Opinión
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Malito y el pueblo sabio
P

ues sí, actuando juntos la nomenklatura del PRI y su pueblo sabio eligió como su presidente al mediocre personaje que se complace en apodarse Alito. Apodo revelador de una personalidad trivial, expresivo de la puerilidad que fue su único recurso para identificarse con el pueblo sabio. No se le conoció un solo concepto atrayente.

Al serle entregada la constancia de triunfo y tomar posesión, se superó externando fulgurantes revelaciones de su gobierno: no se solaparán actos de corrupción, el PRI no defenderá a Rosario Robles o el PRI no admitirá instrucciones de nadie. El pueblo sabio priísta votó anímicamente por el candor. Detrás del candidato estuvo siempre el vacío.

El PRI no es una incógnita. Sabemos que nunca supo enfrentar limpiamente dificultades; recordemos el fracaso de Labastida del que se culpó a Zedillo. Ahora llegó a extremos. Fingió que internamente acudiría a lo decente, pero llegó a lo increíble. Superándose, él mismo se hizo fraude asegurándose de que por encima de su simulación electorera triunfara el personaje deseado. ¿Para qué motivó a 6 millones de votantes inscritos en misterioso padrón y por qué emboletar al INE?

Al pervertir él mismo la elección devoró a su hijo, como Saturno, el personaje mitológico. El partido es identificable con el legendario individuo que se representa por un anciano con larga y espesa barba blanca engullendo un bebé. Ese partido es el símbolo de ese tiempo viejo que todo lo destruye.

En el necesario aquelarre del que salió el nombre del señor Alejandro Moreno como candidato ganador a fuerza deben haberse manejado algunos otros nombres que sería temerario suponer. Lo cierto es que la señora Ivonne Ortega no estaba en ella. No es bienquerida por la nomenklatura por conflictiva. Por hoy lo que menos necesita el PRI son luchas internas, evitar la formación de tribus es el primer mandato de la dirigencia que arriba. La lección que hoy nos dan senadores morenistas lo ratifican.

Sí, cínicamente la cúpula priísta hizo ganar a su elegido. Fueran quienes fueran sus oponentes, no sólo hizo una mala elección, sino que perdió su última oportunidad de ser decente. La opinión pública en general agregará a la cauda de vicios irrefutables del partido el hecho de no haber sabido morir con dignidad en medio de su fama de extrema corrupción.

El resultado de la elección del domingo 11 al interior del partido, y dejando a un lado los berrinches de los candidatos perdedores, es que se ratificaron todas las pobrezas ideológicas y propositivas de su nueva dirigencia. Pobrezas que se sustituirán con un populismo de plazuela. El Sr. Malito querrá imitar al presidente López Obrador, pero dado su escaso equipamiento personal que no le será suficiente ante los despojos que heredó, que inevitablemente lastran su presidencia en el partido.

En unas cuantas semanas ni el pueblo sabio que lo eligió podrá recordar su nombre, ni dar una razón de por qué votó por él. Sería deshonesto olvidar que el pueblo sabio priísta ha votado siempre por quien se le indicara. En tiempos pasados esa docilidad fu su principal activo, así se eligió frecuentemente a personajes ajenos al él, la prueba: Ernesto Zedillo.

La incógnita no es si ya ha muerto el PRI, sino qué se hará con sus despojos para que no estorben a los procesos en curso. Con suerte y sabiduría política que no se advierte, el insólito dirigente debería invertir sus recursos en una real enmienda y no dejarse llevar por arrebatos triunfalistas de creer que resolverá todo para las elecciones de 2021.

Para efectos del sistema político nacional, la conclusión de estas elecciones y el comportamiento de sus dirigentes es que, para un plazo largo, objetivamente se habría generado un bipartidismo bastante desigual, pues la derecha, con el PAN y lo que surja, hasta donde es previsible no sería rival para Morena.

El bipartidismo imaginable con ese desequilibrio resultaría en un bipartidismo imperfecto como lo ha sido el español y el argentino. Vemos dos partidos de ideologías y bases titubeantes donde la alternancia es vista por un fantasmal PAN como una posibilidad en la que sólo sus miembros creen. Ese desbalanceado bipartidismo habla solamente de una cosa: hay Morena para rato.

Volviendo a las exequias priístas, si su dirigencia logra el acto de magia de revivir el cadáver podría cobrar ciertos dividendos mediante una acción serena, madura, inteligente. La impulsividad y el triunfalismo de su cúpula lo haría confirmarse como partido de timón desajustado, de motores desafinados que buscará a su manera el apoyo del pueblo sabio.