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La Belleza cumple 50 años
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Periódico La Jornada
Sábado 17 de noviembre de 2018, p. a12

Las guitarras cantan cual valquirias, una orquesta sinfónica emite glissandi, accelerandi, retardandi, en guiños inequívocos a Stockhausen y a Olivier Messiaen y la batería hace salpicar sudor y solfas como en un cuadro de Jackson Pollock; cuatro hombres en pleno ejercicio de su poder creativo, conquistado tras largos años de picar piedra, ululan, guturan, lanzan alaridos.

Recogen el espíritu libertario, el orden y el caos, el tumulto y la revolución que está naciendo en el planeta: es 1968, el año que vivimos en peligro, el año en que nació la esperanza.

Es 22 de noviembre, es el Día de los Músicos, y esos cuatro gladiadores publican su obra mayor, desnudan a la diosa de la música con un álbum que cambió el curso de la historia: The Beatles, es lo único que se alcanza a leer en letras en relieve en portada porque es una obra conceptual, creación del artista Richard Hamilton: una página en blanco y es por eso que el mundo tomó lo que es suyo: música; y desde entonces cuando queremos hablar del mejor disco de Los Bítles pronunciamos con orgullo el glorioso nombre de Álbum Blanco.

Festejamos los 50 años de un tesoro cultural cuyos efectos aún no han sido asimilados.

El éxito desmedido de esos cuatro guerreros opera todavía cual cortina de humo: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr son entes entelequias, hombres de paja, gigantes con pies de barro, tigres de papel, figuras de porcelana si pensamos en el imaginario colectivo: son los autores de Let it be.

Pamplinas.

The Beatles, De Bírols, Los Virus, Los Bítles, Los Bíceps, es el grupo creador por antonomasia, el conjunto que cambió el estadode las cosas para bien, el cuarte-to de Liverpool reducido a eso, a frases hechas, lugares comunes. Exceso de éxito.

La Historia, queda ahora demostrado, no la escriben los vencedores.

A pesar de que el Álbum Blanco se vendió como pan caliente, el verdadero éxito no le ha llegado y este es el momento del reconocimiento, aunque estén muertos sus artífices: John Lennon y George Harrison, quienes lograron el objetivo de la meditación trascendental: hallar respuestas, encontrar la verdad, reconocer la realidad, ser verdaderamente creativos.

El contexto: Los Bítles ya estaban hasta la madre de ser explotados por Brian Epstein, quien los traía en chinga de gira en gira y de disco en disco.

En el cielo, es decir durante un vuelo en avión, tomaron dos decisiones: una, dejar de dar conciertos pues estaba en riesgo su vida, podrían ser víctimas de atentados (cosa que ocurrió con Lennon y Harrison años después); dos: grabar, ahora sí, música, no éxitos de mercado.

Nació así Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el primer disco conceptual en la historia. Años después, uno de sus creadores, don Juanito Lennin, declaró: ‘‘cierto, ese disco es la primera obra conceptual sonora, pero The Bea-tles es nuestro regreso a lo nuestro: hacer música”.

He ahí la razón por la cual le gente cree que Los Virus son los autores de Leritbí, porque jamás fueron autores de éxitos, sino creadores artísticos, músicos en búsqueda de la verdad, de la belleza.

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Eso, The Beatles son los grandes creadores de Belleza, y por eso el mundo los ama.

Cuando estaban hartos del éxito, es decir de ser el puerquito de la industria, se fueron con una bola de músicos a India, a un curso especial de meditación trascendental con Maharishi Mahesh Yogi y de entre esa trouppe de élite, el primero en salir por piernas fue Ringo Starr, quien se regresó a su zona de confort, pero en los espacios entre las meditaciones profundas, Lennon y Harrison concibieron el Álbum Blanco entero.

Aconsejados por Donovan, al regresar a casa lijaron sus guitarras pintadas con motivos sicodélicos no por mamones sino porque, les explicó Donovan, ‘‘el sonido desnudo es mejor”.

Eso, el Álbum Blanco es la belleza, desnuda.

Hay otra cortina de humo que explica el desconocimiento público de la exquisita calidad musical de Los Bítles, manifiesta en el Álbum Blanco y tiene nombre y apellido: Yoko Ono.

La misoginia, el temor a la verdad, la envidia frente al talento ajeno, impiden a las masas aun hoy día reconocer que la idea de Sergeant Pepper’s como álbum conceptual es de Yoko Ono, al igual que la estructura, alma y vertebración del Álbum Blanco.

(Llueven piedras, amontonan leña verde, preparan el agua bendita: blasfema el autor del Disquero).

John Lennon y Yoko Ono se enamoraron en las escaleras que formaban parte de una instalación artística de ella, integrante del movimiento Fluxus, ese ejército de creadores que regresó la literatura, la pintura, la música, la danza a quien pertenece: a la sociedad y es por eso que el Álbum Blanco es saludado hoy, en su cincuentenario, como ‘‘El disco del 68”, por The New Yorker, The Guardian, The New York Times. Es decir, por quienes saben, investigan, ponen en contexto y, sobre todo, saben ESCUCHAR la música.

La edición conmemorativa contempla siete discos siete por una cantidad impagable, pero contenido fabuloso; el Disquero tiene suficiente con la versión en álbum triple, donde vienen inéditos, tomas alternativas, coros a capela, y se escuchan, gracias al trabajo como editor de Giles Martin, heredero del maestro que ecualizó la edición original, George Martin, con mayor potencia las guitarras Gibson, Casino y Fender; con asombro presenciamos hondura poética en los coros, preñados de alegría, bromas de elevado IQ, ironía acerada; claridad pasmosa en el abalorio de voces; inicios de piezas dignas de una sinfonía de Bruckner, como While my guitar gently weeps, que George Harrison escribió como resultado de una tirada en el I Ching, donde se demuestra que todo está interconectado y que nada es casualidad y presenciamos, en suma, el ritual supremo de todo artista: crear belleza.

El Álbum Blanco sintetiza la revolución de 1968, he ahí su cuna. Una manera de explicar sus prodigios.

El Álbum Blanco de Los Bitles es el nacimiento de Venus. Botticelli puesto en sonidos.

Feliz cumpleaños, Belleza.

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