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Morena: código de ética
E

n las redes sociales circula la videograbación que muestra a la señora Alejandra León Gastélum celebrar su victoria como próxima senadora por Baja California. Bajo los influjos del alcohol, se burla de sus oponentes con palabras altisonantes y ademanes ofensivos y afirma que: Se la chingaron, cabrones, porque se quedaron como cucarachas fumigadas. Asegura que el licenciado Andrés Manuel López Obrador le dio permiso de celebrar durante 48 horas continuas. En el video aclara que no está tomando cerveza, en referencia a su lucha por impedir la instalación de la trasnacional Constellation Brands en Mexicali. Por eso ingiere champaña, mientras escucha y baila al ritmo de música norteña.

El alcohol mostró la imagen verdadera de la que pretende ocupar un escaño en el Senado por una entidad en la que el próximo mandatario de la nación logró adhesiones impensables. Y es que la señora León tuvo que renunciar hace años al cargo que ocupaba en el gobierno priísta de Mexicali por organizar borracheras con los empleados bajo su mando en horas de trabajo y acudir ebria a laborar.

La actitud de la ahora conocida como #LadyChampagne, recibe la crítica unánime de la ciudadanía de Baja California. En respuesta, la Comisión Nacional de Honor y Justicia de Morena decidió abrirle un proceso, según lo anunció Héctor Díaz Polanco, integrante de dicha comisión. Podrían sancionarla con una amonestación, la suspensión de derechos partidarios y hasta expulsarla de Morena. Por su parte, la presidenta del partido, Yeidkol Polevnsky, señaló que Morena tiene un código de principios, de comportamiento, de ética y somos muy estrictos en el tema... preferimos quedarnos sin diputados y senadores, pero cumplir con lo que queremos ser, un partido ejemplar y seguir el ejemplo de Andrés, que ha sido ­intachable.

Y sí: mejor una senadora menos que una que desprestigie, aún más de lo que está el Senado. Cabe recordar el vergonzoso papel que como legisladora del Partido de la Revolución Democrática (PRD, 1994-2000) cumplió allí La tigresa Irma Serrano.

Desde hace dos semanas otra senadora, Layda Sansores, ocupa la atención de los medios y las redes sociales al descubrirse que durante 2016 y 2017 facturó en nombre de esa instancia legislativa gastos personales por 700 mil pesos. Ex militante del Partido Revolucionario Institucional por el cual fue diputada y senadora a finales del siglo pasado; del PRD, de Movimiento Ciudadano y ahora de Morena; eterna aspirante a gobernar Campeche, su estado natal, la señora Sansores recién fue electa alcaldesa en Álvaro Obregón, en Ciudad de México.

La ex senadora adquirió en diversas tiendas departamentales de Ciudad de México y Campeche ropa, sábanas, toallas, almohadas, cortinas, electrodomésticos de la mejor calidad; comida (12 kilogramos de bacalao noruego y dos de jamón serrano), productos para maquillaje, carteras de mujer y juguetes para sus nietos; sillas, un comedor, aires acondicionados y ventiladores; macetas y una muñeca con valor de casi 5 mil pesos. Cuatro prendas de diseñadora con valor de 22 mil pesos.

Lo que mensualmente recibe un senador ronda los 450 mil pesos. Incluye su salario y recursos para apoyar sus labores legislativas. Estos últimos (que suman casi la mitad de dicha cantidad) obligatoriamente deben comprobarlos y utilizarlos en asuntos relacionados con el desempeño de su cargo, no para su uso personal ni hogareño. No es la señora Sansores la única que recurre a esos desvíos.

El próximo presidente de México siempre ha dicho que quienes ocupen cargos públicos o hayan sido elegidos por el voto ciudadano deben dar ejemplo de probidad y honradez; no utilizar, como es costumbre, el dinero público para enriquecerse o cubrir gastos personales o de su familia. Por eso se espera que los dirigentes de Morena sancionen a #LadyChampagne. Y que la nueva jefa de Gobierno de Ciudad de México y la asamblea local, eviten que los funcionarios citadinos utilicen el dinero de los contribuyentes para su provecho personal. Con lo que ganan basta y sobra. En el caso de la alcaldía de Álvaro Obregón, es co­nocida la corrupción a la hora de con­ceder permisos para construir enormes torres de departamentos sin cumplir con las normas vigentes.

La honestidad valiente comienza por los de casa.