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Hay pósters, viniles, botones y un boleto del concierto en Pantitlán, entre otros objetos

En Ecatepec, una casa rinde tributo a la banda Los Ramones

El director del sitio (no es un museo) se identificó con los punketos por la realidad económica que proyectaban los pantalones rotos

El 16 de octubre Richie, ex baterista, visitará la residencia

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El acceso al club de tributo, creado por Alejandro Garrido, es gratuitoFoto Yazmín Ortega Cortés
 
Periódico La Jornada
Domingo 9 de octubre de 2016, p. a12

En la cocina, la estufa con enormes pasteles ficticios, disputa atención y espacio con La Ramona, una antigua rocola que en ocasiones llena de punk rock el primer nivel de la casa. En el segundo piso, una batería a medio instalar entre el calentador de agua y un lavadero da la bienvenida a la terraza de la Ramones Casa Club, una residencia –que no museo, enfatiza su director, Alejandro Garido, El Rocka– dedicada íntegramente al cuarteto pionero de punk Los Ramones y creada con el único objetivo de exhibir y mantener la cultura del rock en México.

Oculto entre las colinas de cemento y asfalto de Ecatepec, en la colonia Piedra Grande, se ubica el inmueble cuyos muros invitan al visitante a sumergirse un poco en otro siglo, en tiempos en los que Joey, Johnny, Tommy y Dee Dee Ramone –que fueron, y siguen siendo, héroes de carne y hueso para el fundador del lugar– formaron parte de una banda que contribuyó con su propuesta musical directa, rápida y cruda a la gestación de uno de los movimientos músico-culturales aún vigente: el punk.

De Spiderman a Don Ramón

Viniles de colores –algunos de ediciones únicas, como uno del baterista Marky Ramone en el que canta un tema navideño, y varios más de doble tapa– cubren blanquecinas paredes de las habitaciones, entre ellas la sala, que en lugar de sillones tiene cuatro vitrinas que despliegan pines (¡Antes los llamábamos botones!, exclama El Rocka), vasos, llaveros y cómics, casetes, discos negros en 45 rpm y películas en DVD –todos con imágenes y leyendas alusivas al grupo– y las figuras de Spiderman –superhéroe de Joey– y Don Ramón –personaje de El Chavo del 8, quien por su actitud y vestimenta parece un Ramone”–, dijo Garrido.

En la cocina, el congelador del refri resguarda algunas magazines (cintas magnéticas anteriores a los casetes), mientras los muros, entre gavetas y ventanas, sostienen pósters y carteles enmarcados de los conciertos del cuarteto, así como gafetes que empleó el equipo de producción durante las giras, incluidos los del espectáculo 2 mil 263, último de la banda en Sudamérica, que tuvo como escenario el estadio River Plate de Argentina.

También destacan un flyer y el boleto del concierto en el ex balneario de Pantitlán, en la Ciudad de México, en 1992, además de artículos extraídos de revistas y periódicos. Son más de 2 mil objetos los que se exhiben, comentó Garrido, muchos de los cuales provienen de su colección.

Un volante que anunciaba una tocada de rock fue la vía por la que en su adolescencia Alejandro conoció al grupo liderado por Joey Ramone.

Lo más chistoso, dijo en entrevista, es que no se trataba de una presentación de los de Queens, sino que, porque se veían rocanroleros, les gustó ponerlos en la foto. Los vi y me gustó (de inmediato) su forma de vestir, porque no era complicada: tenis, un pantalón de mezclilla y una chamarra de cuero, y me empecé a vestir así. Lo adopté como forma de vida, explicó.

Con aquel trozo de papel empezó todo: su búsqueda por saber quiénes eran Los Ramones y conseguir su música, que siempre fue lo que más me interesó. Después de comprar su primer disco, se convirtió en “ramonero ciento por ciento. Leía mucho sobre ellos y su forma de vivir me gustaba, porque vivían como uno”, pues en su juventud, detalló Alejandro, se desenvolvió siempre con la presión de (no tener) dinero.

