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Cerca de 100 mil personas pierden todo

Estragos en varias ciudades de Perú por avalanchas de lodo y desborde de ríos
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Caminos, puentes y viviendas destruidas por el lodo en el distrito de Chosica, en la zona este de LimaFoto Ap
 
Periódico La Jornada
Lunes 20 de marzo de 2017, p. 23

Huarmey, Perú.

Perú intentaba este domingo reponerse de los estragos causados en sus costas por avalanchas de lodo y piedras, así como por el desborde de ríos que golpearon la capital y se ensañaron en la zona norte con inundaciones y bloqueos carreteros.

Huarmey es un lodazal. La pequeña ciudad portuaria, a 300 kilómetros al norte de Lima, está sumergida en una miasma de barro que llegó a cubrir a los pobladores hasta el pecho. Poco a poco se disuelve y permite un lento desplazamiento. Es como quedar preso entre arenas movedizas.

Huarmey es zona de emergencia. Los huaicos (avalanchas de lodo y piedras) siguen activos y lo más triste es que llegan de noche. Necesitamos ayuda urgente, urge agua potable, expresó Luz Castillo a la agencia Afp, detrás de un muro de ladrillos que colocó en la puerta de su vivienda para bloquear el agua.

Esta semana, los huaicos descendieron desde tres quebradas e hicieron rebalsar el río Huarmey, que invadió sin piedad calles y casas de la ciudad.

El último informe del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional del Ministerio de Defensa reporta 75 muertos de enero a la fecha producto de las inundaciones. Se contabilizan también 99 mil 475 damnificados que lo perdieron todo y 626 mil 928 afectados que sufrieron daños menores.

En la ciudad de Piura las calles volvían a anegarse tras el incesante llanto de El Niño Costero, calentamiento del mar frente a la costa peruana que genera alta evaporación y nubes cargadas.

Tras los huaicos y desbordes de ríos que golpearon Lima, cientos de residentes del sector de Chosica, en la zona este de la capital, estaban en carpas instaladas en campos deportivos o colegios, ya que sus viviendas fueron arrasadas por la avalancha.

Poco a poco es restituido el servicio de agua potable, restringido ante la turbiedad de las aguas del río Rímac, difíciles de usar para consumo humano. Pero la amenaza de nuevos desbordes del Rímac es constante. Se desplaza con furia, derrumba puentes, inunda vías y amenaza las casas construidas en su ribera.

Los alimentos y el agua potable escasean en Lima y en el norte de Perú. Desde la madrugada se ven largas filas en calles y parques a la espera de los camiones cisternas. Las clases en los planteles escolares siguen suspendidas.