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El cabaret ubicado en la colonia Obrera celebra 64 años de ser almacén de historias

Cuelgan en el Barba Azul retratos de su voluptuosa vida nocturna

Hoy se abre al público la exposición fotográfica de Mayra Martell, quien se declara fan de las damas que cobran a tanto la pieza

Es gente valiosa que merece un reconocimiento, afirma

Foto
Mayra Martell (la tercera, de derecha a izquierda) posa junto al personal del Barba AzulFoto cortesía de la fotógrafa
 
Periódico La Jornada
Sábado 17 de mayo de 2014, p. 7

Los remanentes de aquella vida nocturna que tuvo la metrópolis hace medio siglo serán exhibidos en uno de los sitios primordiales de esos años.

La vida de los llamados caberets y sus voluptuosas inquilinas, que a su vez se ofrecían para bailar a tanto la pieza, es el motivo del trabajo fotográfico de Mayra Martell, que podrá ser visto la noche de este sábado en uno de los salones de un sitio que perdura de esa época, el Barba Azul.

Poco más de un treintena de imágenes capturó la cámara de Mayra, fotógrafa fronteriza, pues nació en Ciudad Juárez, en su andar por este sitio sobreviviente de esos días de frenética actividad noctivaga, principalmente en ese rumbo de la colonia Obrera.

Además de la oportunidad de mostrar el trabajo fotográfico se aprovecha la ocasión de celebrar un aniversario más del Barba que, a decir de uno de sus propietarios, Alejandro Moreno, cumple 64 años de funcionamiento, ya que, de acuerdo con el permiso gubernamental, el sitio abrió sus puertas el 5 de mayo de 1950.

El festejo es con algo de atraso, explica el empresario, pues los pasados fines de semana fueron de puente.

El Barba aún conserva su original fisonomía, si es que así puede decirse. La fachada es casi igual en la esquina de Gutiérrez Nájera y Bolívar. Adentro el mobiliario es prácticamente el mismo salvo que las sillas y los taburetes de los reservados cuentan ya con varias retapizadas. La decoración es la de las llamas ardientes con alto relieves de pasta de figuras femeninas desnudas, como bien podrán certificar quienes se asomen, no necesariamente el sábado, sino cualquier otro día.

Pues bien, esa escenografía con sus figuras, no nada más de pasta sino de carne y hueso, es lo que se fijó en las susodichas imágenes.

En ellas aparecen la tripleta de meseros, el cantinero y los músicos de una de las orquestas, y lugar preponderante ocupan Giovanna, Paola, Jacqueline, Claudia y Lucina, por citar tan sólo a algunas de las damas de compañía.

La inclinación de Martell para captar estas cotidianidades se dio desde sus días escolares, en su Juárez natal. Cuenta que salía de la escuela y pasaba por un bar donde saludaba a las mujeres y siempre le quedó la inquietud de saber más de ellas.

Soy su fan y admiradora de sus vidas, la que respeto enormemente, dice Martell; agrega que hay que tener sensibilidad para captar los momentos.

No es la primera vez que Martell captura estas vidas. Hace algunos años realizó un trabajo con las chicas de La Merced . Es gente valiosa, que merece el reconocimiento.

En cuanto al sitio, en éste transcurrir de más de seis décadas, almacena historia. Filmaciones de películas, pleitos, sede de furtivos encuentros románticos. En fin, historia pura y de acontecimientos recientes. Luis Mandoki eligió el lugar para su filme La vida breve y precoz de Sabina Rivas.

En la actualidad un par de jóvenes estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas de Ciudad Universitaria trabaja ahí en su proyecto de tesis de sociología audiovisual y en aspectos no tan serios: el Barba reclama desde hará casi dos años su lugar para festejos del segmento de treintañeros.

La entrada es gratis; se paga únicamente lo que se consume, pero dado que la fecha será especial –habrá también un conjunto musical invitado– se cobrará un cóver de $ 60 por persona . La actividad se iniciará una media hora despues de las nueve de la noche.