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¡Papa Francisco, basta de palabras!: la Iglesia requiere acciones
L

a Iglesia católica combatirá los abusos sexuales contra los menores, promete otra vez el papa Francisco, y califica la pederastia clerical como uno de los peores y más viles crímenes posibles. Eso declaró el lunes el pontífice argentino en su mensaje de Año Nuevo ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede.

Esta declaración se produce a un año 2018 marcado los escándalos mayúsculos de abusos sexuales del clero, especialmente en Chile, Estados Unidos (Pensilvania e Illinois) e Irlanda, donde el Papa fue increpado por el ex nuncio en Washington Carlo Maria Viganò, quien le pidió renunciar. Argumentó que Francisco conocía y encubrió al cardenal Theodore McCarrick de abuso sexual a seminaristas. El Papa no respondió a las acusaciones del ex nuncio y pidió silencio y oración, diciendo: “La verdad es suave, la verdad es silenciosa… ante personas que sólo buscan el escándalo, que sólo buscan división”.

A Francisco se le criticó en 2017 de tener buenas intenciones y avergonzarse de la pederastia clerical pero haber actuado poco. Muchas palabras, solicitudes de perdón, arrepentimiento, autocríticas, consternación por las víctimas pero muy pocas acciones y directrices firmes que afronten el mayor escándalo de la Iglesia católica a escala planetaria que ha dañado su imagen y autoridad moral. Desde Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco escuchamos compunción institucional y palabras de abatimiento que demandan perdón y comprensión de la sociedad. Sin embargo, las palabras han perdido efecto, a fuerza de repetirse los pontífices perdieron recepción y credibilidad. Los persistentes escándalos han tenido impacto demoledor entre los creyentes que se alejan de la Iglesia. Ahí están los casos documentados de Chile e Irlanda.

La incredulidad se robustece al tomar conocimiento de que el Vaticano reconoce que durante 63 años ocultó los casos de pederastia cometidos por Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Así lo confesó el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal brasileño João Braz de Aviz, quien expuso que habrá más escándalos. Estamos, dijo, sólo en el inicio de graves errores porque la Iglesia lleva 70 años encubriendo pederastas. Fue más lejos: Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia, dijo al ser entrevistado por la revista católica Vida Nueva. Siguiendo la línea de análisis de João Braz de Aviz, hay una responsabilidad sistémica de encubrimiento global en la Iglesia católica, que comprende a la alta jerarquía de la curia vaticana, como el ex secretario de Estado Angelo Sodano y pontífices. Ello no es nuevo, las víctimas lo denunciaron en el libro La voluntad de no saber, Grijalbo 2012.

Por ello resultan fundamentales las medidas que adopte la Iglesia en febrero próximo, en la cumbre de presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para tratar la pedofilia clerical, los encubrimientos y adoptar medidas para erradicar abusos sexuales. La reunión tiene que ir más allá de la oración, el silencio y de las bonitas palabras. Por lo menos deben seguirse tres líneas de acción: a) el enfoque a víctimas será determinante; b) abatir con claridad el encubrimiento clerical y la impunidad de que han gozado la mayoría de los abusadores. Tienen que ser señalados grandes encubridores, como Norberto Rivera Carrera, en el caso mexicano, quien protegió al depredador Maciel, y c) el castigo secular, no basta la reducción laical. Los abusadores deben, según las leyes penales de cada país, recibir el castigo que marca la ley.

De manera simultánea a la reunión de presidentes en febrero, se encontrarán decenas de víctimas y entidades sociales y activistas que han formado Acabar con los Abusos Clericales (ECA, por sus siglas en inglés). Esta agrupación aportará con mayor sensibilidad la denuncia y propuestas desde la óptica de las víctimas.

No puedo pasar por alto mi decepción por la actitud asumida por el episcopado mexicano. Ha tomado poco contacto con las víctimas más activas y visibles. Por la manera poco comprometida de encarar la reunión de febrero. A esas citas hay que aportar propuestas. En conferencia de prensa tanto monseñor Rogelio Cabrera, presidente, como Alfonso Miranda, secretario de la CEM, declararon que llegarán a Roma con una agenda incompleta, que no conocen a ciencia cierta el número de casos reportados y admitieron que ante los abusos clericales tampoco han podido resolver, debido a que muchas de las diócesis no están en la capacitación suficiente. Irán a Roma a aprender, así lo expresó Miranda: Que nos digan cuál tiene que ser la solución; yo creo que esto será factible porque una de las situaciones que no han permitido resolverla es porque a veces las diócesis no tienen la capacitación, pericia, la consciencia de la gravedad de un problema de esta naturaleza. Pareciera que la lacra de la pedofilia clerical no sólo es novedosa en México, sino inédita. Hay más de 500 casos documentados en los años recientes. Es consecuencia de la actitud de la CEM con la que abordó la pederastia. Recordemos en abril 2002, mientras el escándalo en Boston estaba en su clímax, Sergio Obeso, arzobispo de Jalapa, declara en la sede de Cuautitlán que eso pasa en Estados Unidos y que en México no, además, dijo de manera categórica una expresión que aún retumba: La ropa sucia se lava en casa. Basta de palabrería, de justificaciones, de desentendimientos. La Iglesia requiere comprometerse en serio y tomar acciones contundentes.