También comenzó a coleccionar objetos alusivos al cuarteto. En México, más en esos años (los 70 y 80), era muy difícil conseguirlos, ya fuera de Los Ramones o de The Beatles, The Rolling Stones, agregó Garrido, quien desde su adolescencia es comerciante en el Tianguis Cultural del Chopo, donde compró su primer pin ramonero.

Después, adquirir piezas sobre la banda fue casualidad, pero los amigos también contribuyeron a su afición. Algunos se fueron a Estados Unidos y me carteaba con ellos. Allá era más fácil comprar cosas. Me mandaban botones, discos. Ahí los conservo. Hoy en día, algunos de sus amigos que tienen posibilidades de viajar fuera del país y que saben de su gusto por la banda, lo sorprenden con algún detalle.

Inspirado por una exposición de objetos de The Rolling Stones en El Chopo, que “fue un hit”, y tras ver fotografías en Facebook sobre el Museo de Los Ramones en Brasil, Alejandro Garrido decidió fundar la Ramones Casa Club, proyecto en el que contó con el apoyo de Arturo Vega, mánager de la banda y artista responsable del icónico logotipo del grupo, a quien, dijo, conoció en el tianguis en 2005, cuando montó una exposición de objetos y fotos de Los Ramones.

El fallecido diseñador mexicano, que nació en Chihuahua y radicó en Nueva York, donó fotografías, discos y playeras a la casa club, que son de las cosas más preciadas que tenemos, porque siempre las entregó en persona; además, la mayoría de los objetos están montados como Vega lo decidió, explicó el fundador del inmueble.

En la habitación, ubicada en el segundo piso, una de las esquinas ha sido reservada a Johnny Ramone, pues en uno de los muros fue plasmada su efigie por la artista plástica Laurie Ramone, y en la parte alta, enmarcada, se exhibe una playera conmemorativa autografiada por el único guitarrista de la banda, quien murió de cáncer de próstata en 2004, la cual fue donada por Vega en una de sus visitas a la Ciudad de México, detalló Garrido.

Instalado en la terraza y señalando la batería, aclaró: “Éste no es un lugar de tocadas, ni de conciertos. Es para que los fans vengan a echar un vistazo. Hay convivios de amigos, pero no son tocadas para lucrar; aquí no es una pulquería o bar. Nada de eso. Es una casa, tal cual, por eso tiene su refrigerador y su lavadero”.

Dormir y despertar con imágenes

Expuso que el plan original era vivir ahí. “Soy tan fan de Los Ramones que pensaba dormirme y despertarme viéndolos”. Así empezó el proyecto del museo, para el que Garrido ha recibido el apoyo de diversos amigos; sin embargo, había desistido al notar que sus visitantes veían el inmueble como un lugar donde pasarla bien.

El plan llevó tres años para verse materializado y hace tres fue inaugurada la casa club con una tocada de la banda YAPS, formada en 1982 en la Ciudad de México, la cual ya está desintegrada y se reunió únicamente para esa ocasión.

Desde entonces, la Ramones Casa Club, que ha sido escenario de bandas mexicanas y extranjeras, y que este 16 de octubre será visitada por el baterista Richie Ramone, ex integrante de Los Ramones, abre sus puertas gratuitamente de martes a domingo, de 14 a 20 horas.

Dicen que para Los Ramones los pantalones rotos fueron una forma de vida, aunque Bon Jovi los comercializó. ¡Y es cierto!, exclamó Garrido. Yo iba (a la escuela) con el uniforme roto por el desgaste, porque no tenía mi mamá pa’ comprarme otro. Esa era la necesidad en la que yo vivía”, agregó.

Ahora veo que hay muchos jóvenes que están pasando la misma situación (económica) que yo. Entonces, es chido darles un respiro, o por lo menos un lugar donde puedan escuchar algo de música sin broncas: la Ramones Casa Club, cuyo único pase de entrada es emprender la escalada al cerro por la calle Morelos, desde el punto conocido como Las Bardas, donde hacen parada las unidades de transporte público.