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¿Por qué quiero ser el próximo jefe de Gobierno?
C

omo padre de familia, esposo, ciudadano y orgulloso capitalino, aspiro a vivir en una ciudad en la que se respeten los derechos de cada uno y se respete la ley. Por eso quiero un gobierno que mejore las condiciones de vida de la gente. Esto se resume en un gobierno que modifique la situación de caos y regrese el orden a nuestra metrópoli.

Desde el 15 de diciembre, día en que recibí mi registro como precandidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de México, he recorrido nuestra ciudad, caminando con sus habitantes y recogiendo sus demandas de viva voz, escuchando sus necesidades y problemas cotidianos.

El propósito es consolidar un plan de gobierno que responda a los enormes desafíos que enfrentan los capitalinos y deje atrás 20 años de caos en la Ciudad de México. Organicemos la ciudad, dejando atrás una urbe sin ley, donde se deteriora la calidad de vida de nuestras hijas e hijos, de nuestros hermanos y de nuestros padres.

Demos paso a la gran Ciudad de México, una ciudad de progreso, de crecimiento y de civilidad. Llegó la hora de respetar y de hacer respetar a la gente que vive en este hermoso lugar.

En las pasadas dos décadas los gobiernos han permitido y promovido la pérdida de los valores básicos que sostienen a nuestra sociedad. Las familias, el primer motor social, han sido descuidadas y hechas a un lado. Esto ha provocado gran desorden; vivimos en un caos en el que los principios y leyes son ignorados.

Juntos recuperemos los valores, dando su lugar a la familia, a la vida y la educación para reforzar el estado de derecho. Para esto se requiere una mano firme. Digámosle adiós a los moches, al tráfico, a la corrupción, a la falta de agua, a la falta de transporte y a la inseguridad, que tiene tan hartos a los ciudadanos.

Cada día hay más inseguridad, los números no mienten. Hay un nuevo ilícito reportado cada tres minutos, sin contar 90 por ciento de los delitos que no se denuncian. Las agresiones con armas de fuego crecieron en 50 por ciento el año pasado. Los homicidios alcanzaron su nivel récord en los recientes 20 años.

Esta inseguridad ha llegado al transporte público. Los robos en el Metro en 2017 se elevaron en más de 300 por ciento. No se ha invertido en aumentar la cobertura del Metro para llegar más rápido a nuestro trabajo. Pero no se han olvidado de subirle el precio.

Se ha permitido que la ciudad crezca desordenadamente, la corrupción ha promovido construcciones mal planeadas y de mala calidad. Esto provoca que no tengamos alumbrado público, bacheo y que contemos con menos áreas verdes de calidad.

La falta de vivienda asequible ha expulsado a los capitalinos a otras poblaciones. Esto nos ha alejado de nuestros centros de trabajo, haciendo que los tiempos de traslado equivalgan a más de tres años de nuestra vida a bordo de algún transporte. Lo cual también se traduce en el tráfico y la contaminación que tanto daño hacen a la salud de nuestros hijos.

En la Ciudad de México, a pesar de ser la entidad con mayor producto interno bruto por persona, casi 29 por ciento de sus habitantes viven en situación de pobreza. Y las cosas no mejoran. Entre 2014 y 2016 la pobreza extrema se incrementó en más de 3 por ciento. Esto quiere decir que tenemos un mal gobierno.

De 2008 a 2016 el ingreso promedio bajó 3 puntos porcentuales y la corrupción sigue avanzando. Los ciudadanos percibimos a la Ciudad de México como la entidad federativa con mayor corrupción en el país. Esta situación es intolerable, pero no irreversible.

Por esto, el jueves 18 de enero, en conjunto con el precandidato presidencial por el PRI, Pepe Meade, firmamos el Pacto para Transformar la Gran Ciudad de México.

Este proyecto contiene cinco grandes compromisos: invertir en un millón de nuevas cámaras para las calles, capacitación e incremento de sueldo para los cuerpos policiacos y ministerios públicos y la creación de un cuerpo especial de policía para el transporte público.

Construir 100 kilómetros de nuevas líneas de Metro sin subir la tarifa y tres trenes suburbanos para reducir los tiempos de traslado.

Construir 70 kilómetros de carreteras en el nuevo Circuito Exterior para sacar el transporte pesado, con el objetivo de disminuir el tráfico y la contaminación.

Abatir la escasez de agua y llevar las fugas a cero, beneficiando a 4.5 millones de ciudadanos y ahorrando 500 por ciento en el costo del agua. Incluir 4 mil 200 escuelas de tiempo completo conforme al nuevo modelo educativo.

Esto es sólo un ejemplo para mostrar que sí se puede poner el gobierno al servicio de la gente. Sería útil conocer y debatir los puntos de vista sobre los proyectos para la Ciudad de México de las precandidatas Alejandra Barrales y Claudia Sheinbaum.

Mejorar la vida pública en nuestra ciudad sí es posible, sólo faltan voluntad y determinación. Los capitalinos podemos vivir con mayor seguridad, mejores servicios, mejores escuelas, con acceso a recursos tan básicos como el agua y con más oportunidades para todos.

Pondremos orden con mano firme para atender inconformidades y reclamos. Actuaremos como un gobierno que soluciona, prevé y mejora la vida de la gente que vive en la ciudad.

Un gobierno nuestro, de los estudiantes, las amas de casa, los trabajadores, los comerciantes y cada uno de los habitantes de la que puede ser nuestra querida ciudad.

Se acabó la espera. ¡Cambiemos juntos el gobierno para que sirva a la gente! No para que se sirva de la gente.

Contagiemos de este ímpetu a todos nuestros amigos. Vamos con todo a recuperar una ciudad útil a la gente y al servicio de todas y todos ustedes. Llegó el momento de dejar de ser una ciudad grande y convertirnos en una gran ciudad.

*Precandidato del PRI a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México