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Fueron 25 cuadros que propiciaron suspiros de nostalgia y encendieron la imaginación

La Compañía Nacional de Danza llevó de viaje a grandes y chicos al mundo mágico de Cri-Cri
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Los arreglos de Eugenio Toussaint a los temas del Grillito Cantor fueron el complemento del colorido vestuario y baile de la CNDFoto Notimex
 
Periódico La Jornada
Lunes 3 de agosto de 2015, p. a13

El Grillito Cantor hizo otra vez de las suyas, y a su conjuro miles volvieron a la infancia, mientras otros, los más pequeños, se asomaron al mundo mágico que imaginó Francisco Gabilondo Soler.

Con una escenografía de corte expresionista, dos amplias escalinatas de color gris al centro del majestuoso escenario del Auditorio Nacional, los tramoyistas enviaron a la bodega el viejo ropero de la abuelita para dar nueva vida a la obra de Cri-Cri.

Con fluidez, la Compañía Nacional de Danza (CND) presentó por octavo año consecutivo una secuencia de 25 cuadros que propiciaron suspiros de nostalgia en unos y encendieron la imaginación entre sus descendientes.

De la tonadilla clásica que inquiere saber ¿quién es el que anda ahí? a la remembranza de la vocación marinera del genial compositor, Cocuyito Playero, abuelos y su descendencia se deleitaron con los arreglos musicales del desaparecido maestro Eugenio Toussaint, contexto perfecto para el colorido vestuario que dio nueva vida a las venerables canciones del orizabeño.

Fueron 60 minutos

La cortedad de la presentación, apenas unos 60 minutos, fue elogiada por Jorge Tejeda, director escénico en escuelas del gobierno de la ciudad de México, pues recordó que de niño, cuando vio la película Fantasía, salió aburrido por la larga duración de la cinta.

Al referirse al espectáculo dominical en el magno recinto de Chapultepec, señaló que fue de calidad y elogió el vestuario, diseñado por quienes considera los mejores sastres de teatro de México: los de Bellas Artes.

Los cuadros inspirados en el amplio repertorio de Gabilondo Soler no representaron lo que algunos consideran sus canciones clásicas. Por ejemplo, Javier Santa Cruz dijo que faltó La Patita, pero eso no impidió que el elenco de la CND aprovechara la propuesta para desplegar sus dotes histriónicas como en La merienda, en la que el chamaco consentido hace gala de su técnica mímica para sacar de sus casillas a las mucamas de severo vestido negro, delantal y cofia blancos, que acentuaban la vibración del colorido vestuario del resto de los bailarines.

El ritmo cumbanchero llenó el amplio espacio con tres temas alusivos a la negritud costeña, como el chamaco que decía picardías, o el muy bailarín, o la que se fue a bañar al mar para que la espuma de las olas le blanqueara su carita.

Versiones tropicales, españolas...

Intercalados entre los cuadros, los temas de Cri-Cri en versiones tropicales, españolas, de swing y la clásica rúbrica, aparecieron el chinito Chong Ki-Fu, el camello Jorobita y La muñeca fea, espléndidamente interpretada con la técnica clásica de Agustina Galizzi, sin menoscabo del virtuosismo de Mayuko Nihei en uno de los cuadros finales, que incluyó La marcha de las canicas, que saltaron escalón por escalón sin ton ni son, libres y locas. Hizo falta la voz de Cri Cri, dijo un padre de familia. Faltó escenografía, aseguró la señora Luz, que llevó a su hijita Victoria, de cuatro años.

A mí me gustó el gato, afirmó el pequeño Sebastián, mientras su hermana Scarlet se inclinó por el perrito. En cambio a Paola, la madre de ambos, le gustaron los pasos de ballet.