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Lucina Jiménez, por el rescate de la misión original del INBAL y su sentido nacional

En entrevista con La Jornada, dijo que las actividades del instituto no deben limitarse a CDMX; buscará restablecer el diálogo entre lo artístico, lo profesional y la diversidad del país

 
Periódico La Jornada
Viernes 18 de enero de 2019, p. 2

Reingeniería, reconciliación y reorganización, así como recobrar la nobleza de la misión del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), son los ejes de la gestión de Lucina Jiménez (Ciudad de México, 1959), al frente de esa instancia, que surgió en un momento en el que México aspiraba a ser parte del mundo sin renunciar a su tradición, explica.

En entrevista con La Jornada, la antropóloga detalla que no se trata sólo de frases. Cuando hablo de la nobleza tiene que ver con un diálogo entre lo artístico, lo profesional y las diversidades del país.

Es por ello, añade, que entre las primeras acciones de su administración se decidió recuperar el nombre completo del instituto de manera oficial, cuyas siglas son, precisamente: INBAL, tal como fue designado cuando se creó, el 31 de diciembre de 1946. El cambio se aplicará en todos los espacios digitales, correspondencia, papelería, así como a productos culturales y gráficos.

“Comenzamos con agregar la ‘L’ de literatura, después organizaremos un diálogo para explicar qué significa eso en la contemporaneidad y, tal vez, incluso, en algún momento tengamos que reflexionar sobre el sentido de Bellas Artes, porque tenemos que hablar de artes, en el más amplio sentido, y también desde el punto de vista de la excelencia.”

Tomar las riendas del INBAL no ha sido difícil para Jiménez, quien tiene una vasta trayectoria como especialista en políticas culturales y desarrollo sostenible, educación en artes, derechos culturales y cultura de paz.

Dirigió el Centro Nacional de las Artes (Cenart) entre 2001 y 2005, desde donde supervisó la creación de cinco centros de las artes en diferentes estados del país. La educación artística es precisamente uno de los temas en los que se enfocará su gestión.

Vamos a dar mucho impulso a la educación artística, insiste, vamos a buscar la manera de encontrar puentes entre diversos niveles que en este momento están fragmentados. También vamos a recobrar el sentido nacional del instituto, porque se fue constriñendo básicamente a Ciudad de México. Además, vamos a conectarlo con temas que son fundamentales, sin los cuales no puedes pensar al país, como la violencia y la migración.

–¿Cómo se va a vincular el instituto con la situación de violencia para rehacer este tejido social?

–En primer lugar vamos a impulsar una política de reconciliación dentro del propio instituto. Se tiene que empezar por casa, con políticas de reconocimiento, de buen trato, de diversidad, políticas de igualdad, eso pasa por la reconfiguración institucional. No puedes construir paz afuera si no tienes paz adentro. No puedes promover y decir que vas a generar armonía afuera, si no la tienes dentro.

Quiero enfatizar que no todo proceso artístico tiene que estar pensado para construir cultura de paz. La producción artística, en sí misma, tiene que ser libre y autónoma. No será una consigna el que ahora todos los artistas mexicanos tengan que hacer cultura de paz, porque no es por mandato. El instituto está obligado a trabajar la perspectiva de la libertad creativa.

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▲ Para lograr una cultura de paz y restablecer el tejido social, la funcionaria destacó en entrevista: vamos a impulsar una política de reconciliación dentro del instituto. Se tiene que empezar por casa, con políticas de reconocimiento, de buen trato, de diversidad. No puedes construir paz afuera si no tienes paz adentro.Foto Luis Castillo

Respecto de las recientes protestas sindicales y las versiones de despidos masivos de trabajadores del sector cultural, Lucina Jiménez argumenta que existen personas a las que les conviene manejar esta información, y está bien, hay libertad de expresión, pero la verdad es que no hay ni habrá despidos masivos en el instituto.

Informó que hasta ahora ha sostenido reuniones con cinco de los 12 sindicatos que integran el INBAL, y he encontrado interés en sumarse a nuestro proyecto, porque tienen deseos de que las cosas cambien, también en términos de lucha contra la corrupción y los privilegios.

–¿Cuál es el principal problema que enfrenta el INBAL?

–Digamos que en este momento el principal reto es rediseñarse a sí mismo.

“No podemos decir: ‘esperen a que nos reorganicemos’”

–¿Cuánto tiempo llevará el rediseño del instituto?

–Tenemos de aquí a marzo para hacer una formulación importante; no lo voy a decidir yo. No creo en los liderazgos protagónicos, en los que una sola persona decide las cosas. En materia de educación artística y de investigación ya nos reunimos con los directores de las escuelas y los centros de investigación de todo el país, que nunca se habían reunido; me sorprendió porque no se conocían entre ellos. Tenemos que recuperar la mística y el sentido amoroso que he encontrado en muchos trabajadores y trabajadoras, que a lo mejor nunca les han dicho que su trabajo está bien hecho y, sin embargo, lo siguen haciendo.

–Parece una tarea titánica.

–Lo es. Siendo honrada, no me veía regresando al gobierno, porque desde la sociedad civil podía hacer muchísimas cosas que me apasionaban. Ahora hay decisiones que vamos a tomar que tendrán que ver con la simultaneidad: mientras hacemos la reingeniería interna, el proceso de reconciliación y el renfoque, trabajaremos también afuera.

“No nos podemos ensimismar para pensar, no podemos decir: ‘espérense hasta que nos reorganicemos’. Sí, es titánica la tarea, porque tenemos que reconciliarnos, rediseñarnos y al mismo tiempo no romper el servicio de la vida artística, y del otro lado generar puentes de diálogo con el sector artístico que no lo ha tenido.”

Al aceptar la dirección del INBAL, la antropóloga dejó la dirección de Consorcio Internacional Arte y Escuela, uno de sus grandes proyectos que vio realizado con creces.

–¿Qué la hizo regresar al servicio público?

–El pensamiento de mi hija. Tenía muchos compromisos internacionales, pero mi hija, de 23 años, quien estudió historia del arte y curaduría, me hizo una reflexión muy puntual: si crees que va a haber otro gobierno que tenga un mayor número de votos que este que va a entrar, no va a ocurrir en el corto plazo. Las cosas necesitan cambiar, porque mi generación tiene las puertas cerradas y no tenemos lugar. Lo tienes que hacer. Si aceptas ese cargo, sé que no podré pedir trabajo en un museo del INBAL y estoy empezando mi carrera, pero es ahora o nunca. Y fue ahora.