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El escritor y académico acaba de publicar Pozos, con Era/UNAM

Hoy día generamos mucha basura conversacional: Ruisánchez

Componen el libro fragmentos biográficos, que se organizan y entrelazan, aunque no todo es confesional, reconoce en entrevista

 
Periódico La Jornada
Lunes 6 de julio de 2015, p. 9

Monologamos más y conversamos menos que nunca. La escucha se ha perdido, sostiene el escritor José Ramón Ruisánchez (DF, 1971). El profesor de literatura latinoamericana y teoría literaria en la Universidad de Houston recuerda que en un Inventario de hace más de 30 años “José Emilio Pacheco ya decía que no es lo mismo conversar que hacer un esfuerzo intelectual, lo que hoy llamaríamos chatear.

Mandar mensajes de texto, la urgencia de existir mediante 140 caracteres en Twitter, publicar en Facebook cosas que a nadie pueden interesar... generamos mucha basura conversacional sin lograr el diálogo real, que tiene que ver con cariño, interés sostenido, uso de la inteligencia y la cultura; de eso hablaba José Emilio Pacheco, quien, con mucha agudeza, se dio cuenta de que hablar no es necesariamente conversar.

Pozos (Ediciones Era/UNAM, 2015), el libro más reciente de Ruisánchez, está pensado como una conversación o ensayo para armar. Está compuesto por pequeños escolios o notas, que para el entrevistado es el género que más se le acerca y que no tenemos en México; existe en Francia como récit. Es decir, un ensayo más libre, como estas conversaciones de amigos en las que es posible volver a temas que se han dejado atrás hace algunos años.

Ruisánchez lo encuentra, por ejemplo, en “los libros tardíos de Sergio Pitol. El arte de la fuga me parece un ejemplo excepcional de este tipo, digamos, de ensayo suelto, conversacional, a diferencia de un ensayo de índole más académico, que se publica tal vez como prólogo”.

La lectura de Pozos forma un ensayo, ya que muchos de los fragmentos biográficos, incluso de ficción, porque no todo es confesional y rigurosamente verdadero, e imágenes de toda índole, se combinan y se entrelazan. El libro está organizado en nueve capítulos temáticos, aunque no fue escrito de esta manera.

En cada capítulo hay un poco de pimienta, un poco de sal; entonces, aparece un poquito de Freud o algún amigo. En todos hay, desde luego, un ejercicio, o más, de admiración hacia escritores que he leído. Entonces, los capítulos mezclan estos temas.

Ruisánchez explica que todo empezó gracias a una invitación de Ediciones Era para participar en el libro Trazos en el espejo, realizado en homenaje a las autobiografías de José Luis Cuevas, Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, publicadas en 1966, que después serían autores muy conocidos. También en algún momento la revista Letras libres convocó a algunos jóvenes autores a escribir una autobiografía. Estas fueron del gusto de la editorial, que las completó con un grupo hasta de 15 autores.

“El libro me obligó a escribir un texto que no sabía cómo abordar, una autobiografía breve. Decía: ‘bueno, no soy lo suficientemente viejo para escribir unas memorias. ¿Qué hago?’ Eso me llevó a descubrir un tono fragmentario, a recordar cosas; esa fue la semilla de Pozos.”

Estas conversaciones fueron escritas en paralelo a sus libros académicos y artículos especializados, con la diferencia de que están dirigidas a un público más amplio.