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El escritor publica A wevo, padrino en Ediciones Era

El trabajo con la forma es la esencia de la labor literaria: Mario González
 
Periódico La Jornada
Lunes 21 de diciembre de 2015, p. 7

El escritor Mario González Suárez (Distrito Federal, 1964) asegura que una cultura es su lengua; por eso en su novela A wevo, padrino, publicada por Ediciones Era, sobresale la voz del narrador, construida desde una oralidad particular para contar una historia de narcotráfico.

En el novela, un taxista narra su vida en Mazatlán. Es casado y tiene una hija, pero un mal día le toca encontrarse con su destino cruel y sin querer acaba en el mundo sin salida del narcotráfico. El autor emplea un lenguaje fonético para que el lector capte la pronunciación de las palabras.

El trabajo con la forma constituye la esencia de la labor literaria. La voz del narrador está construida desde una oralidad; el lenguaje oral tiene una energía que no tiene el lenguaje escrito. Hay una transmutación del lenguaje oral al escrito, sin perder la energía, la afirmación, explica en entrevista el autor y director de la Escuela Mexicana de Escritores.

En la novela, cuya primera edición se publicó en 2008 en Random House Mondadori, el protagonista emplea el argot de la delincuencia, siempre florido, lenguaje de la delincuencia construido no sólo de los modismos de Sinaloa, sino de formas de hablar en la cárcel.

El escritor, ganador de los premios nacionales de literatura Gilberto Owen y José Fuentes Mares, expresa que A wevo, padrino es una novela dedicada a la figura del hijo, que complementa la trilogía que explora la familia mexicana. Los anteriores libros son De la infancia, historia sobre el padre, y Faustina, en torno a la madre.

González Suárez señala que “el tema de la superficie es una novela de narcos y por abajo es una indagación de cómo el narrador llega a ser quien siempre ha sido, después de vivir una serie de situaciones azarosas que lo llevan al sitio al que pertenece.

“La primera mitad de la novela el narrador quiere huir de estos sujetos que lo secuestran hasta que llega un momento en que eso deja de tener sentido, y en la segunda parte su propósito es matar a El Cuéllar. Él va a descubrir su destino en esa historia y al final no le queda más que asumirlo.”

La historia de A wevo, padrino está ambientada en Mazatlán, en una época en la que “el narco estaba súper prendido. Hace como cinco años la situación era terrible”, indica el autor, quien basa su novela en lo que escuchó durante sus múltiples viajes a esa ciudad. Todo lo que se cuenta en el libro es mucho de oír, de datos que se publicaron en los periódicos; para mí, lo más importante al narrar es la subjetividad de quien cuenta.

A partir de la idea de que la narrativa es un género de sobrevivientes, porque el que relata es vive para contarlo, en A wevo, padrino el protagonista tiene una energía particular, es alegre, independientemente de las cosas terribles que le suceden.

El narrador tiene esta energía que le permite contar lo que sea y en eso se revela también el carácter y la subjetividad del narrador, explica el escritor.