Opinión
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El Despertar

Vértigo

A

l comprobar en los hechos las formas de decadencia que vive nuestro país sentimos una sensación de vértigo. Es como si nos enfrentáramos a algo que nos arrastra y nos altera, algo que es imposible de negar y difícil de afrontar. La violencia que crece en todo el país produce esa sensación. Hemos empezado el año con más de 200 asesinatos ( El País, 9/01/2018). Está creciendo el número de políticos sacrificados. Lo peor: el fenómeno crece y la impunidad también. Esto puede afectar las elecciones y crear una atmósfera muy peligrosa.

Veintiséis alcaldes han sido asesinados durante el sexenio de Enrique Peña Nieto ( Reforma, 31/12/2017). Los estados con más alcaldes asesinados son Oaxaca, Puebla y Michoacán, aunque esta forma de violencia se está extendiendo en todas las regiones. En menos de un mes el contexto de violencia ha dejado como saldo 11 políticos muertos de distintos partidos ( Reforma, 3/01/2018). El juego político se contamina con las formas más salvajes de dominación.

¿Por qué el Estado no puede proteger ni a los ciudadanos comunes ni a los políticos? La procuración de justicia es endeble por la corrupción, la ausencia de imparcialidad, la violación a los derechos humanos y las enormes deficiencias en la gestión. Existen problemas en la organización de las instituciones y en los métodos de trabajo que emplean. Hay dificultad para reclutar y retener al personal. La transición hacia un mando único es demasiado lenta. El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM ha publicado la alarmante Consulta sobre la procuración de justicia en el país.

La ineficacia de las autoridades se combina con la pasividad social. No hay una respuesta a esta epidemia de asesinatos. A pesar de que algunos expresan mucha preocupación y alarma, es muy débil la reacción de la opinión pública. Todo indica que la violencia se está arraigando como un fenómeno social, en alguna forma tolerada. Pero la violencia en la política es particularmente peligrosa. Sobre todo en el momento en que se dará la lucha electoral, cuando las tensiones de esta sociedad agraviada se crispen. Hay que tomar en cuenta lo que dice José Ramón Cossío: “Sólo mediante la política es factible ordenar o al menos canalizar las muchas diferencias de las actuales sociedades… es obligación de los estados proteger cabalmente no sólo a sus habitantes, sino destacadamente a quienes participen en política”.