Opinión
Ver día anteriorMartes 17 de junio de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Defender o condenar, dilema de la CDHDF

Una ombudsman con compromisos

L

a polémica construida alrededor de lo sucedido en el salón Digna Ochoa de la Comisión de Derechos Humanos del DF exhibe un par de problemas que deberán atenderse de manera inmediata.

Primero, la manifiesta incapacidad de la señora Perla Gómez para dirigir una institución del tamaño político de la Comisión de Derechos Humanos del DF puso en peligro, se diga lo que se diga, la integridad física del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. Si tal hecho no es importante y la relación entre el gobierno de la ciudad y los funcionarios de la CDHDF no sufrió ningún cambio, debemos suponer que los agresores también serán perdonados.

Mala cosa para todos. Para conservar esa buena relación, la Comisión de Derechos Humanos del DF, es decir, su presidenta, determinó condenar la actuación de los muchachos, que no dejaron concluir su discurso al jefe de Gobierno. Cuestión imperdonable en cualquier ombudsman, porque estaban allí invitados por la CDHDF que ahora los condena.

Y la pregunta salta: si sabían que esos jóvenes se iban a manifestar, si ya conocen de sus niveles de violencia, si cuentan con todos los elementos para prevenir una agresión como la que sufrió Mancera, ¿por qué los condena? La puerta de salida parece dar al precipicio, porque si además el único argumento que se tiene en la comisión para tratar de minimizar el hecho es aquello de que los salones de la institución son un espacio libre, la situación, les avisamos, se repetirá una y otra vez hasta que algo muy grave suceda, y sólo los muy valientes se atreverán a ir a esos lugares sin temor a ser agredidos.

El gobierno de la ciudad debe pensar, una y otra vez, cuál tendrá que ser su relación con la CDHDF, o mejor dicho con la señora Perla Gómez, que podría perder el apoyo del gobierno de la ciudad y quedar sin nada, porque después de su condena a la agresión ya no tiene el respaldo de la gente, que requiere un ombudsman sin compromisos.

Todo eso debe ser preocupante para las autoridades, porque un ombudsman sin la confianza plena de la gente no le sirve a nadie. Así como una comisión al servicio de algún partido político resulta nefasta para una mejor convivencia en la ciudad, también lo es la que culpe a cualquiera con tal de salvar su relación con el gobierno.

En todos los ámbitos se sabía que era muy dudosa la capacidad de la señora Perla Gómez para poder con el paquete que significa la CDHDF: sin experiencia, sin idea de los intereses que luchan en las calles de la ciudad para hacerse predominantes, sin mucho apoyo de quienes han trabajado desde las trincheras de las ONG para proteger los derechos humanos, esta presidenta tomó las riendas de la comisión y la encamina al precipicio. Ojalá y antes de que eso suceda considere bajarse de la carreta.

De pasadita

Una de las calles que hasta hace poco mantenía una circulación fluida, en la que aún no ha llegado el carril para los bicicleteros, ahora está lenta y problemática. Resulta que la calle Medellín, desde Insurgentes hasta Viaducto, tiene ahora serios problemas. Frente al mercado que lleva el nombre de la calle, un taller mecánico, y los camiones de siempre, ahogan la circulación, sin que ninguna autoridad los ponga en orden.

Y por si fuera poco, luego de Baja California, otro taller mecánico también bloquea uno de los carriles y hace que la circulación se vuelva espesa, y si esto tampoco fuera suficiente, antes de llegar a Viaducto una patrulla de la policía se roba otro carril, y pasar por allí se vuelve casi imposible. Total, donde la policía debería estar, ni sus luces, y donde no debería estorbar, allí merito se pone. Ya hay que poner orden, ¿o no?