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La autora finlandesa habla sobre su nuevo libro Cuando las palomas cayeron del cielo

Sofi Oksanen da voz a los vencidos: Ahí está la historia para que no la repitamos

Es celebrada por tratar los temas de la Europa báltica desde una visión universal: escribe con la esperanza de que el lector se identifique y entienda los problemas creados por un sistema totalitario

Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 13 de enero de 2014, p. 9

Madrid.

La escritora finlandesa Sofi Oksanen (Jyväskylä, 1977) ha logrado divulgar, con su obra literaria, la voz de los vencidos de una región del mundo, la Europa báltica, donde se sucedieron las ocupaciones, las guerras, los atropellos colectivos, las masacres, las dominaciones culturales implacables y, al mismo tiempo, la sobriedad de una región que sobrevive pese a todo.

Oksanen es finlandesa y por tanto escribe y habla en finés, pero su origen es estonio, y como tal ha vivido y padecido los sinsabores y los retos de ser una emigrante más en un continente, el europeo, en el que a pesar de su condición peregrina y migratoria se está convirtiendo en un lugar peligroso para el diferente, ante el auge de los movimientos xenófobos y neofascistas. Ahí está la historia para que no la repitamos, reflexiona Oksanen en una entrevista con La Jornada con motivo de la publicación de su novela más reciente, Cuando las palomas cayeron del cielo (Salamandra-Océano). Novela que aspira a seguir la senda de su anterior libro, premiado en muchos países y sobre todo leído en 40 naciones del planeta, Purga, lo que la convirtió en una de las autoras más celebradas de la actualidad.

–¿Le resulta sorprendente que sus dos novelas pasadas, que hablan de la historia de Estonia, tengan tanto éxito y buena acogida en muchos países y en sitio muy remotos?

–Desde luego que es una sorpresa. Y más si tomamos en cuenta el punto de partida de escritura, que es el finés, un idioma pequeño y hablado por muy poca gente. Así que cualquier traducción ya es un logro importante. La literatura traducida suele ser marginal en la mayoría de los países, ya se suele leer más en el idioma original, así que resulta doblemente sorprendente que mis novelas se lean así en tantos sitios.

–Que hable de cuestiones universales, que aquejan al ser humano esté donde esté, facilita que su literatura sea leída y entendida en todo el mundo, ¿no cree?

–Efectivamente son temas universales, por eso tienen interés. Igual que tiene interés el problema de la inmigración, tema que abordo en La vaca de Stalin a través de los inmigrantes estonios de segunda generación en Finlandia. Y ese mismo fenómeno pasa en todos los países del mundo, en los que, al igual que en Finlandia, hay ciudadanos de dos clases.

–Para un lector neófito en la historia de Estonia, sorprende el grado de brutalidad y severidad de su propio pasado...

–Lo que sucede en la historia reciente en la Europa oriental se conocía poco o quizá lo que sucedía es que no interesaba tanto. Por ejemplo, la gente sigue confundiendo a los países bálticos con los Balcanes. Y no tienen nada que ver. Se sabe que cayó el muro de Berlín, que la Unión Soviética desapareció, que los Estados que la formaban se independizaron, que algunos tuvieron revolución y otros no. Pero lo que pasó después en esos Estados ni se conoce ni hay demasiado interés en conocerlo. La historia reciente de Estonia es un buen reflejo de lo que pasa en los otros países próximos y también es un reflejo de que los problemas de hoy día tienen su origen precisamente en la historia reciente.

–Todos coinciden en que el siglo XX en Europa ha sido terrible, con campos de exterminio, con genocidios despiadados, pero al leer sus libros descubrimos que aún ha sido peor de lo que pensábamos...

–Puede ser. Sobre la Alemania nazi se sabe mucho, se han escrito muchos libros y se han hecho muchas películas. En cambio, de lo que pasaba en la Unión Soviética se ha escrito muy poco y se sabe en general bastante poco. Ahora se empiezan a conocer más detalles y más cosas que efectivamente resultan aterradoras...

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Sofi Oksanen también es autora de Purga y La vaca de StalinFoto tomada del libro

–Uno de los personajes principales de su novela es un militar, que además está inspirado en un personaje real que representaba precisamente al hombre hábil que cambiaba de disfraz todo el tiempo por mera supervivencia...

–Efectivamente, es un personaje histórico real al que llegué a través de los libros de un investigador estonio que sacó de la historia a personajes que se encargaban de escribir la historia oficial durante la ocupación soviética, sobre todo con fines propagandísticos. Fue cuando descubrí que muchas de esas personas trabajaron en los dos bandos, primero para los alemanes y después para los soviéticos. Es curioso, porque los soviéticos eran muy eficaces en exterminar a la población que había colaborado con los alemanes, pero no actuaban así con los antiguos informadores, porque se dieron cuenta que podían aprovechar la información que tenían y eso es un poco escalofriante.

Y de entre esos personajes me llamó la atención ese general por ser, entre otras cosas, un mentiroso compulsivo. Además de que tenía una obsesión tremenda por ser piloto y luego decía que había sido aviador, cuando era una fantasía. Es un superviviente; a partir de ahí es un personaje que hace lo que sea por sobrevivir como sea.

–En su lenguaje literario, ¿hay predisposición a la sencillez?

–Quizás es complicado definirlo. Pero en cuanto al lenguaje el personaje principal de esta novela es alguien que escribe propaganda, así que es el propio escritor el que está escribiendo la historia oficial. En La vaca de Stalin se narraba la historia desde la gente olvidada de la historia. Así que los lenguajes son muy diferentes; el lenguaje oficial es un lenguaje de mentiras, que no se basa en la experiencia real de las personas, mientras el otro era un lenguaje más auténtico, natural.

–Y desde ahí reflexionar sobre el hecho literario...

–Al escribir literatura creo un mundo y una serie de personajes ficticios. Con la esperanza de que el lector, que viene de un entorno diferente, se pueda identificar con ese mundo y esos personajes y así también entender los problemas creados por un sistema totalitario. Y eso es un problema universal. Así intentar que los lectores puedan identificar aquellas situaciones que nos están diciendo que el mundo está yendo en una dirección peligrosa.

Los enemigos de Rusia

–¿Cómo ve la Europa actual, sobre todo la báltica y el rebrote del fascismo en países como Rusia?

–Lo que está ocurriendo es inquietante. Estamos asistiendo a una serie de hechos que son más que preocupantes, como la persecución de homosexuales, el acoso y encarcelamiento de las Pussy Riot y también los ataques y también encarcelamientos a los activistas de Greenpeace, acusados de piratería y hasta terrorismo. Hay que tomar en cuenta que hablar de Rusia y de derechos humanos es prácticamente incompatible. De algún modo esa forma de actuar forma parte de la identidad de Rusia –que no del pueblo ruso–, que siempre necesita mostrar su poder, su capacidad de expansión y para eso necesita crearse enemigos a los que atacar y justificar así sus grandes ejércitos. Y esos enemigos van cambiando con el tiempo, pero siempre están presentes.

Por ejemplo, la aversión del poder ruso a los homosexuales tiene su origen en identificar a este colectivo como influencia de la Europa liberal y occidental, que de alguna forma choca contra la identidad regional y atenta contra su cultura. Y esa coartada les sirve también para construir un nuevo enemigo en torno al cual aglutinar a una sociedad con hambre y con graves injusticias.