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Nadie muerde el anzuelo
E

ste asunto prometía. Obsesión es el tercer largometraje dirigido por el también guionista Steven Knight, cuyo anterior Locke (2013) –visto aquí sólo en el festival de la Riviera Maya– era un notable ejercicio de estilo, una road movie enfocada exclusivamente en su conductor.

La acción se inicia como un típico relato de cine negro: en una isla en la costa de Florida, un perdedor llamado Baker Dill (Matthew McConaughey) está obsesionado –de allí el soso título en castellano– con pescar un gran atún como si fuera un capitán Ahab a escala. Pero el negocio de llevar a turistas a pescar va mal, hasta que llega su ex mujer, Karen (Anne Hathaway, con pose de femme fatale teñida de rubia) para ofrecerle un negocio: llevar a su actual marido Frank (Jason Clarke) de pesca, emborracharlo y arrojarlo a los tiburones a cambio de 10 millones de dólares. Por supuesto, Frank es un perfecto hijo de puta, borracho y golpeador, que en sus ratos libres busca a niñas en alquiler para sodomizarlas.

Pero Knight tenía otras ambiciones que cumplir las reglas genéricas. En la primera escena de la película, la cámara se acerca a un ojo infantil, de donde se desprende una extraña escena marítima. Esa será la clave para apreciar la gigante vuelta de tuerca que le da un giro irreal a la trama y la hunde en el sinsentido.

Sucede que Blake y Karen habían procreado a un hijo, Patrick (Rafael Sayegh), que para escapar de su abusivo padrastro se encierra en su cuarto para jugar juegos de video todo el tiempo. El ojo que vimos en el inicio es el de Patrick. ¿Ya adivinaron por dónde va la cosa?

Si la vida es juego y el Creador es un player adolescente, las cosas no podrían ser más sosas. Knight se toma su tiempo estableciendo a su conflictivo protagonista, rodeándolo de personajes secundarios que no tendrán peso alguno en la narrativa y sólo ocupan tiempo innecesario de pantalla. Así, Baker tendrá una deseosa amante en la figura de Constance (Diane Lane, desperdiciada), cuyo hijo adolescente desea navegar con él; un segundo de abordo negro, Duke (Djimon Hounsou), quien sirve básicamente para fungir como la conciencia del héroe y advertirle que no cometa el asesinato; un vendedor ambulante (Jeremy Strong), de traje y corbata en el trópico, puesto allí para indicar que no todo es lo que parece.

Toda esa atención es aprovechada por McConaughey para ejercer su habitual antipatía y sobreactuarse hasta para sudar, con sus mohines de costumbre. A pesar de beber alcohol en cantidades que sostienen al único bar en la isla, el personaje está en plena forma musculosa, como lo demuestra el actor nadando en pelotas en escenas que sólo están allí para satisfacer su narcisismo (o estimular a una espectadora muy desesperada).

Un desastre como Obsesión valdría la pena si tan solo su fracaso fuese entretenido. Sin embargo, con apenas 100 minutos de duración, se siente largo y tedioso como un videojuego en el que se desconoce el objetivo.

(Serenity)

D y G: Steven Knight/ F. en C: Jess Hall/ M: Benjamin Wallfisch/ Ed: Laura Jennings/ Con: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Diane Lane, Jason Clarke, Djimon Hounsou/ P: Global Road Entertainment, IM Global, Ingenious, Shelbourne Productions, Shoebox Films, Starlings Entertainment. EU, 2019.

Twitter: @walyder