mucho más importantes a la luz de los anuncios. Quienes asistieron a aquel viaje tan criticado recuerdan que, si bien los ojos de todos estaban en el acuerdo comercial que firmaron Trump y López Obrador, nunca se dimensionó el tamaño y la importancia del tema Covid-19, del que poco se trató en medios.

La distribución se hará por todos los medios posibles: camiones, helicópteros o lanchas, todo lo que permita llevar a salvo el remedio –que no requiere un congelamiento extraordinario– a todo el país.

Entonces, puede decirse ya que empezó la fase de ataque a la pandemia. No sabemos con certeza cuáles son las diferencias entre una y otra vacuna ni los efectos colaterales que podrían causar en las personas, pero lo que parece ya incontrovertible es que ya se tienen armas eficaces para esta lucha que de plano secó al año 2020.

De pasadita

La enfermedad, la misma que comentamos arriba, parece haber salido –en algunas alcaldías– del control de las autoridades en la Ciudad de México. Ninguna medida ha dado resultados más allá del cierre de la ciudad, con el que nadie parece estar de acuerdo... ni el virus.

Es muy importante, crucial para la vida ciudadana en la capital, que todos los derechos de la gente se respeten en cualquier circunstancia, pero debido a la naturaleza del problema urgen remedios drásticos.

Si no cabe el cierre de la ciudad, las alternativas resultan muy duras, pero tal vez las mejores para tratar de evitar más muertes. Nos referimos al cierre del Metro y del Metrobús, que seguramente son el foco de infección más grande.

Tal vez eso haría que se redujera la migración de personas provenientes del estado de México a esta capital, o cuando menos que se usaran otros medios menos peligrosos de transporte.

Ya deberían haberse creado, cuando menos, ciertos protocolos que impidieran las graves aglomeraciones en ellos. Los comerciantes, primeros en oponerse a esta medida por cuestiones de mercado, deberían saber, sin duda, que los muertos no compran nada. Aguas.

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