Sociedad y Justicia
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Sienta las bases de su desarrollo

Destacan relevancia de invertir en la educación de prescolares

Lo que aprenden a los 4 o 5 años de edad tiene más impacto en su bienestar a los 30 años, aseguran

 
Periódico La Jornada
Martes 6 de noviembre de 2018, p. 37

Los primeros años de educación de los niños son esenciales para su progreso cognitivo y desarrollar habilidades como el liderazgo, la capacidad de trabajo en equipo y la empatía. La experiencia demuestra que por cada dólar que se invierte en la primera infancia, la tasa de retorno es de ocho dólares; es decir, invertir en las aptitudes socioculturales del niño genera más beneficios económico y social.

Las anteriores son algunas conclusiones a las que llegó Antonio Rizzoli, experto en neurología pediátrica y Richard Davidson, profesor de la Universidad de Wisconsin–Madison.

Entrevistado en el contexto del Foro de Liderazgo e Innovación Prescolar (FLIP), organizado por Fundación Banorte, resaltó la importancia de este encuentro, pues “sabemos que la infancia temprana (de los 3 a los 7 años) es un periodo de plasticidad especial. Entonces, generar intervenciones que promuevan su educación emocional puede tener un impacto de gran escala en su futuro”.

Foro reúne a mil expertos

El FLIP comenzó ayer y culmina este martes. Se lleva a cabo en el World Trade Center de Ciudad de México, el cual reúne a más de mil expertos en primera infancia, desarrollo infantil, educación preescolar, neurociencias y liderazgo instruccional.

Davidson, también fundador del Centro de Investigación de Mentes Saludables, afirmó que la capacidad de los niños de aprender a regularse a los 4 o 5 años de edad tiene más impacto en su bienestar a los 30 años que otros indicadores que suelen ser más importantes, como el coeficiente intelectual o las pruebas estadarizadas.

Tenemos el imperativo moral de desarrollar estas habilidades en niños de 4 y 5 años. Hacerlo tiene un efecto multiplicador; es decir, lo que hacemos en esa edad temprana tiene un impacto que se agranda muchísimo con el tiempo.

El experto agregó: “Tenemos evidencias científicas sobre la capacidad de estar atentos. Por ejemplo, al día de hoy es bastante menor esa receptividad que la que tenían los adolescentes hace 50 años, antes del advenimiento de las tecnologías ahora muy comunes, como los celulares, las tabletas y los juegos.

“Hay varios retos. Por ejemplo, tenemos dispositivos digitales que se utilizan para socializar, y los adolecentes se sienten ahora más aislados que antes, pese a que en apariencia hay más comunicación. Se sienten ahora más solos y aislados. En Estados Unidos los rangos de depresión y suicidio en adolescentes son los más altos de toda su historia.

En México hay una gran oportunidad, porque hay una base de calidez muy característica del pueblo mexicano, lo que genera un ambiente muy propicio para las conexiones.

De acuerdo con la visión de su presidente, Carlos Hank González, Fundación Banorte considera la educación como la mejor herramienta de transformación social y ésta debe ser de calidad, oportuna y pertinente desde la primera infancia, pues es la etapa en la que se sientan las bases del desarrollo de todo ser humano.

Antonio Rizzolli Córdoba, experto en neurología pediátrica, consideró que este encuentro es fundamental por varias razones: La primera, porque en los primeros años de vida se desarrolla 90 por ciento del cerebro; además, en el siglo XXI un gran reto es cómo ayudar a ser personas.

Rizzoli Córdoba, también jefe de la Unidad de Investigación en Neurodesarrollo de la Secretaría de Salud, dijo: James Heckman, Premio Nobel de Economía 2000, demostró que por cada dólar que se invierte en la primera infancia la tasa de retorno es de ocho dólares, porque los niños estaban socializando más y aprendiendo con los otros y se podían desarrollar.

A partir de ahí se ha demostrado que por cada dólar que se invierte en prescolar la tasa de retorno es hasta de 15 dólares.

Con este esfuerzo Fundación Banorte refrenda su compromiso con México y como pionera en impulsar la innovación en la educación prescolar del siglo XXI.