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Vida perenne
L

os grandes creadores que dejan obras valiosas permanecen vivos y siguen dando gozo y luz a muchas generaciones. Este es el caso de José Luis Cuevas, quien con gran generosidad donó a México una importante colección de arte latinoamericano y otra de grabados de Picasso, además de su trabajo artístico. Las alberga un soberbio inmueble que fue sede del convento de Santa Inés, situado en Academia 13, en el corazón del Centro Histórico.

A un año de su fallecimiento y 26 de la creación del museo José Luis Cuevas, se presenta la exposición Cuevas desde el origen, que permite apreciar el talento sobresaliente que poseía desde pequeño. Alrededor de 180 obras conforman la muestra en la que destaca una selección de autorretratos, género que siempre le apasionó. Esto se puede ver en el que realizó cuando tenía 11 años, el inicio de los que habría de crear cotidianamente a lo largo de su vida.

Resulta de gran interés conocer sus primeras influencias, particularmente de la pintura de José Clemente Orozco y Pablo Picasso, y cómo desarrolló su propio y único estilo que muestra excepcional destreza en el trazo y originalidad en la forma. Historiadores de arte lo han llamado neofigurativismo y tuvo impacto nacional e internacional.

En la inauguración, Eduardo Vázquez, secretario de Cultura capitalino recordó la rebeldía creativa, fecunda y generosa de Cuevas y cómo rompió con la idea anquilosada de lo que era el arte mexicano con el movimiento vanguardista de La Ruptura. Asimismo destacó que el gesto de donar su obra a nuestro país es muy poco frecuente entre creadores y coleccionistas. La exposición va a estar hasta el 6 de noviembre; no hay que perdérsela.

Este museo es uno de los nueve que se encuentran en dos manzanas y la mayoría ocupan inmuebles que son en sí una obra de arte: sobre la calle de Moneda el Museo UNAM en la que fue la sede de la primera universidad; el antiguo palacio del Arzobispado que muestra la colección Pago en Especie, de la Secretaría de Hacienda; el Museo Nacional de las Culturas, que ocupa el soberbio edificio que fue la Casa de Moneda y que bautizó la calle.

A media vía sale la callecita Licenciado Verdad, donde se encuentran X Teresa, museo que ocupa un añejo templo barroco y unos pasos adelante el de la Autonomía.

Seguimos el paseo hasta la calle de Academia con la institución que le da nombre: San Carlos; ahí está también el José Luis Cuevas. Damos vuelta por Justo Sierra para llegar el antiguo Colegio de San Ildefonso con sus extraordinarios murales y el del Templo Mayor.

Adicional a este banquete de arte, en la caminata por la calle de Moneda yendo de un museo a otro, aparecen joyitas como las puertas de templo de Santa Inés, que muestran en magnífica talla el martirio de la santa.

Al cruzar Correo Mayor se levantan dos imponentes construcciones en estilo barroco; son las casas del Mayorazgo de Guerrero, en una de las cuales tuvo su taller el notable grabador Guadalupe Posada; él es el verdadero creador de la Catrina, ese personaje al que Diego Rivera dio fama en su mural Un domingo en la Alameda Central, que tiene su propio museo precisamente en la Alameda.

Volviendo a Moneda, al llegar a la calle de Academia se topa con la Academia de San Carlos, que muestra en un nicho en la fachada una réplica de una escultura en bronce de San Jorge. Ya platicamos en una ocasión que el original que donó a Mexico el gobierno italiano por el centenario de la Independencia, fue degollado por un vendedor ambulante que amarraba el toldo de su puesto al cuello del santo.

Ya basta de chismillos, vámonos a comer; en Justo Sierra esquina Argentina, en la azotea de la librería Porrúa se encuentra el restaurante El Mayor. Desde su terraza se aprecia una vista privilegiada del Templo Mayor, Catedral y demás maravillas que los rodean. Ofrecen comida mexicana.