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El Kremlin autoriza que se le otorgue un pasaporte tras negárselo durante cinco años

Rusia permite al opositor Navalny salir del país, pese a que está en libertad condicional

El político sigue en campaña, aunque está inhabilitado para ocupar un cargo de elección popular

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Aleksei Navalny fue arrestado el pasado 26 de marzo por participar en una marcha contra la corrupción en Moscú. El político opositor al presidente Vladimir Putin cumple sentencia de cinco años en libertad condicional y tenía prohibido abandonar el país, pero ayer el Kremlin sorprendió con la noticia de que le autorizó el pasaporte. La imagen es del 30 de marzo, durante una audiencia en un tribunal de MoscúFoto Afp
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 5 de mayo de 2017, p. 27

Moscú.

El Kremlin y el político opositor Aleksei Navalny mantienen su peculiar pulso, conscientes de que, hacia diciembre siguiente, el registro de éste como candidato para las presidenciales de 2018, al margen de lo que diga la ley, va a depender de una decisión política que sólo puede tomar Vladimir Putin, quien formalmente todavía no ha hecho pública su intención de presentarse a la relección para un cuarto periodo como jefe de Estado en Rusia.

Esta conclusión se desprende de la noticia que despertó este jueves a los rusos de la falta de noticias de política interna en este receso cuasivacacional o de megapuente de mayo –que cada año se da aquí del Día Internacional del Trabajo al Día de la Victoria (en la Segunda Guerra Mundial), nueve días de asueto extraoficial–: Navalny puede salir de Rusia cuando quiera.

El abogado y máximo impulsor del Fondo de Lucha contra la Corrupción, que reveló los detalles de extrañas transacciones que benefician presuntamente al actual primer ministro, Dimitri Medvediev, por ley está impedido para viajar fuera del país, pero este jueves recibió una sorprendente llamada telefónica del Servicio Federal de Migración –la dependencia que extiende los pasaportes de los ciudadanos rusos–, comunicándole que podía pasar a recoger el suyo, documento que le fue negado en los últimos cinco años.

¿Y la ley?, podría preguntar alguien. Más aún que ayer mismo la corte regional de la ciudad de Kirov ratificó la sentencia que condena a cinco años de libertad condicional a Navalny, que formalmente le impide salir de Rusia y ser postulado a un cargo de elección popular hasta 10 años después de haber cumplido el plazo de la condena y, por tanto, se supone que no podría participar en las presidenciales del año próximo.

Navalny ya esperaba ese fallo –por más absurda que sea la acusación en su contra basada tan sólo en el testimonio del director de una fábrica de madera, ahora testigo protegido, que asegura que hace años el político le aconsejó vender más barato la materia prima de lo que valía en el mercado–, y confía en que una instancia judicial superior resuelva en su favor o, si no queda otra, que la Corte Europea de Derechos Humanos dictamine que Rusia debe revisar la sentencia.

En tanto, Navalny prosigue su campaña electoral convencido de que podrá llegar a la recta final: el combate en las urnas contra el candidato del Kremlin, sea Putin o su sucesor designado, aunque también es cierto que la oposición está muy dividida por las ambiciones personales de políticos que restan votos en lugar de sumarlos a una sola causa. Putin, en cambio, necesita más legitimidad que votos.

Curiosamente, la misma encuestadora que hace unos días afirmó que casi la mitad de los rusos no desean que Medvediev siga de primer ministro, resultados que el vocero del Gobierno calificó de simple encargo político, restando seriedad a la caída del índice de popularidad del brazo derecho de Putin, publicó que de haber elecciones esta semana Navalny obtendría no más del 1 por ciento de los votos, pero eso, para los medios de comunicación al servicio del Kremlin, es la pura verdad.

De no representar Navalny ningún peligro, como se pretende, no se entiende por qué ha ido en aumento el acoso en su contra. Hace poco sufrió una agresión al salir de su oficina, cuando un individuo le lanzó al rostro un líquido que le afectó el ojo derecho. Como consecuencia del ataque, Navalny perdió 80 por ciento de la visión en ese ojo y todo indica que necesita un trasplante de córnea. Por recomendación de sus médicos, requiere tratamiento que sólo puede recibir en alguna clínica especializada fuera de Rusia.

A raíz del grave incidente, Navalny siguió recibiendo firmas de apoyo de ciudadanos rusos que quieren que sea candidato en las próximas elecciones presidenciales y la cifra ya se acerca al medio millón.

En ese contexto, en lo que se puede manejar como un magnánimo gesto humanitario que relega a segundo plano la ley que el mismo propició para descalificarlo electoralmente, el Kremlin autorizó que se le expida el pasaporte a Navalny.

El Ejecutivo ruso movió ficha y espera que el político opositor no regrese a Rusia, aunque Navalny sólo desea recuperar la vista y retornar a su campaña electoral. Esta suerte de guerra política no acaba aquí y tendrá, sin duda, nuevas batallas.