Opinión
Ver día anteriorSábado 12 de julio de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Foro de la Cineteca

Borgman

J

uegos divertidos. Luego de una trepidante cacería humana comandada en un bosque por un sacerdote y dos ayudantes, y cuya presa es Borgman (Jan Bijvoet), un misterioso vagabundo barbudo, el espectador entra de lleno en una no menos extraña coproducción de Bélgica, Dinamarca y Holanda, con fuertes dosis de humor macabro y una sátira hacia las sociedades de bienestar nórdicas.

Borgman, octavo largometraje del neerlandés Alex van Warmerdam, convierte a su personaje central en el invitado incómodo de un hogar burgués que le da refugio, y cuyo equilibrio familiar amenaza y subvierte con malicia. Las reglas de la hospitalidad nórdica tienen sin embargo límites: no se aplican aquí ni a las minorías raciales ni a las personas menesterosas. Por una razón inexplicada, Marina, la esposa del muy intolerante Richard, accede a proteger clandestinamente al invasor impertinente. Ese es el inicio de una pesadilla protagonizada por ocupas estrafalarios, compañeros de Borgman y posibles miembros de alguna secta, que sin escrúpulos intentarán someter a toda una familia.

A lo macabro de una trama que incluye asesinatos gratuitos con cadáveres cuyas cabezas son colocadas en cubos de cemento y lanzadas luego a un lago, se añade un hábil manejo del absurdo y pistas falsas que el realizador no cierra jamás, para mayor perturbación de los espectadores. Borgman, suerte de ángel maligno pasoliniano (Teorema en clave más sádica que libertaria), o de vengativo pordiosero resentido, o de asesino en serie o de mutante estrafalario, es el protagonista de una picaresca social en definitiva inofensiva. Seduce a los tres niños de la familia narrándoles cuentos fantásticos antes de dormir, se deja bañar y acicalar por una esposa insatisfecha que no le despierta mayor interés sexual, evita sin dificultad ser descubierto por el esposo, y cambia de apariencia como un prestidigitador camaleónico.

Después de algunas escenas espeluznantes realmente inspiradas (los cadáveres erizados en el fondo del lago, por ejemplo), lo que sigue es una acumulación de gags esforzadamente ingeniosos. Imposible no pensar en el humor negro de una comedia belga más redonda, Sucedió cerca de su casa (C’est arrivé près de chez vous, Rémy Belvaux 1992), con un Benoît Poelvoorde destilando siempre perversidad e ironía. Con todo, Borgman es una cinta ágil, maliciosa y muy entretenida. La obra de un realizador notable, poco conocido en México, cuyo humor cáustico goza de una gran popularidad en los países nórdicos.

Se exhibe en la sala 1 de la Cineteca Nacional. 16 y 21 horas.

Twitter: @CarlosBonfil1