Editorial
Ver día anteriorSábado 2 de julio de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Europa: el Brexit y lo que viene
E

l referendo mediante el cual el jueves 23 de junio el Reino Unido dispuso abandonar el proyecto político, económico y ciertamente social conocido como Unión Europea (UE), no sólo causó un previsible revuelo en los mercados financieros internacionales, sino que también generó buena cuota de incertidumbre sobre el equilibrio de poderes en la región y, desde luego, acerca del futuro de la propia UE.

Conocido el resultado de la consulta, parte de los europeístas calificaron de bofetada la actitud británica, reviviendo de ese modo añejas pugnas históricas que desde el largo proceso de conformación de Europa sembraron en la zona distintas variantes de encono. La canciller alemana Angela Merkel definió el alejamiento como un golpe contra el proceso de unificación, en lo que constituye una síntesis bastante aproximada del sentir de la mayoría de quienes encuentran en la noción de europeo más elementos de concordancia que de división.

Sin embargo, aun cuando estuvieron presentes en las distintas etapas que culminaron en la formación de la UE, los británicos nunca se sintieron (ni fueron sentidos como) enteramente europeos. En una de esas etapas, por cierto, tuvieron antecesores en materia de rechazo: en 1982 los habitantes de Groenlandia –que tiene estatus de región autónoma de Dinamarca– celebraron un referendo en el cual ganó la opción de separarse de la Comunidad Económica Europea (base de lo que más tarde sería la Unión), cosa que hicieron en 1985, demostrando que ni siquiera en su época de mayor auge el sueño de una Europa unida era compartido por todos.

A pesar de que buen número de ciudadanos británicos opina que la salida les va a traer más costos que beneficios, los euroescépticos pronostican que el Reino Unido no será el último país en dejar la UE, vaticinio que se encargó de difundir con entusiasmo Nigel Farage, líder del eurófobo Partido Independentista Británico. Del otro lado, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, aseveró que semejante estampida (reacción en cadena, la llamó él en términos más diplomáticos) nunca se produciría.

Aun cuando son conocidos los complicados mecanismos administrativos que será preciso poner en marcha para hacer efectiva la medida votada por la mayoría de los británicos (y que alargarán bastante el proceso), en amplios sectores de la Comunidad no cayeron nada bien las declaraciones del renunciante pero todavía primer ministro inglés David Cameron, según las cuales los trámites para concretar la separación tardarían varios años.

Desde diferentes puntos de la Unión se alzaron voces en demanda de que los recientes ex socios se fueran lo antes posible. Se advierte entonces que las antiguas enemistades que por espacio de muchos años enfrentaron a los europeos entre sí no se han borrado por completo.

Y, por supuesto, una de las mayores inquietudes que sobrevuelan el territorio comunitario (con y sin Gran Bretaña) es la actitud que adoptará Rusia en relación con una Europa debilitada, incógnita que surgió, naturalmente, entre analistas políticos de la parte occidental del mundo. Para el gobierno de Moscú –dicen esos analistas– el resquebrajamiento de la UE significaría una oportunidad para impulsar la formación de una unión euroasiática que incluyera a algunas naciones de Asia. Según ese enfoque, Rusia habría visto con buenos ojos la separación británica.

En 2014 la UE, a instancias de Estados Unidos, acordó llevar a cabo una serie de sanciones contra Rusia, por su presunta pasividad frente al conflicto en Ucrania, siendo precisamente el Reino Unido el principal impulsor de esas penalizaciones. Ahora, con la salida de los británicos de la UE, tales medidas difícilmente serán llevadas a cabo, lo que representa una buena noticia para el gobierno encabezado por Vladimir Putin, a quien por cierto Cameron acusó de apoyar el Brexit.

Sin embargo, el canciller ruso, Serguei Lavrov, interrogado sobre si su país se alegraba con el Brexit, se limitó a decir con seco humor: Lo siento, no comento casos médicos.