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De nuestras Jornadas

Estudiantes, la luz al final del túnel

L

os jóvenes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) han puesto nuevamente el ejemplo en los procesos de conducción de las instituciones de este país. Ahora rechazan a los directores formales que les mandan del centro y de arriba, y critican dos elementos: el manejo antidemocrático y la impunidad. Los ciudadanos estamos excluidos de las decisiones más importantes de la vida pública en cualquier sector y por desgracia no ha habido respuesta civil a esa exclusión, al menos, respuesta exitosa.

La corrupción campea en todos los rincones del Estado y es tolerada por los diferentes actores institucionales. Sin embargo, el rechazo expreso y decidido de los estudiantes a la imposición de autoridades con antecedentes de corrupción se vuelve ejemplar ante el magma de pasividad ciudadana. Los jóvenes dan muestra de qué hacer, de cómo enfrentar la inercia de esta crisis ética y política que nos está despeñando.

En la lucha que recién pasó, los alumnos del IPN decidieron en favor de la calidad y, algo que continúa, la exigencia de democratizar los procedimientos y criterios para tomar decisiones en el instituto. Banderas justas e inteligentes. Es el anuncio de que el movimiento no ha desaparecido con el levantamiento del paro, sólo se trasladó de escenario; y también avisa sobre las exigencias irrenunciables de su futuro congreso: democracia, calidad y transparencia para el IPN. Justamente las banderas que el resto de las instituciones de la nación necesitan.

Los procesos electorales que vienen en algunos meses deberán servir para el apalancamiento de esos estandartes; en la revisión contractual en la Universidad Autónoma de Zacatecas se deberá exigir lo mismo: quitar a los funcionarios corruptos y democratizar los órganos de gobierno. En los órganos de planeación del desarrollo del estado y en el propio Legislativo, lo mismo. Entonces, si es común la bandera, ¿por qué no armar una coordinadora ciudadana alrededor de ella? Con la autoridad moral que tienen los jóvenes estudiantes bien podrían llamar a actores sociales, institucionales y civiles a insistir juntos en la democratización, la transparencia y la calidad de todas las instituciones del Estado.