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Penultimátum

Sorokin, el irreverente

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usia está retornando a la Edad Media. Lo que vivimos ahora no es una fascistización sino una feudalización. Vamos hacia una Rusia feudal donde las autoridades se convierten nuevamente en algo absoluto, incomprensible para el pueblo y que no toma en cuenta para nada al pueblo. Esto afirmaba hace cuatro años una de las voces más críticas de ese país: Vladimir Sorokin (1955), novelista, pintor, autor teatral y de cine, ingeniero, guionista.

Ninguno como él a la hora de mofarse del poder y quienes lo ejercen, de criticar la censura. También nadie como él recibe odio y rechazo de políticos, funcionarios y organizaciones de derecha. Sus libros los quemaron en Moscú hace 12 años los militantes del grupo juvenil Nashi, integrado por cien mil fieles seguidores del presidente Putin. En español se conocen algunas de sus obras, destacadamente El día del Oprichnik, y El Hielo, primer volumen de la trilogía del mismo nombre, que la cadena estadunidense HBO estudia convertir en una serie para la televisión y el dvd.

Y es que en ambas novelas y en otros de sus escritos Sorokin combina fantasía, ciencia ficción, esoterismo, sexo, novela negra. Además de una severa crítica a los regímenes que en el pasado comunista y en la actualidad causan tanto infortunio a la población.

Lo irreverente es una de las facetas de Sorokin. Como cuando en otra de sus obras Goluboye Salo (Manteca de cerdo azul) los dos personajes principales, José Stalin y Nikita Kruschev, hacen el amor apasionadamente. Y clona algunos de los escritores rusos más importantes (como Fiódor Dostoievski, Anton Chéjov, Vladimir Nabokov y Anna Ajmátova) para producir manteca de cerdo azul con fines energéticos y farmacéuticos.

Ejemplares de la novela fueron destruidos en público por grupos de jóvenes afines a Putin. Lo acusaron también de pornógrafo y ejemplo dañino para la juventud. En su defensa, Sorokin le dijo al juez que el objetivo del pornógrafo es ayudar al lector a alcanzar una erección y la tarea del escritor es ofrecerle placer estético. Del libro se vendieron miles de ejemplares.

Para mala fortuna de sus detractores se anotó otro triunfo con el libreto para la ópera Los hijos de Rosenthal, del compositor Leonid Desiátinikov. La estrenaron en el Boshoi con gran éxito. En ella grandes compositores del pasado, clonados, se convierten en vagabundos y tienen amores con prostitutas. Lo menos que dijeron algunos diputados rusos fue que esa ópera y toda la obra de Sorokin era decadente, repleta de palabrotas y pornografía.

Cristiano ortodoxo, el novelista critica severamente también a la jerarquía eclesiástica de su país y recuerda que hizo una gran tontería al excomulgar a Tolstoi. Hay demasiados imbéciles en todas partes, y la Iglesia no es una excepción, asegura.