Opinión
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Apuntes postsoviéticos

Tiempos difíciles

C

oncluido el periodo de bonanza petrolera que generó una engañosa estabilidad, la economía de Rusia –en alto grado dependiente de los ingresos por la venta de hidrocarburos: más de la mitad del presupuesto federal– atraviesa el momento quizás más delicado desde que Vladimir Putin gobierna este país, durante ya casi una década y media.

La recesión, pronosticada para 2015, está a la vuelta de la esquina, mientras el rublo continúa en caída libre, se incrementa la fuga de capitales, se dispara la inflación, aumenta la carga fiscal, se recorta el gasto social y se congelan los salarios, entre otros rasgos negativos.

En ese contexto, el mensaje anual que Putin presentó esta semana ante los miembros del Parlamento ruso defraudó las expectativas. En su discurso de hora y cuarto no mencionó una sola vez las palabras que están en boca de todos los rusos, como crisis, inflación, petróleo o corrupción.

Para Putin los tiempos difíciles que vive Rusia son consecuencia de una agresión foránea y la devaluación del rublo sólo se debe a los especuladores. Sin negar que las sanciones occidentales afectan, hay otros factores que causan mucho más daño, como la decisión de la OPEP de no reducir la extracción de crudo, lo cual empuja los precios hacia abajo para no hacer rentables los hidrocarburos de esquistos en Estados Unidos y no para desequilibrar el presupuesto ruso.

El titular del Kremlin eludió asumir la responsabilidad por formular un programa de medidas concretas para enfrentar la inminente recesión. Hizo ofrecimientos inviables –que con matices ya había hecho y el mismo resultado: nulo–, como anunciar una amnistía para los capitales que acepten regresar a Rusia, sin pagar impuestos ni tener que responder cómo se obtuvieron.

Ilusoria propuesta cuando el Estado obliga a mantener el dinero en un banco y en caso de que éste quiebre garantiza sólo la devolución del equivalente de 13 mil dólares, aparte de que los capitales salieron en condiciones mucho menos graves que las actuales.

Para el primero de enero siguiente está previsto el incremento de las asignaciones de 5.1 por ciento de todo salario al fondo del seguro médico obligatorio, comienza a aplicarse el impuesto sobre bienes raíces ajustado al valor catastral, similar al de mercado, aumentan los aranceles e impuestos, así como el pago por el uso de los recursos forestales y acuáticos.

Son medidas anteriores al discurso de Putin, insuficientes cuando el presupuesto para el año próximo se elaboró con base en una cotización de referencia del petróleo muy superior al precio actual.

Proponer no subir los impuestos durante cuatro años no es más que un gesto populista. Primero, debido a que el Parlamento aprobará la propuesta después de que entren en vigor las subidas. Segundo, porque en 2018 habrá elecciones presidenciales.

Y Putin, al no hacer la más mínima autocrítica en su mensaje anual, se postuló ya como candidato a la relección, para un cuarto periodo presidencial de seis años.