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Juventud y utopía
S

er joven es, sin duda, pertenecer a un grupo de edad, pero no sólo eso. Implica también compartir una serie de valores e intereses. La juventud se caracteriza por perseguir la utopía y expresar la rebeldía frente a lo establecido. Han sido los jóvenes de todos los tiempos quienes con sus sueños e ilusiones han movido al mundo. Ser joven implica entonces buscar un mundo justo y mejor para todos. Significa tener ideales, pero también ideas. Los jóvenes caracterizan mejor que otros grupos la avidez humana por saber, conocer, vivir y aprender. Al respecto comparto mi opinión en el sentido de que quien siempre está dispuesto a aprender, difícilmente deja de ser joven.

Durante las últimas seis décadas se han registrado grandes cambios en el mundo. Se puede decir que, como nunca, se ha transformado nuestra realidad y se han impactado la vida social, la economía y la organización política de las naciones. La cultura y los estilos de vida son muy diferentes respecto de aquellos que prevalecían a mediados del siglo pasado. Esos cambios han sido generados, entre otros, por los avances de la ciencia, la educación y la tecnología. La inteligencia, el conocimiento, la búsqueda de la superación y las necesidades humanas, son responsables de las transformaciones.

A consecuencia de ello se han modificado las formas de transporte, de comunicación y de información. De igual manera han cambiado la vestimenta, el arte, la música, las formas de entretenimiento y diversión. También han tomado preminencia la defensa de los derechos humanos, el valor que se asigna a la libertad y la democracia, la participación de la mujer en todos los campos del quehacer humano, además de que se ha ampliado el acceso a los beneficios de los avances científicos y tecnológicos.

En esos procesos han intervenido los jóvenes. Ahí están los casos de las repercusiones de sus expresiones de inconformidad. Como ejemplo de esto se pueden citar, entre muchos otros, los movimientos juveniles de 1968 registrados en México, Francia, Estados Unidos y Checoslovaquia; las manifestaciones de Soweto de 1976; el derrumbe del muro de Berlín en 1989 o la organización de los indignados de España en 2011.

En otra dimensión, se puede referir el movimiento jipi de los años sesenta, lucha pacifista para protestar por las formas de conducta y los valores de los adultos, al igual que para inconformarse con la guerra. También conviene recordar a los jóvenes talentosos que en los últimos cuatro lustros transformaron los esquemas de comunicación y crearon la computadora personal, los teléfonos inteligentes, la Internet y las redes sociales, instrumentos fundamentales de la globalización y la virtualidad que contribuyen a la transformación de miles de millones de seres humanos, ahora integrantes de la aldea global.

La desigualdad es un grave problema que afecta a los jóvenes. De muchas maneras, con distintos niveles de extensión y en múltiples áreas de la sociedad, existen brechas que separan a los jóvenes entre ellos y con otras generaciones. El acceso a bienes y servicios, al crédito o a la vivienda, la movilidad nacional e internacional, el ingreso y el empleo, al igual que la asignación del gasto social para los primeros años de la vida y para los últimos días de la misma, son algunos ejemplos de la desigualdad.

El peso cuantitativo de la juventud se puede aquilatar si se recuerda que cerca de mil 200 millones de personas en el mundo tienen una edad entre 15 y 24 años, por lo que representan casi la sexta parte de la población total. En el caso de nuestro país, los jóvenes de entre 12 y 29 años ascienden a 37.5 millones, cifra que significa casi una tercera parte de la población. De igual forma, más de 70 por ciento de los hogares mexicanos tienen al menos a un joven como integrante de la familia.

La estructura demográfica de nuestra población es todavía un gran activo para el desarrollo nacional que no debe diluirse, ya que en un lustro la tasa de dependencia habrá llegado a su punto más bajo e iniciará su incremento. Esta es la razón por la cual se debe trabajar para incorporar masivamente a los jóvenes a los programas de educación media superior y superior, al igual que a los de empleo, vivienda, salud preventiva y seguridad social. Se requiere de políticas públicas orientadas por un enfoque de sujetos plenos de derechos y con los propios jóvenes como interlocutores y actores fundamentales de su devenir. Esta es una necesidad urgente.

Es probable que antes tengamos que responder satisfactoriamente la pregunta que los autores de un pequeño libro planteamos dos años atrás al señalar: por qué, si todo cambia, los políticos y algunos analistas continuamos con los mismos enfoques y programas respecto de los jóvenes. Soy uno de los muchos que consideran que es indispensable contar con acciones integrales, universales y con diseño regional para responder a las necesidades de la juventud.

Hay un proverbio que recuerda que la virtud está en la continencia y no necesariamente en la abstinencia. Por ello ser joven hoy en día implica búsqueda y equilibrio, y demanda entre muchas otras, de la posibilidad de estar conectado sin perder el contacto personal; de enterarse sistemáticamente sin mal informarse; de vivir la virtualidad sin carecer de contacto con la realidad; de estar en la red sin enredarse en sus trampas.

En materia de juventud falta mucho por hacer y es indispensable apresurar el paso. Durante los últimos tres años y medio se ha buscado consolidar lo alcanzado y emprender nuevas tareas. En materia de salud se trabaja para resolver algunos de los asuntos que afectan a los jóvenes. El embarazo infantil y adolescente; los accidentes, la violencia y los suicidios; las infecciones de transmisión sexual incluido el VIH; al igual que el sobrepeso y la obesidad, se encuentran entre los problemas prioritarios de salud.

La educación en salud, la prestación de servicios de salud sexual y reproductiva, las campañas de vacunación y las de comunicación social, junto con la organización de 439 servicios amigables para adolescentes en el mismo número de municipios, adicionales a los mil 55 que existían en 2012, están empezando a dar resultados. La afiliación hasta la fecha de casi 6 millones de jóvenes estudiantes a los servicios de atención médica y de salud del IMSS, es otra muestra del compromiso con la juventud del país. De igual manera conviene tener presente que 13.2 millones de jóvenes de 15 a 29 años están afiliados al Seguro Popular.

Al celebrar el próximo 12 de agosto el Día Internacional de la Juventud, conviene reiterar el compromiso con los jóvenes de México. En todos los sectores de la sociedad se tiene que hacer un esfuerzo por atender sus necesidades. Este es un segmento de la población que representa parte del presente y en el que sin duda radica el futuro del país. De lo que se haga ahora dependerá el porvenir de la nación.

* Secretario de Salud.