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Vivaldi es una fiesta
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Max RichterFoto Deutsche Grammophon
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Imagen tomada de la aplicación para tableta electrónica
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Max Richter, Daniel Hope y la orquesta, en BerlínFoto Deutsche Grammophon
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Periódico La Jornada
Sábado 7 de junio de 2014, p. a16

Jamás imaginó don Antonio Lucio Vivaldi (1678-1741), conocido en Venecia como El Cura Rojo, que la composición que hizo para ser interpretada por las niñas huérfanas del Ospedalle de la Pietá, en Venecia, sería, tres siglos después, motivo de baile y alegría para jovencitas como Astrid Arellano, quien baila, hace hula hula, sonríe, se carcajea cuando escucha al compositor alemán Max Richter gritar Ja!, de manera semejante como gritan los roqueros yeah! mientras él mismo acciona un sintetizador Moog y cambia el ritmo de manera semejante a como los díyeis ponen a hervir las estancias durante las fiestas de los chavos hoy día.

Las Cuatro Estaciones Recompuestas por Max Richter se titula el álbum doble nacido como consecuencia del éxito abrumador del original Recomposed by Max Richter, que dio a conocer el Disquero en México (http://goo.gl/RNuWK5) y ahora con mucha más música nueva alrededor de ese ejercicio fascinante de re-composición que hizo este músico de tenis Converse y traje formal que se mueve como rock star en el escenario junto a Daniel Hope, uno de los mejores violinistas del mundo y la Konzerthaus Kammerorchester Berlin, todos dirigidos por André de Ridder.

En paralelo, el sello cibernético Touch Press lanzó su tercera y fabulosa aplicación para iPad: Vivaldi’s Four Seasons, con el material del disco que hoy aquí reseñamos.

La jovencita Astrid no sale de su asombro: brillan sus ojos cuando ve a la orquesta vibrar en la pantalla del iPad, representada por círculos con el nombre del director, el solista y los distintos instrumentos y cuando sostiene con el índice alguno de esos círculos, la viola por ejemplo, el sonido de todos se calla y queda la viola sola cantando y así otros procedimientos interactivos que convierten al escucha en un músico más de la orquesta e incluso en un compositor que, como Max Richter, elabora materiales nuevos a partir de los existentes, que fue lo que él hizo con Las Cuatro Estaciones de Vivaldi: desbarató la obra y la volvió a construir, como una obra de su autoría.

Esta fabulosa app contiene un titipuchal de materiales. Para empezar, la versión original de Vivaldi, luego la de Max Richter y un apartado enorme de textos, videos y otros recursos transmedia con la historia del compositor italiano y la del alemán, además de contextos históricos y analíticos de la obra original y la de Richter. Los antecedentes a esta app son: Beethoven’s 9th Symphony, The Orchestra y The Liszt Sonata, los cuales confirman nuestra entrada a una nueva era, donde la música sigue formando parte de nuestras vidas pero de una manera más intensa todavía.

El compositor Essa-Pekka Salonen (Helsinki, 1958), por ejemplo, dejó la batuta titular de la Filarmónica de Los Ángeles a Gustavo Dudamel para dedicarse a escribir música, cosa que hace en una iPad.

La aplicación vivaldiana complementa, entonces, el álbum doble de Max Richter, cuyo volumen uno contiene 22 tracks, los primeros 13 de los cuales corresponden a la obra de Richter que ya habíamos reseñado, en el disco anterior, pero los siguientes nueve tracks son una fascinación sin fin.

Los cortes 14 al 18 reciben el título de Electronic Soundscapes by Max Richter y enriquecen el concepto ‘‘paisaje sonoro” con la utilización de un aparato antediluviano si tomamos en cuenta los avances cibernéticos de hoy. Se trata de un sintetizador Moog, el que inventó el ingeniero Robert Moog (1934-2005) a principios de los años 60 del siglo pasado y que popularizaron varios genios de la música, en primer lugar don Walter Carlos (Rhode Island, 1939), quien intervención quirúrgica mediante se convirtió en doña Wendy Carlos y siguió grabando discos hiperrecomendables. Otro gran artífice del sintetizador Moog es el maestro Isao Tomita (Tokio, 1932) cuya versión de Snowflakes are dancing convierten la música de Debussy en un ensueño mayor.

La manera como Max Richter utiliza el sintetizador Moog es asombrosa. En sus paisajes sonoros escuchamos canto de aves, sonidos de la naturaleza y otros elementos paisajísticos que conforman atmósferas de encanto y fascinación.

Y a partir del track 19 empieza la fiesta: Las Cuatro Estaciones sonando cual díyei, en una reunión de chavos alegres, felices y contentos, así nos ponemos todos cuando suena esta música donde hasta el mismísimo Prete Rosso se pone a brincotear junto a nosotros y canta y grita Ja! En alemán (yah!) y luego yeah! Y sonríe y baila y se carcajea en contrapunto con Astrid y todos los jóvenes que abren las entendederas a la música de concierto sin prejuicios ni complejos, sino con toda la alegría de vivir.

Larga vida al Cura Rojo.

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