Opinión
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El despertar

Un gobierno peor del que merecemos

U

n sudario de gases y partículas tóxicas cubren la ciudad. Los capitalinos padecen cada día varios signos de la ineptitud y la corrupción de las autoridades y los abusos de las empresas. Los daños aparecen claramente en las estadísticas, pero son vividos de modo cotidiano y de ahí se explica la pérdida del prestigio de las instituciones y el aumento de la inconformidad. Observemos con la mayor objetividad que sea posible algunos síntomas.

Por ejemplo, la situación económica, la caída del precio del petróleo a un nivel de 30 dolares por barril reduce los ingresos del gobierno y obliga a la devaluación del peso; esto produce inflación y ésta carestía. Lo que un trabajador podía comprar con el mismo sueldo hace dos años hoy tiene un detrimento de 15 o 20 por ciento. No es de sorprenderse que la popularidad del Presidente caiga 13 puntos en tres meses (Buendía & Laredo 14/3/16).

Tomemos el hecho de que se decretan contingencias ambientales. Se prohíbe que circule 7 por ciento de automóviles cada día. No sólo es el efecto en el ardor de garganta o el lagrimar de los ojos, el peligro de muerte para adultos mayores o bebés. O que no podamos salir a los parques y hacer ejercicio. Son las innumerables molestias que padecemos. Por el pésimo servicio del transporte público: una sensación abrumadora de rabia contenida. No puede sorprender que el Presidente caiga a una aprobación de 32 por ciento y que lo repruebe 56 por ciento. El gobierno federal no ha aplicado la ley para favorecer a las grandes empresas contaminadoras.

Hay quienes pudieran pensar que las concesiones cada vez mayores a los poderes externos y a los inversionistas privados no tienen efectos negativos. Error. En las encuestas las reformas, las privatizaciones, la venta del país son causas directas del repudio a EPN, casi en el mismo rango que el desempleo y la reducción del poder de compra.

El gobierno ha pensado que poco a poco se olvidaría Ayotzinapa. Pero es una cuenta que tendrá que pagarse. La CIDH ha cuestionado al gobierno mexicano no sólo por haber hostilizado a los investigadores internacionales del tema, sino por la incapacidad de reaccionar con inteligencia a las denuncias en materia de derechos humanos. En las encuestas aparece que la violencia y la impunidad son causas del desprestigio del régimen. El pueblo está cada vez más consciente de que no vivimos una crisis pasajera, sino una decadencia y que la causa está en que tenemos un gobierno mucho peor del que merecemos.

Twitter: @ortizpinchetti