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Elementos de la policía ministerial detienen a cuatro supervisores de tránsito

El jefe de la policía de Iguala clonaba patrullas para trabajitos especiales

El operativo del gobierno estatal para buscar a los normalistas desaparecidos, puro teatro: regidora

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En el operativo que emprendió el gobierno estatal para tratar de encontrar a los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, ayer tocó el turno al municipio de TepecoacuilcoFoto Reuters
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Periódico La Jornada
Sábado 4 de octubre de 2014, p. 8

Iguala, Gro.

Felipe Flores Velázquez, secretario de seguridad pública de este municipio, era famoso, entre otras cosas, por clonar las patrullas de la policía municipal para que sus elementos pudieran realizar trabajitos especiales. Hoy, la policía ministerial de Guerrero encontró tres de esos vehículos en los terrenos de la feria: dos tenían número (025 y 007) y otro no. Los tres carecían de placas. Los números no coinciden con los que estudiantes de la normal de Ayotzinapa identificaron como aquellos a los que fueron subidos sus compañeros la noche del viernes, hace ya una semana (017, 018, 020, 022 y 028, según el resumen del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan),

No era la primera vez que Felipe Flores –quien, según dice un funcionario estatal, inició carrera como “oreja de inteligencia militar”– ocupaba un cargo en la policía de Iguala. Más de uno le dijo al alcalde José Luis Abarca que no lo nombrara, porque no era de fiar, pero él se empeñó en hacerlo.

Flores es además primo y compadre del presidente municipal. Pero al parecer el parentesco es lo de menos. Todos los alcaldes de la región Centro y de la Tierra Caliente son rehenes de la delincuencia organizada, dice un ex funcionario municipal. Agrega que en las campañas –a él mismo y su candidato les ocurrió– lo común es recibir una visita que anuncia: Los vamos a apoyar. Nomás nos tienen que dar seguridad pública, reglamentos y tránsito. En el caso de la presente administración municipal no fue reglamentos, pero sí protección civil, según informa el ex funcionario.

Aprehenden a cuatro

El único detenido hasta ahora –aunque según la prensa local ya fue liberado– es Uziel Peralta, titular de la dirección de Tránsito. Hoy, la Policía Ministerial cayó sobre el palacio municipal para llevarse a cuatro supervisores de esa corporación, lo que provocó que la tropa bloqueara brevemente una avenida, exigiera y consiguiera una reunión con el cabildo y presentara una denuncia ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

Los detenidos fueron identificados como Crescencio El Tequis Miranda, Arturo Salgado, Enrique Mejía y Francisco El Chiquis Ocampo.

El operativo ocurrió de mañana y los empleados del ayuntamiento salieron despavoridos. Algunos incluso dejaron abiertas las puertas de sus oficinas.

Es posible que el gobierno de Ángel Aguirre sea de reflejos lentos en algunos casos, pero no en materia de estampado de playeras. Los mil 800 servidores públicos –todos empleados de confianza– que participan en la búsqueda de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos portan camisetas blancas que en la espalda llevan la etiqueta #HastaEncontrarlos. Los funcionarios han recorrido en estos días todas las colonias de Iguala, además de cabeceras y comunidades de los municipios vecinos. Hoy fue el turno de Tepecoacuilco y Huitzuco de los Figueroa.

El despliegue policiaco que acompaña a los rastreadores de Ángel Aguirre –encabezados por secretarios, subsecretarios y directores– permite que los visitantes se sientan seguros.

A mediodía las calles lucirían vacías, dado el calorón, de no ser por el trajín de los empleados que van casa por casa, a la manera de un censo.

“¿Hablar? Aquí hay tres días de la semana que la policía municipal se encierra para que la maña actúe. Esos días nadie sale en la noche”, dice un habitante de Huitzuco.

Los buscadores del gobernador no dialogan con los vecinos que visitan. Simplemente entregan una hoja con las fotografías y nombres de los 43 jóvenes y piden que si saben algo llamen a los teléfonos inscritos ahí, al lado de la oferta de un millón de pesos por información sobre el paradero de cualquiera de ellos.

El trabajo de los empleados de honorarios ha sido completado con cateos de algunas casas –incluyendo las propiedades del alcalde con licencia– y la búsqueda en los cerros por corporaciones estatales y federales (Marina y Ejército, que realiza además patrullajes constantes).

Puro teatro, dice la regidora Sofía Mendoza, viuda del dirigente de la Unión Popular, Arturo Hernández Cardona, levantado, torturado y asesinado hace año y medio.

Confirma la regidora que las corporaciones oficiales han peinado los cerros al poniente de la ciudad, incluyendo, paradójicamente, una colonia que lleva por nombre Sol Azteca. En sus testimonios, los estudiantes de Ayotzinapa han dicho que los policías municipales amenazaban, mientras subían a sus compañeros a las patrullas: los vamos a llevar al Sol Azteca.

En esa zona de la ciudad, en abril y mayo pasados, fueron halladas, tras una denuncia anónima, varias fosas clandestinas y los restos de 30 personas.

La búsqueda llegó incluso al tristemente célebre Pozo Meléndez (o Boca del Diablo), camino a Taxco, donde las fuerzas de seguridad del Estado arrojaron a sus infortunadas víctimas durante la guerra sucia de los setenta.

Mientras el gobernador Ángel Aguirre anunciaba juicio de procedencia contra el presidente municipal con licencia y orden de aprehensión contra Felipe Flores (en la misma conferencia de prensa en la que su procurador, Iñaki Blanco Cabrera. decía que este sábado 4 dará los nombres de los presuntos responsables del ataque a los normalistas), a la alcaldía comenzaban a llegar ciudadanos que se quejaban de abusos de la policía ministerial. Un grupo de jóvenes se presentó ante los regidores para decir que les cayeron encima en un taller de reparación de motocicletas, los encañonaron y les robaron sus carteras.

“Es que ese taller es de la maña, pero ahora agarran parejo”, suelta una empleada del ayuntamiento cuando se entera de la queja.

Algunos, como ella, no extrañan al alcalde Abarca, quien solicitó licencia el martes 30 de septiembre, cuando su destino ya estaba sellado. Un día antes habló con varios de sus allegados para agradecerles la ayuda que prestaron a su breve carrera política, y terminó las conversaciones con tres palabras: Gracias y adiós.